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El Congreso de México ha decidido pedir ayuda a la comunidad
internacional para impedir que la reforma migratoria impulsada por
Washington se convierta en una realidad. Para conseguir este apoyo,
el presidente de la Comisión Permanente del Parlamento, Heliodoro
Díaz Escárraga, ha hecho un llamamiento a los parlamentarios
de Latinoamérica y de Europa con el fin de convocar una ofensiva
diplomática contra la Casa Blanca e impedir que se apruebe
un proposición de ley que convierte en delito la presencia
de inmigrantes en territorio estadounidense.
Además, el texto contempla la construcción
de un muro fronterizo de más de 1.000 kilómetros entre
EEUU y México, una propuesta impulsada en la Cámara
estadounidense por el propio presidente, George Bush, que pretende
frenar la entrada al país de las 900.000 personas que cada
año se instalan en EEUU en condiciones ilegales, un 85% de
las cuáles son mexicanas.
Díaz Escárraga, miembro del Partido
Revolucionario Institucional (PRI), con mayoría en el Congreso
y el Senado de la nación azteca, ha apelado a la solidaridad
de los distintos países para definir una postura unificada
contra una medida que en su opinión, viola los derechos humanos.
Incluso ha solicitado el respaldo de los gobiernos de Venezuela
y Argentina, países con las que últimamente México
no mantiene buenas relaciones diplomáticas, a raíz
de algunas diferencias surgidas en la Cumbre de las Américas
celebrada el pasado mes de noviembre.
Sin embargo, la cúpula del gubernamental
Partido de Acción Nacional (PAN) parece haber visto en esta
propuesta del legislador priísta, tintes de campaña
electoral. El coordinador del PAN, José González Morfín,
en declaraciones a la prensa mexicana, ha subrayado que la iniciativa
de Díaz Escárraga ha sido realizada a título
personal y no en nombre de todo el Congreso de México.
Además, González Morfín
ha advertido que este tipo de convocatorias internacionales contra
una reforma de ley no sirven y considera que sería necesario
establecer un diálogo entre las autoridades de ambos países,
con la intención de llegar a un acuerdo común que
garantice la seguridad de la frontera.
No obstante, el Gobierno mexicano podrá
contar de momento con el apoyo de las cámaras de comercio,
organizaciones civiles y algunos políticos estadounidenses
en su ofensiva diplomática, según ha anunciado el
embajador mexicano en EEUU, Carlos de Icaza. También con
el respaldo de Cuba, donde el presidente cubano, Fidel Castro, ha
aprovechado para pedir a Europa que formule una propuesta real contra
Washington, ya que a su parecer, nunca ha denunciado ciertas actuaciones
polémicas de la Casa Blanca.
Por su parte, el Consejo Nacional de la Raza
(CNR), una influyente coalición de hispanos en territorio
estadounidense, parece no estar preocupado. Mischele Waslin, analista
de inmigración del CNR, aseguró a Americaeconomica.com
que la reforma de inmigración no se convertirá en
ley. La experta explicó que la propuesta de ley todavía
debe ser evaluada por el Senado, que a juicio de Waslin, modificará
el texto actual con iniciativas más comprensivas.
Pero lo cierto es que hasta el momento, el
Congreso de EEUU ha aprobado la reforma migratoria con 239 votos
a favor y 192 en contra. Un dato importante que para la integrante
del CNR significa que existen más de 200 políticos
estadounidenses a los que les interesa castigar a los inmigrantes.
Trabajadores. Pero la tranquilidad
de algunas organizaciones pro derechos de inmigrantes no parece
ser compartida por el propio presidente de México, Vicente
Fox. El mandatario del país azteca ha recordado que EEUU
precisa mucha mano de obra para conseguir que su economía
sea competititva frente a Asia. Según datos del departamento
responsable del presupuesto del Congreso estadounidense, uno de
cada siete trabajadores de EEUU es inmigrante y el 70% del total
proceden de México y Centroamérica.
No obstante, George Bush ha intentado rebajar
la tensión diplomática que se ha iniciado en la nación
vecina. El actual inquilino de la Casa Blanca ha reiterado a los
diputados, que si bien está de acuerdo con una reforma que
proteja las fronteras nacionales, es necesaria la creación
de un programa de trabajadores temporales que reduzca el número
de indocumentados que entran cada año en EEUU.
En concreto Bush ha propuesto desarrollar un
proyecto de contratación de trabajadores temporales, que
podrían desempeñar sus actividades de manera legal
en EEUU durante un periodo máximo de seis años, pero
finalizado el plazo, tendrán que regresar a su país
de origen sin obtener la residencia.
Pero esta iniciativa no es bien vista por sus
compañeros republicanos en el Congreso estadounidense, quienes
tuvieron que retirarla del proyecto de ley debido a una falta de
acuerdo, antes de que la Cámara de Representantes iniciase
la votación. Una decisión que revela que el partido
de Bush está dividido, según indicó Waslin
a este medio.
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