| Los
resultados de la reciente huelga ilegal efectuada por los empleados
del sector del transporte neoyorquino han dejado ciertas secuelas.
Los huelguistas han conseguido salvar su sistema de pensiones, pero
han generado una gran incertidumbre social. La tormenta afecta tanto
a las pensiones comprometidas por los organismos públicos,
como a las que proporcionan los empleadores privados.
La decisión de la Casa Blanca de obligar
el próximo año a todas las agencias federales, estatales
y locales a cuantificar sus compromisos de pensiones ha desencadenado
la previsible alarma en un sector que, según las previsiones
oficiales, apenas dispone del 50% de los fondos necesarios para
asegurar el pago de las jubilaciones futuras.
En estos casos, sólo hay dos soluciones:
inyectar dinero fresco en los fondos de pensiones o forzar un cambio
en las condiciones previamente pactadas. Ambas soluciones plantean
serias dificultades y hacen prever duros enfrentamientos como el
ocurrido hace unos días en Nueva York.
Problema. Además, hay otro problema a corto
plazo, el hecho de que la edad media pactada para la jubilación
de los miles de trabajadores del sector público se haya situado
en 55 años, lo que reduce a algo menos de una década
el momento en que se deberá realizar el temible desembolso
que afecta a la generación de los ‘babby boomers', por el
que tanto se ha preocupado Greenspan. En el sector privado, la situación
es parecida.
En los últimos tres años, según un informe
de PricewaterhouseCoopers, un tercio del total de los empleadores
que proporcionan pensiones a su fuerza de trabajo ha optado por
congelar las retribuciones finales previstas, eliminado las revalorizaciones
referenciadas a distintos índices, como el IPC.
Millones. Según los expertos del Centro para los Derechos de Jubilación, el número de trabajadores que se retirará en el próximo lustro suma ya 79 millones de personas.
Nueva York. La Autoridad del Transporte Metropolitano
de Nueva York (MTA, por sus siglas en inglés) accedió
finalmente a mantener intactas las condiciones previstas para la
jubilación tanto de los actuales empleados, como de los de
nueva incorporación e incluso a realizar una aportación
por trabajador (desde 8.000 a 14.000 dólares, según
su antigüedad) para cubrir los desfases entre los compromisos
asumidos y el dinero disponible.
Fue un indiscutible triunfo de la movilización ilegal que,
sin embargo, fracasó en el capítulo correspondiente
a la cobertura sanitaria, en la que los empleados, como pasó
antes con General Motors, aumentarán su cotización.
Esa puede ser, según los expertos, la línea de negociación
sindical en la lucha prevista: blindar las pensiones y aceptar mayores
aportaciones en los seguros médicos.
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