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En
una entrevista concedida a la BBC el secretario del Tesoro
de EEUU, John Snow, ha asegurado que en 2006, el PIB del
país norteamericano aumentará un 3,5%. Una
visión optimista que reitera los mensajes lanzados
estos días por las autoridades económicas
mundiales.
Pero
buena parte de las posibilidades de que estas previsiones
se conviertan en realidad descansan sobre un pilar en peligro.
El consumo de las familias estadounidenses. En casi todos
los informes publicados estos días se establece una
relación directa entre el gasto de las familias y
el crecimiento. Para que la predicción de Snow se
cumpla, los analistas calculan que el consumo privado debe
aumentar al menos un 2,9% en 2006. Y se reconoce, por lo
tanto, que habrá una ralentización del ritmo
de gasto provocada por el aumento de los precios de la energía
y el encarecimiento del dinero.
Pero
hay otros peligros subyacentes que amenazan a las principales
fuentes de liquidez de los consumidores de EEUU. El aumento
de los precios inmobiliarios, por ejemplo. En EEUU, este
proceso se convierte en dinero contante y sonante gracias
a las distintas modalidades de crédito ligadas a
las posesiones residenciales.
Préstamos.
El año pasado, según los datos oficiales de
la FED, los estadounidenses consiguieron 600.000 millones
de dólares con este tipo de financiación.
Ahora no será fácil que la cifra se repita.
Por dos motivos, las previsiones sobre el aumento de los
precios de la vivienda en todo el territorio se sitúan
en el 5%, muy por debajo del 15% que había aumentado
en los últimos años. Además, las tasas
medias aplicadas a estos créditos ya no son tan favorables.
Ahora, según los datos de la autoridad monetaria
de EEUU, están en el 7,25%, la cifra más alta
de los últimos cuatro años y medio. Y muchos
analistas esperan que la cifra se eleve hasta el 8,50% a
final de este año.
Bancarrotas. El año pasado se registró
un récord histórico en las bancarrotas personales,
por culpa de un cambio legal favorable a los intereses de
los prestamistas. Más de dos millones de estadounidenses
se declaron en quiebra, un 30,6% de aumento sobre 2004.
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