Jueves 5 de enero de 2006
 
Felisa Miceli descarta que el pago de la deuda tenga consecuencias negativas para la economía del país
 
Argentina, sin compromisos con el FMI
Americaeconomica.com
 

El Fondo Monetario Internacional (FMI) lo ha confirmado: Argentina ha saldado su deuda. Ha pagado los 9.500 millones de dólares (8.000 millones de euros) que debía al organismo que preside el español Rodrigo Rato. Después de poner las cuentas a cero ha surgido la polémica. Muchos analistas aseguran que esta liquidación responde más a intereses políticos que económicos. Sin embargo, otros consideran que la cancelación de la deuda va a impulsar la economía. La ministra de Economía, Felisa Miceli, ha descartado que ahora el Gobierno esté obligado a realizar ajustes fiscales.

El pago se formalizó el pasado martes y se realizó principalmente con reservas del Banco Central, que a cambio recibirá de la Administración argentina un bono en dólares con vencimiento en 10 años. El presidente Néstor Kirchner aseguró que la cancelación de la deuda permitirá al país ahorrar más de 800 millones de dólares (675 millones de euros) y ayudará a la nación argentina a avanzar en políticas que rechaza el FMI.

Kirchner considera que esta operación eliminará la supervisión del FMI sobre la economía local y su presión en favor de políticas que el presidente argentino calificó en varias ocasiones de haber sido responsables de la grave recesión vivida en Argentina desde 1998. Según la agencia AP, el país todavía debe más de 120.000 millones de dólares (101.337 millones de euros) a sus acreedores privados y públicos.

Sin embargo, esta decisión del Gobierno argentino no parece convencer algunos sectores de izquierda. Militantes del Movimiento Argentina Rebelde (MAR) y de la Coordinadora de Unidad Barrial (CUBA), entre otros, se han concentrado frente al Banco Central del país para exigir que el dinero destinado al pago de la deuda con el FMI, se utilice en cubrir las necesidades básicas de los más pobres.

Críticas. En una línea parecida se sitúa el diario estadounidense The New York Times, que ha publicado un editorial en el que cuestiona esta gestión. El periódico asegura que esta liquidación responde a una estrategia del presidente Néstor Kirchner para dar un giro político a la izquierda.

The New York Times destaca un dato económico casi desconocido sobre esta cancelación de la deuda: Argentina pagará unas tasas de interés más altas a Venezuela por los bonos que le vendió para pagar los compromisos con el FMI, que los que abonaba al propio organismo multilateral. Los bonos argentinos comprados por Venezuela tienen unos tipos de interés del 8%, mientras que los de la deuda con el FMI eran del 4%. El diario estadounidense afirma que esto es un modo de pagar al Gobierno de Hugo Chávez el impulso que le ha dado a su propia imagen política.

Aunque este argumento es válido, hay una matización que no está en el editorial. Algunos analistas argentinos recuerdan que la deuda con el FMI era a corto plazo, por eso los tipos eran tan bajos. Sin embargo, Venezuela ha adquirido los bonos argentinos por un plazo de 14 años.

Respecto a la política internacional que lleva a cabo Kirchner, The New York Times señala que las relaciones con EEUU han cambiado mucho. En el editorial se recuerda que en la década de los noventa, el entonces presidente Carlos Menem llegó a definir los lazos con EEUU como "carnales". Pero en los últimos cuatro años, Kirchner ha cambiado esta dirección y ha estrechado vínculos con Hugo Chávez.

Por último, en el mencionado trabajo del periódico neoyorkino también hay una referencia a los últimos cambios en el gabinete de Kirchner. El diario señala que la sustitución de Lavanga por Felisa Miceli es una acción con la que el presidente busca tener un equipo más aliado. La nueva titular de Economía es, según el periódico estadounidense, "un soldado de Kirchner". En el mismo sentido está la valoración sobre el nombramiento de Nilda Garré como ministra de Defensa. The New York Times recuerda que Garré fue embajadora en Caracas y siempre elogiaba a Chávez y a las políticas que emprendía.

Elogios. Donde The New York Times ve problemas, otro influyente diario, Financial Times, ve la solución. También en las páginas de opinión, el periódico británico asegura que el pago de la deuda va a permitir a Argentina destacar entre el resto de las economías emergentes. Además, considera que esta liquidación responde a una decisión coherente de aprovechar la riqueza del país y es una muestra de la confianza que el Gobierno argentino tiene sobre el futuro económico.

Felisa Miceli se ha pronunciado al respecto. En su opinión, el cumplimiento de los compromisos con el FMI no va a perjudicar a los argentinos en absoluto. Ha descartado que se vaya a producir un ajuste fiscal, que afecte a los salarios o repercuta en la inflación.

El índice de precios de consumo (IPC), que se ha publicado esta semana, no le ha dado una buena noticia a la ministra. El Instituto Nacional de Estadística y Censos de Argentina (Indec) ha anunciado que la inflación de diciembre ha sido de un 1,1%, lo que situaría la inflación interanual en torno al 12,2%. Casi dos puntos porcentuales por encima de los pronósticos del ex ministro Roberto Lavagna.

El IPC es uno de los datos que más expectivas había provocado, después de que Miceli desplegara todo un plan para evitar que los precios de consumo sigan creciendo. El cierre del año fiscal rebasaría el 10,5% que había estimado el Gobierno argentino cuando Lavagna regentaba la cartera de Economía.

El tope se sobrepasó el pasado mes. Entre octubre y noviembre de este año los precios subieron un 1,2%. Un aumento que situaba el IPC desde enero en el 11%. Miceli tomó las riendas del Ministerio con este dato macroeconómico en su contra y, desde entonces, centró sus esfuerzos para paliar la subida de los precios.

El Gobierno de Néstor Kirchner ha pactado rebajas en los precios con los supermercados, la Coordinadora de las Industrias de los Productos Alimenticios (Copal), los laboratorios farmacéuticos y, por último, los empresarios industriales para tratar de frenar esa sangría inflacionista.






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