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El Fondo Monetario Internacional (FMI) lo ha
confirmado: Argentina ha saldado su deuda. Ha pagado los 9.500 millones
de dólares (8.000 millones de euros) que debía al
organismo que preside el español Rodrigo Rato. Después
de poner las cuentas a cero ha surgido la polémica. Muchos
analistas aseguran que esta liquidación responde más
a intereses políticos que económicos. Sin embargo,
otros consideran que la cancelación de la deuda va a impulsar
la economía. La ministra de Economía, Felisa Miceli,
ha descartado que ahora el Gobierno esté obligado a realizar
ajustes fiscales.
El pago se formalizó el pasado martes
y se realizó principalmente con reservas del Banco Central,
que a cambio recibirá de la Administración argentina
un bono en dólares con vencimiento en 10 años. El
presidente Néstor Kirchner aseguró que la cancelación
de la deuda permitirá al país ahorrar más de
800 millones de dólares (675 millones de euros) y ayudará
a la nación argentina a avanzar en políticas que rechaza
el FMI.
Kirchner considera que esta operación eliminará la
supervisión del FMI sobre la economía local y su presión
en favor de políticas que el presidente argentino calificó
en varias ocasiones de haber sido responsables de la grave recesión
vivida en Argentina desde 1998. Según la agencia AP,
el país todavía debe más de 120.000 millones
de dólares (101.337 millones de euros) a sus acreedores privados
y públicos.
Sin embargo, esta decisión del Gobierno argentino no parece
convencer algunos sectores de izquierda. Militantes del Movimiento
Argentina Rebelde (MAR) y de la Coordinadora de Unidad Barrial (CUBA),
entre otros, se han concentrado frente al Banco Central del país
para exigir que el dinero destinado al pago de la deuda con el FMI,
se utilice en cubrir las necesidades básicas de los más
pobres.
Críticas. En una línea parecida
se sitúa el diario estadounidense The New York Times,
que ha publicado un editorial en el que cuestiona esta gestión.
El periódico asegura que esta liquidación responde
a una estrategia del presidente Néstor Kirchner para dar
un giro político a la izquierda.
The New York Times destaca un dato económico casi
desconocido sobre esta cancelación de la deuda: Argentina
pagará unas tasas de interés más altas a Venezuela
por los bonos que le vendió para pagar los compromisos con
el FMI, que los que abonaba al propio organismo multilateral. Los
bonos argentinos comprados por Venezuela tienen unos tipos de interés
del 8%, mientras que los de la deuda con el FMI eran del 4%. El
diario estadounidense afirma que esto es un modo de pagar al Gobierno
de Hugo Chávez el impulso que le ha dado a su propia imagen
política.
Aunque este argumento es válido, hay una matización
que no está en el editorial. Algunos analistas argentinos
recuerdan que la deuda con el FMI era a corto plazo, por eso los
tipos eran tan bajos. Sin embargo, Venezuela ha adquirido los bonos
argentinos por un plazo de 14 años.
Respecto a la política internacional que lleva a cabo Kirchner,
The New York Times señala que las relaciones con
EEUU han cambiado mucho. En el editorial se recuerda que en la década
de los noventa, el entonces presidente Carlos Menem llegó
a definir los lazos con EEUU como "carnales". Pero en
los últimos cuatro años, Kirchner ha cambiado esta
dirección y ha estrechado vínculos con Hugo Chávez.
Por último, en el mencionado trabajo del periódico
neoyorkino también hay una referencia a los últimos
cambios en el gabinete de Kirchner. El diario señala que
la sustitución de Lavanga por Felisa Miceli es una acción
con la que el presidente busca tener un equipo más aliado.
La nueva titular de Economía es, según el periódico
estadounidense, "un soldado de Kirchner". En el mismo
sentido está la valoración sobre el nombramiento de
Nilda Garré como ministra de Defensa. The New York Times
recuerda que Garré fue embajadora en Caracas y siempre
elogiaba a Chávez y a las políticas que emprendía.
Elogios. Donde The New York Times ve
problemas, otro influyente diario, Financial Times, ve
la solución. También en las páginas de opinión,
el periódico británico asegura que el pago de la deuda
va a permitir a Argentina destacar entre el resto de las economías
emergentes. Además, considera que esta liquidación
responde a una decisión coherente de aprovechar la riqueza
del país y es una muestra de la confianza que el Gobierno
argentino tiene sobre el futuro económico.
Felisa Miceli se ha pronunciado al respecto. En su opinión,
el cumplimiento de los compromisos con el FMI no va a perjudicar
a los argentinos en absoluto. Ha descartado que se vaya a producir
un ajuste fiscal, que afecte a los salarios o repercuta en la inflación.
El índice de precios de consumo (IPC), que se ha publicado
esta semana, no le ha dado una buena noticia a la ministra. El Instituto
Nacional de Estadística y Censos de Argentina (Indec) ha
anunciado que la inflación de diciembre ha sido de un 1,1%,
lo que situaría la inflación interanual en torno al
12,2%. Casi dos puntos porcentuales por encima de los pronósticos
del ex ministro Roberto Lavagna.
El IPC es uno de los datos que más expectivas había
provocado, después de que Miceli desplegara todo un plan
para evitar que los precios de consumo sigan creciendo. El cierre
del año fiscal rebasaría el 10,5% que había
estimado el Gobierno argentino cuando Lavagna regentaba la cartera
de Economía.
El tope se sobrepasó el pasado mes. Entre octubre y noviembre
de este año los precios subieron un 1,2%. Un aumento que
situaba el IPC desde enero en el 11%. Miceli tomó las riendas
del Ministerio con este dato macroeconómico en su contra
y, desde entonces, centró sus esfuerzos para paliar la subida
de los precios.
El Gobierno de Néstor Kirchner ha pactado rebajas en los
precios con los supermercados, la Coordinadora de las Industrias
de los Productos Alimenticios (Copal), los laboratorios farmacéuticos
y, por último, los empresarios industriales para tratar de
frenar esa sangría inflacionista.
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