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que se cumplen 50 años de la televisión en
España, parece adecuado el momento para reflexionar sobre
este poderoso medio de comunicación. Como el resto de los
países de Europa, la televisión empezó en España
siendo rigurosamente estatal, bajo el concepto jurídico de
“servicio público, cuya titularidad corresponde al
Estado”. Después, vino el color. Lo que significó
una revolución tecnológica, algo parecido a lo que
sucede ahora con la televisión digital. Aquella televisión
carecía de problemas económicos.
La publicidad no tenía otro sitio, me
refiero audiovisual, donde anunciarse. Más tarde, mucho más
tarde, vino la televisión privada y aquel monopolio se vino
abajo. Como en todas las empresas públicas aumentaron, con
el tiempo, los gastos, y no aumentaron los ingresos en la misma
proporción. Las subvenciones del Estado no resolvían
esta situación. En definitiva, vino el endeudamiento que,
en este momento, alcanza proporciones insostenibles.
En los Presupuestos Generales del Estado, para este año
que acaba de comenzar, el Ministerio de Economía había
prometido una subvención de 570 millones de euros, pero esta
cantidad, que puede parece importante e, incluso, exagerada, sólo
sirve para cubrir los intereses de la deuda actual, que, de momento,
supera los 7.500 millones y sigue creciendo. El actual gobierno
encargó a un 'Comité de Sabios', que elaborase un
estudio sobre la actual situación y propusiese una posible
solución.
Los sabios dieron a luz el “Informe para la reforma de los
medios de comunicación de titularidad del Estado”,
donde se afirmaba que la financiación era ineficiente y que
todo el modelo era “obsoleto y deficiente”. Además
de estas consideraciones económicas, la mayor parte de los
españoles piensan, con mayor o menor motivo, y sean votantes
de este o del otro partido, que la televisión no cumple con
ese calificativo de “servicio público”, bajo
cuya denominación nació, pues no se defiende la pluralidad
de la sociedad y de la educación en un clima de auténtica
libertad de expresión.
Actualmente, Radiotelevisión Española cuenta con
10.000 empleados. Pese a lo que se ha afirmado, este número
no es excesivo. Por ejemplo, en el pasado 2003, las televisiones
públicas europeas superaban, en ocasiones, con creces, aquella
cantidad. Así, Italia contaba, entre fijos y temporales,
con 11.857 empleados, Alemania con 39.882, Francia con 13.526 y
el Reino Unido con 20.550, pero estos datos, no explican suficientemente
la rentabilidad. Italia ingresó 2.594 millones de euros y
gastó 1.730; Alemania ingresó 8.022 y gasto 7.967;
Francia ingresó 2.844 y gasto 2.836, y el Reino Unido, sin
publicidad, 5.251 y gastó 5.671.
Y aquí surge el eterno problema del canon. Todos estos países
lo tienen en mayor o menos proporción. Pero España
no lo puso en el momento adecuado. Y ahora ningún partido
político, socialista o conservador, se atreve a ponerlo,
pues piensa, con razón, que ello le restaría votos.
Y ésta es la situación actual. Situación, que
se complica, con la llegada de la televisión digital, que
implica un mejor aprovechamiento del espectro de frecuencias, o
dicho con otras palabras, un aumento del número de televisiones.
En la Constitución de 1978, ya se traslucía la existencia
de la televisión o, mejor dicho, de las televisiones privadas.
Y éstas, con retraso, de unos diez años, acabaron
llegando.
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