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El
Gobierno argentino continúa con la misma lucha de los últimos
meses: los precios de consumo. El cierre del pasado año fue mucho peor
de lo esperado, el IPC alcanzó casi dos puntos más
de lo previsto, y se ubicó en el 12,3%. El presidente Kirchner
quiere corregir la situación. Para conseguirlo ha depositado
toda su confianza en los acuerdos con los supermercados y las productoras
de alimentos. Aunque estas negociaciones son competencia del Ministerio
de Economía, el mismo mandatario se ha involucrado en las
conversaciones. Con su actuación ya se ha suscrito un convenio
con las empresas lácteas, que no incrementarán los
precios de la leche y el queso, al menos en los próximos dos
meses.
Un día después de que iniciara
su ronda de contacto, Kirchner ha obtenido su primer éxito.
Algunas compañías lácteas locales se han comprometido
a mantener los actuales precios de 9 productos hasta el mes de marzo.
El acuerdo es prorrogable, de hecho las intenciones del Gobierno
es extender este tipo de pacto por todo lo que resta de año.
Pero los empresarios locales no se han comprometido
a tanto. El propietario de una de las compañías ha
declarado que pasado un periodo de prueba, condicionarán
la vigencia del acuerdo a ciertas contraprestaciones. Van a plantear
al Gobierno que introduzcan modificaciones al convenio laboral para
poder contratar personal con sueldos más bajos de los establecidos
y también solicitan una reducción del Impuesto de
Sociedades, según el diario Página 12.
Las demandas podrían crear un conflicto
con el principal sindicato peronista del país. La última
semana de diciembre, Miceli tuvo un encuentro con la Confederación
General del Trabajo (CGT). Las conclusiones de la reunión
se resumen en el apoyo de los sindicalistas al plan antiinflacionista
del Gobierno. Pero persiste la solicitud del aumento salarial.
Antes del plasmar el acuerdo con las empresas
lácteas, Kirchner tuvo un encuentro con uno de los propietarios
de las mayores cadenas de supermercados locales. La reunión
ha creado una gran expectación. El pasado mes de octubre,
Kirchner y Coto protagonizaron un cruce de acusaciones. En ese mes
se conoció que la inflación había subido entre
agosto y septiembre un 1,2%. Entonces el presidente argentino responsabilizó
de este mal dato macroeconómico directamente a los supermercados
que, según él, pactan incrementos en el precio de
los artículos.
Ahora parece que ese malestar ha desaparecido por las dos partes.
En la actualidad, las cadenas de supermercados locales y las de
capital extranjero, tienen suscrito un acuerdo con el Gobierno para
rebajar un 15% los precios de más de 200 productos. El pacto
se suscribió a principios de diciembre y tiene vigencia hasta
el 31 de este mes. Ni en ese momento, ni en la actualidad se sabe
si con este acuerdo los empresarios obtienen algo a cambio.
La idea del Gobierno es extender el pacto a lo largo de todo 2006
y ampliar la lista de precios bajos a un total de 500 productos.
Los propietarios de los supermercados están dispuestos a
acceder, pero han puesto una condición: que los productores
de alimentos también reduzcan sus precios.
El Ministerio de Economía, regentado por Felisa Miceli,
ya ha comenzado los contactos con otras empresas productoras de
alimentos, entre ellas Nestlé. Miceli quiere que cada una
de las compañías baje los precios de algunos de sus
artículos y así conseguir que los artículos
de primera necesidad sean accesibles a todos los argentinos.
En un principio, la estrategia del Ejecutivo estaba diseñada
de otro modo. Por un lado, estaban los acuerdos con los supermercados
y por otro una patronal, la Coordinadora de las Industrias de Productos
Alimenticios (Copal). Miceli pactó con este grupo un acuerdo
para mantener los precios bajos el pasado mes de diciembre. Nada
más tomar posesión de su cargo, en sustitución
de Roberto Lavagna. Pero ahora el esquema ha cambiado. Tras una
fallida reunión con la patronal del sector, la ministra ha
decidido negociar directamente con las productoras de alimentos.
Más allá de las negociaciones con los empresarios
locales, esta semana Argentina ha sido protagonista por su nueva
alianza con Repsol, Petrobras y Ancap para buscar hidrocarburos
en el mar. La petrolera estatal argentina, Enarsa, ha firmado dos
convenios con Repsol YPF, la brasileña Petrobras y la uruguaya
Ancap para explorar y explotar yacimientos de petróleo y
gas en las costas del país austral. La inversión total
del proyecto alcanza más de 2.000 millones de dólares
(1.655 millones de euros). Los primeros costes los cubrirán
las tres compañías aliadas de Enarsa, la petrolera
argentina se hará cargo del 35% una vez que se compruebe
que hay yacimientos explotables.
El primero de los contratos lo ha suscrito Enarsa con Repsol y
servirá para desplegar las infraestructura necesaria para
la explotación de los hidrocarburos. Las áreas seleccionadas
están ubicadas en el denominado Talud Continental que abarca
el Golfo de San Jorge, entre la Cuenca Austral y la de las Malvinas.
El otro acuerdo implica a las cuatro compañías para
buscar y extraer hidrocarburos en la cuenca Colorado Marina, a 200
kilómetros de la costa de Buenos Aires. En este consorcio,
Enarsa y Repsol participan respectivamente con el 35%, Petrobras
contará con el 25% y Ancap con el 5%.
Según los cálculos del Ministerio de Planificación
argentino, los costes totales ascienden a más de 2.000 millones
de dólares. El proyecto de exploración se iniciará
con una inversión de entre 40 y 100 millones de dólares
(entre 33 y 83 millones de euros). Por el momento, Enarsa no pagará
nada, hasta que se demuestre que existen reservas explotables.
Los dos acuerdos, que se han anunciado en la sala de prensa de
la Casa Rosada con la presencia del ministro Julio De Vido y los
representantes de las compañías petroleras, ha sido
muy criticado por algunos expertos del sector. El diario argentino
Página 12 reproduce las declaraciones del director
energético de la Fundación Illia, Gustavo Calleja,
que ha cuestionado estas contrataciones directas. Calleja ha asegurado
que si se hubiera abierto un concurso público, el Gobierno
de Kirchner podría haber obtenido otras condiciones más
favorables.
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