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No es un número oficial, pero sí
una estimación casi unánimente aceptada: En EEUU
viven y trabajan cerca de 11 millones de inmigrantes ilegales. Y
muchos de ellos son mexicanos. Por culpa de una tendencia establecida
desde hace muchos años, en la que ahora algunos expertos
han detectado un giro inquietante: cada vez hay más mujeres
que se atreven a correr el riesgo de atravesar la frontera, dejando
atrás a sus maridos y sus hijo. Según un reciente
informe de la Universidad de Huston, la cantidad supera ya el 45%
del total, lo que dobla los números de hace una década,
cuando las mujeres suponían algo menos del 20% de este flujo
migratorio. Y en opinión de algunos observadores, este elemento
ha añadido mucha tensión a un problema que ya era
complicado.
Muchas de las mujeres que cruzan ilegalmente
la frontera lo hacen para unirse a sus maridos y llevan a sus hijos
consigo. Otra buena porción de ellas acaba por conseguir
reunir a todos sus allegados en el gran país norteamericano.
Algo es seguro, a diferencia de los hombres, ellas, una vez dado
el paso, son mucho más reacias a volver a su país
de origen. Y se las apañan para conseguir asistencia sanitaria
y plazas en los colegios públicos para su prole. Lo consiguen
gracias al asesoramiento de auténticas redes de pioneras
que ya pasaron por ello. Una circunstancia que no gusta demasiado
en EEUU, donde el racismo y el rechazo a los inmigrantes ha alcanzado
últimamente uno de sus máximos grados históricos.
Sin embargo, una vez que ellas han traspasado la frontera, consiguen
con relativa facilidad un puesto de trabajo. La cada vez más
voluminosa economía sumergida de California, Texas y Arizona,
los principales estados fronterizos, absorbe sin problemas el aumento
de este flujo migratorio e, incluso, lo propicia. Las mexicanas
ocupan plaza como criadas, cocineras o niñeras, o trabajan
en fábricas, grandes almacenes y cafeterías, con sueldos
muy bajos, pero que triplican por término medio los que conseguían
en su país. Y, al menos para sus empleadores, el rebrote
de racismo no tiene mucho sentido. Según el informe de la
Universidad de Huston al que hacíamos referencia al principio,
el volumen de recursos públicos empleados en suministrar
servicios a este grupo de inmigrantes es inferior a la contribución
que realiza a las arcas de los estados en los que residen. Tanto
por su contribución al Producto Interior Bruto de esos territorios,
como por las contribuciones que realizan a la Seguridad Social sus
empleadores que no revierten luego en beneficios acumulables o que
puedan reclamar puesto que residen en el país norteamericano
de manera ilegal. Lo que no sucede con sus hijos, siempre que hayan
nacido en EEUU. Algo relativamente sencillo de lograr si se pasa
la frontera embarazada o el embarazo tiene lugar en este territorio.
Las urgencias de los hospitales atienden estos casos con independencia
de que se trate de inmigrantes legales o ilegales.
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