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El
flamante presidente boliviano, Evo Morales, ha vivido un
altercado en el segundo día de su mandato. Ayer martes,
el mandatario designó a los nuevos altos mandos militares.
Los nombramientos, que se habían guardado en silecio,
provocaron el malestar de algunos de los invitados y de
los miembros del Ejército que conocieron, en ese
mismo instante, que eran relegados de sus cargos.
Sólo
un momento después de que Evo Morales designara al
general Wilfredo Vargas como jefe del Estado Mayor, algunas
mujeres del público comenzaron a gritar. Se quejaban
de que Vargas no cumplía todos los requisitos estipulados
para asumir el cargo.
Otro
de los candidatos al cargo, Marco Antonio Vázquez,
que también se encontraba en el salón principal
del Palacio de Quemado, sede del Gobierno boliviano, empezó
a lanzar gritos en contra de la nueva decisión de
Evo Morales.
Además,
el antecesor en el máximo cargo del Ejército,
Carlos Delfín, se sumó a las protestas y acusó
al nuevo mandatario boliviano de no respetar la institucionalidad
del Ejército.
La
situación alcanzó tal crispación que
los miembros de la policía que se encontraban en
el lugar no fueron capaces de retener a los exaltados y
los compañeros de partido del MAS tuvieron que intervenir
para calmar los ánimos, expulsar de la sala a los
exaltados y continuar con el acto oficial.
El
general Vázquez era el primero de su promoción
y según las leyes castrenses le correspondería
a él asumir la nueva cúpula de las Fuerzas
Armadas. Pero, según fuentes oficiales, su candidatura
se deshechó después de que se confirmara que
había participado el pasado mes de diciembre en el
transporte de misiles bolivianos a EEUU para destruirlos
en este país. Una acción que no tuvo el consentimiento
el Gobierno de Eduardo Rodríguez, que en esa fecha
todavía era el presidente de Bolivia.
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