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mismo día que el Congreso designaba a Evo Morales
presidente de Bolivia, uno de sus antiguos aliados, Felipe
Quispe, líder de la Confederación Sindical
Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (Csutcb),
se mostraba excéptico sobre el futuro del nuevo Gobierno.
Quispe ha reconocido que teme que Evo retrase el cumplimiento
de sus promesas electorales: la nacionalización de
los hidrocarburos y el reparto de títulos de propiedad
de tierras a los indios. Si eso ocurriera, el
líder sindical está dispuesto a organizar
protestas en contra del nuevo presidente.
Quispe,
uno de los líderes sindicales que estuvieron al lado
de Evo Morales en las protestas que derrocaron a Sánchez
de Lozada y forzaron la salida de Carlos Mesa, ha puesto
un plazo a Evo Morales para que se pongan en práctica
los objetivos por los que lucharon junto. A partir de hoy
empiezan a contar 90 días.
Antes
de la Asamblea Constituyente, que se iniciará el
próximo mes de marzo, el nuevo Gobierno de Evo Morales
debe haber puesto en práctica lo que ha prometido
en la campaña electoral con la que ha ascendido a
la Presidencia de Bolivia. De lo contrario, el propio Quispe
ha asegurado que la comunidad indígena se sentirá
defraudada. Un sentimiento que se transformaría en
rechazo y que se expresaría con protestas y bloqueos.
La misma técnica que utilizaron en contra de los
anteriores gobiernos neoliberales.
En
la misma línea está la posición de
la principal patronal del país, la Confederación
Obrera Boliviana (COB), liderada por Luis Solares.
En declaraciones a este diario, Solares también ha
señalado que su organización comparte el ultimátum
de la CSUTB. Y ha dejado claro que no vacilará en
echar del poder a Evo Morales.
Algunos analistas consideran que estas amenazas
no preocupan mucho al MAS, puesto que el partido de Evo
Morales también tiene el respaldo de otras muchas
organizaciones sociales que serían capaz de contrarrestar
las presiones en contra del flamante Gobierno.
Sin embargo, parece que el MAS ha adoptado
una posición preventiva. Antes incluso del nombramiento
de Evo Morales, el partido ya había colocado al frente
de las dos Cámaras del Poder Legislativo a dos de
sus miembros. En el Congreso lo tenía fácil,
pues el MAS tiene la mayoría. Pero el Senado ha necesitado
el apoyo de los grupos minoritarias, la Unión Nacional
(UN) y el Movimiento Revolucionario Nacionalista (MRN),
para reunir los votos necesarios.
Ahora, el MAS tiene cubiertos toda la cadena
de sucesión, en el caso de que el presidente volviera
a dejar vacante su cargo. Según la Constitución,
el segundo eslabón lo ocupa el vicepresidente, seguido
del presidente del Senado y del Congreso.
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