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“Gasoducto del Sur” ha dividido la opinión
de la sociedad en la región. El proyecto ha hecho
que empiecen a elevarse protestas de colectivos ecologistas,
anti – imperialistas y defensores del pueblo indígena.
Sin embargo, el beneficio económico, político
y social que puede reportar esta obra hace que otra parte
de la sociedad, además de los gobiernos de los países
creadores del proyecto, lo apoyen incondicionalmente.
Las primeras protestas emergen ante la forma
que va tomando el proyecto del gasoducto impulsado por Hugo
Chávez, Lula da Silva, Néstor Kirchner y,
actualmente también, Evo Morales. Según los
ecologistas de la región, el gasoducto, de unos 12.000
kilómetros (ya que se dividirá en dos a la
altura de la selva amazónica), dañaría
severamente la Guayana venezolana y la Cuenca amazónica,
además de extender su “destrucción a
lo largo de todo su recorrido”.
A estas protestas se suman algunos colectivos
en defensa del pueblo indígena, puesto que la construcción
del proyecto podría afectar a la vida de estas comunidades,
muchas de ellas ubicadas en terreno selvático. Además,
algunos críticos de la prensa de los países
que han ideado el proyecto, advierten a Evo Morales de que
el único imperialismo que existe no es el de EE UU,
sino también otros “más cercanos”,
puesto que la petrolera estatal venezolana, PDVSA, tiene
pensado abrir una sucursal en la capital boliviana, con
la intención de ayudar y asesorar al Gobierno de
Morales en la gestión del gas.
Por otro lado, además de las autoridades
de Argentina, Venezuela, Brasil y Bolivia, algunos analistas
y expertos en materia económica, así como
consultores jurídicos de la talla de Humberto Hernández,
opinan que el “Gasoducto del Sur” es un paso
más para “la integración energética
de América Latina”. Hernández argumenta
que, a pesar de lo costoso del proyecto, con el precio del
gas se amortizaría el coste de la obra en un periodo
de cinco años.
Los brasileños calculan que
el gasoducto transportará un promedio de 100 millones
de metros cúbicos diarios de gas venezolano. Aparte
de que Venezuela tiene la mayor reserva de gas del continente
(y la cuarta del mundo, ya que se calcula una reserva de
4.15 billones de metros cúbicos), Bolivia cuenta
con la segunda reserva del continente (calculada en unos
85 millones de metros cúbicos), y el gasoducto podría
ayudar a toda la región a obtener gas de estas dos
naciones.
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