|
Las declaraciones del cardenal venezolano Castillo
Lara, en las que aseguraba que el Gobierno de Hugo Chávez
está llevando a Venezuela al desastre, han provocado las
primeras tiranteces entre el Ejecutivo y la institución eclesiástica,
desde el golpe de Estado de 2002. La reacción del mandatario
ha sido rápida: ya ha concertado una reunión con el
presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana, Ubaldo Santana.
El próximo martes 24, Chávez también tendrá
que responder a las acusaciones que ha vertido sobre algunos miembros
de la Iglesia, a quienes acusa de conspirar en su contra.
El conflicto lo inició el antiguo presidente
de la Conferencia Episcopal, el cardenal Rosalio Castillo Lara,
que el pasado domingo, durante su misa, arremetió duramente
contra el Ejecutivo de Chávez. Ese mismo día, el presidente
refutaba esas palabras durante su intervención en el programa
radiofónico dominical 'Aló Presidente'.
Pero las objeciones del mandatario no quedaron ahí. Chávez
también declaró que tenía informaciones que
demostraban que algunos miembros de la Conferencia tienen contacto
con paramilitares venezolanos y que habían participado en
la gestión del golpe de Estado que hizo tambalear su posición
hace cuatro años. Asegura tener documentos que lo acreditan.
Ubaldo Santana quiere comprobar las informaciones que tiene Chávez.
Y ya ha anunciado que tomará las acciones pertinentes en
caso de que se demuestre la autenticidad de esos papeles.
Respecto a las declaraciones de Castillo Lara, la Conferencia Episcopal
ha publicado un comunicado en el que asegura que la institución
eclesiástica se desmarca de las palabras del cardenal. Sin
embargo, Castillo Lara ha recibido el apoyo de algunos partidos
opositores a Chávez. Los grupos políticos opositores
han organizado una gran manfiestación en contra del Gobierno
para este domingo. El lunes, representantes de estas fuerzas políticas
presentaron la convocatoria de la propuesta. En el acto, el presidente
de la Alianza Al Bravo Pueblo (ABP), Antonio Ledezma, se hizo eco
de las palabras de Castillo Lara y se solidarizó con él.
No hicieron lo mismo el resto de agrupaciones políticas,
Acción Democrática y Primero de Justicia no aplaudieron
el discurso de Ledezma.
El presidente Chávez no había hecho ninguna referencia
pública a la Iglesia desde el golpe de Estado del 11 de abril
de 2002. Dos meses antes de que llegara esa fecha, en Macondo en
la residencia del editor Miguel Henrique Otero, tuvo lugar una reunión
a la que asistieron un grupo de 30 conocidos empresarios, políticos,
periodistas y altas jerarquías de la Iglesia. Entre ellos
el cardenal Ignacio Velasco o Gustavo Cisneros.
Las valoraciones de los analistas que en esos momentos publicaba
la prensa local coincidian en apuntar en ese encuentro se podría
haber gestado la crisis política que hizo tambalear al propio
Chávez y que incluso le obligó a dejar el poder durante
algunos días. Desde entonces hasta el día de hoy,
la posición de la Iglesia ha pasado a ser mucho más
discreta y ahora se ha convertido en un actor social considerado
como neutral.
La neutralidad es una de las cualidades de las que la Iglesia hace
gala en Latinoamérica. Sin embargo, son muchas las pruebas
que sitúan a las autoridades eclesiáticas al lado
de los gobiernos progresistas en la región. La imparcialidad
que se supone que representan la han utilizado algunos gobiernos,
que han implicado a representantes eclesiásticos en algunos
conflictos sociales. Un ejemplo sería Bolivia. El presidente
transitorio, Eduardo Rodríguez, solicitó la mediación
de la Conferencia Episcopal del país para solucionar el conflicto
autonómico que enfrentó a los dirigentes de las distintas
provincias bolivianas, cuando se actualizó el esquema de
representación parlamentaria para las elecciones del 18 de
diciembre, en las que ha ganado Evo Morales.
Además en Chile, el cardenal arzobispo Francisco Javier
Errázuriz, el máximo representante de la Iglesia Católica
en el país, fue uno de los primeros en felicitar a Michelle
Bachelet tras resultar vencedora en las elecciones del pasado domingo.
Pero lo más destacado en toda la región, son las
excelentes relaciones de la Iglesia con el Gobierno de Fidel Castro.
El buen entendimiento ha llegado hasta el punto de que el mandatario
cubano haya enviado a la Santa Sede una invitación formal
para que el nuevo Papa, Benedicto XVI, realice una visita oficial
a la isla. Si aceptara, seguiría los mismos pasos que su
antecesor, Juan Pablo II, que visitó la Cuba en 1998.
|