Viernes 20 de enero de 2006
 
Cuba sepulta apagones y aparecen fantasmas lumínicos
Aurelio Pedroso (La Habana)
 

Dos singulares acontecimientos acaban de ocurrir en la isla. Uno promovido por el Gobierno y el otro por la Sección de Intereses Norte Americanos (SINA). Ambos de alto voltaje.

Si en tiempos remotos el hombre sobrevivió gracias al fuego, esta vez por obra y gracia de la electricidad nos esperan sucesos de marcado interés social, económico y hasta político.

El presidente Fidel Castro ha tomado la palabra en este “Año de la revolución energética en Cuba” para, más que prometer, asegurar que Pinar del Río, la más occidental de las provincias, ya bien puede irse olvidando de los “apagones” (cortes de electricidad), una pesadilla que ha perseguido al cubano durante casi dos décadas, con un saldo incontable de pérdidas económicas y un grado de malestar equivalente a un terremoto de gran intensidad.

“Pinar del Río no volverá a conocer ya los apagones”, aseguró el Comandante en un discurso donde además auguró igual suerte “muy pronto” para las provincias de La Habana (no confundir con Ciudad de La Habana), Matanzas y Holguín.

El líder cubano fue aún más allá en los pronósticos y confirmó que para el uno de mayo “habremos alcanzado la capacidad de generar un millón de kilovatios/hora en los grupos electrógenos coordinados, equivalente a 3,3 termoeléctricas como la Antonio Guiteras”.

Y dicho sea de paso, la “Guiteras” ha sido un auténtico dolor de cabeza en este período, noticia casi diaria en los periódicos bien por estar en reparación, averías, mantenimiento o en el mejor de los casos funcionando.

Otra de las buenas nuevas anunciadas para la fecha ya mencionada no es otra que “el ciento por ciento de los núcleos (familias) cubanos que reciben electricidad, más del 95% del total de la población, no estarán consumiendo queroseno o gas licuado, salvo en los casos excepcionales (...)”.

Importantes compromisos a cumplir sin significativas fallas –“excepto que el enemigo quiera escenificar una gran provocación”– en un momento en el que la credibilidad ha llegado, para algunos, a lo Santo Tomás: “ver para creer”.

Año crucial para el futuro político de la isla si ese ambicioso plan no llega desde la sala hasta la cocina de cada cubano porque lo que está ocurriendo en Cuba es una revolución dentro de la misma revolución, impulsada y promovida por su único líder en el año de su 80 aniversario.

Porque no es sólo electricidad, sino un sin fin de artículos electrodomésticos nuevos que también deben ingresar en casa tales como neveras, ventiladores, ollas arroceras, cocinas, aires acondicionados, licuadoras hasta casi una cifra cercana a la decena. Mil millones de dólares serán ahorrados por año.

Además, otros compromisos comprendidos en lo que aquí se conoce como “batalla de ideas” concernientes a la fabricación de 500.000 nuevas viviendas en un país donde este factor es uno de los más prioritarios.

Una auténtica lucha contra el tiempo donde el hombre será la carta fundamental de éxito porque financiamiento existe. Un año para comprobarlo.

Y en esa arrancada de principios de año, la diplomacia estadounidense acreditada en Cuba ha protagonizado otra acción “eléctrica” consistente en ubicar en su recinto un gigantesco periódico electrónico para que los cubanos se enteren de otras noticias y de otros mensajes.

Provocación tan absurda y arrogante atenta contra la dignidad de la gente, que no precisa de un titular made in USA para comprender y entender su día a día. Una reacción de las autoridades cubanas está al doblar de la esquina. Respuesta que tal vez pensaba dar el propio Fidel Castro la noche del pasado jueves 19 tras convocar a todo el país para una audiencia televisiva que, paradójicamente, tuvo que suspenderse porque media capital sufrió un apagón como consecuencia de cierta llovizna y cierto polvillo que cayeron sobre los cables del tendido eléctrico, según confesaron los especialistas.

En términos afines al tema, Cuba está en alta tensión.
Edita Asesores de Publicaciones S.L.