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La Casa Blanca acaba de cosechar un sonoro fracaso en su proyecto
para hacer más eficiente el sistema federal sanitario de
beneficiencia de los programas Medicare y Medicaid.
La semiprivatización de la entrega de medicinas a los beneficiarios
ha provocado el caos. El pasado año, el presidente George Bush cambió las
normas del sistema de entrega de medicamentos a los 49 millones
de estadounidenses acogidos al sistema médico de beneficiencia.
La intención era combatir el fraude y ahorrar un 30% de los
250.000 millones de dólares anuales que EEUU gasta en estos
programas. La crisis llega en el peor de los momentos posibles para
el Partido Republicano, que ve como peligra su mayoría en
el Congreso y en el Senado en un año en el que estas cámaras
se renuevan y en el que hay también elecciones en muchos
Estados.
La nueva disposición, que entró
en vigor el pasado 1 de enero, obligaba a los pacientes a inscribirse
en unos listados y dejaba bajo el control de empresas privadas la
emisión de las recetas. Pero el desconocimiento ha hecho
que muchos pacientes no se anotarán en las listas en los
plazos previsto y no reciban las medicinas. Además, las aseguradoras
han cuestionado muchas de las prescripciones médicas y han
aplicado con el máximo rigor los baremos de copago previstos
que han resultado exagerados en muchos casos.
Doce Estados en emergencia. Las
complicaciones han provocado multitud de manifestaciones callejeras
espontáneas de los afectados y ha obligado, por el momento,
a doce Estados a declarar la situación de emergencia sanitaria
y hacerse cargo de los pagos a las farmacias para garantizar los
suministros. Entre los territorios más afectados por el colapso
están California y Nueva York, los más poblados del
país. Las administraciones locales afectadas han asegurado
que reclamarán al Gobierno federal el dinero que tengan que
gastar ahora, lo que eliminará en la práctica el ahorro
previsto para 2006.
Washington ha emitido una orden de urgencia
a las 43 aseguradoras que participan en el programa. Les obliga
a entregar durante 30 días las recetas que les solicite cualquier
beneficiario y no cobrar en ningún caso más de cinco
dólares por receta en los fármacos con marca o dos
en los genéricos.
El escándalo del Medicare
llega en el peor de los momentos posibles para la maquinaria del
Partido Republicano, cada vez más consciente de que el actual
inquilino de la Casa Blanca se ha convertido en una carga para los
intereses de esta formación política. Este año
se renueva todo el Congreso, un tercio del Senado y hay también
elecciones locales en muchos Estados. Y los problemas que han acompañado
a las dos primeras semanas de vigencia de las nuevas normas para
la entrega de medicinas a los beneficiarios del Medicare
no son un buen inicio para este periodo de precampaña. La
constestación crece en un partido que empieza a considerar
seriamente la posibilidad de perder la mayoría absoluta en
el Congreso y en el Senado de la que, hoy por hoy, disfruta y que
consiguió en su día gracias a Bush.
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