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El entorno de Washington es consciente de la importancia de la cita que el
presidente George Bush tiene esta noche a las ocho (hora local) cuando
se enfrente al Congreso en su discurso sobre el estado de
la Unión. Con un objetivo básico: renovar
su liderazgo.
El año electoral en el
que se renueva todo el Congreso y un tercio del Senado,
junto a buen número de gobernadores y otros estamentos
del poder local, se ha iniciado con el presidente de EEUU
en un momento de evidente debilidad.
La escasa conexión conseguida
entre los votantes y la agenda política del primer
año de su segundo mandato, especialmente en los asuntos
sociales y los relacionados con la economía, ha sido
constantemente reflejada en unas encuestas en las que aumenta
el número de estadounidenses que no comparte la visión
presidencial ni de los problemas ni de las soluciones.
Según las últimas encuestas,
el 60% de la poblacíón habría dejado
de creer en él. Lo mismo que gran parte del Partido
Republicano en el que por primera vez en años
existe un temor real a perder en noviembre la holgada mayoría
de la que goza en ambas cámaras.
Ensayo. Por eso en el
discurso de esta noche, que lleva ensayando tres días,
según la prensa, Bush propondrá una reforma
a fondo de los sistemas de cobertura sanitaria, anunciará
normas fiscales más favorables e intentará
demostrar que sigue siendo el hombre adecuado para dirigir
al país.
Otra de las novedades del discurso
será el tratamiento preferencial concedido a las
fuentes de energía alternativas al petróleo
que ha planteado hoy como una necesidad estratégica
nacional para reducir la dependencia de EEUU respecto al crudo de Oriente Medio.
La ciencia. Uno de los
pocos anuncios de nuevas inversiones presupuestarias que
hará Bush esta noche será el programa
Competitividad para América, un cajón
de sastre en el que el presidente quiere incluir inversiones
destinadas a la comunidad científica y programas
de formación laboral para el reciclaje de los operarios.
Negocio. Las cuentas
sanitarias de capitalización individual que propone
Bush no se diferencian demasiado de los fondos de pensiones,
u otras pólizas de seguros, excepto en que el individuo
titular puede decidir los activos en los que se invierte
el dinero de sus contribuciones mensuales.
De hecho, el producto ya existe,
aunque es previsible que si el presidente lleva adelante
su programa de desgravaciones fiscales, los flujos de capital
que se mueven hacia estos productos aumenten significativamente.
Algunas consultoras prevén
que en 2010 unos 15 millones de estadounidenses dispongan de
estas cuentas y tengan depositadas en ella un promedio de
3.500 dólares por cabeza. En total, unos 52.500 millones de dólares.
No demasiado, pero sí que supone una importante fuente de comisiones.
Ahora los bancos y los fondos cobran de media 195 dólares
al año.
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