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El año pasado el número
de defaults de compañías cuya deuda
tenía grado de inversión o calificación
de bono basura se quedó en 37, el mínimo nunca
registrado, según un informe de Standard & Poors
(S&P). Sin embargo, el volumen de deuda afectado subió
a máximos de 2003.
El ratio de defaults
se situó en el 0,55%, frente al 0,73% del año
anterior. Además, los analistas de S&P destacan
en su informe que este ratio para las compañías
con calificación de bonos basura se situó
por debajo del promedio del 4,65% por 23 mes consecutivo.
Sin embargo, la cantidad de
deuda que cayó en suspensión de pago el año
pasado alcanzó los 42.500 millones, según
S&P, debido a que en los últimos dos trimestres
del año se acogieron a esta posibilidad compañías
del calibre de Charter Comunication, las aerolíneas
estadounidenses Delta Air Lines y Northwest Airlines o la
energética Calpine.
De los 37 defaults,
32 afectaron a compañías estadounidenses.
Por volumen, estas representaron el 97,88% de la deuda total
que acabó en suspensión de pagos. Los restantes
cinco defaults se distribuyeron entre Europa, Canadá,
Japón y Uruguay. Por sectores, el industrial acaparó
el 83,7% de las suspensiones de pago, mientras que servicios,
instituciones financieras y telecomunicaciones registraron
dos cada una.
Tanto S&P como Moodys, que
ayer publicó un informe con sus propias estimaciones
sobre los default de 2005, coinciden en que este
año habrá un repunte en el número de
suspensiones de pagos. Ambas agencias sostienen que la prevista
ralentización del crecimiento económico mundial,
así como las menores revisiones al alza de los ratings
empresariales, que se dispararon durante el anterior ejercicio,
provocarán el previsto repunte en 2006.
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