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Mañana terminará
una era. Tras 18 años al frente del Banco
Central más importante del mundo, Alan Greenspan
preside su última reunión en la Reserva Federal
(FED) antes de pasar el testigo a su sucesor, Ben Bernanke. Los
analistas no esperan mayores sorpresas.
El consenso de los expertos
tiene claro que el Comité Abierto de la Reserva Federal
optará de nuevo por aumentar los tipos de interés
de referencia de EEUU otros 25 puntos básicos (0,25 puntos porcentuales) hasta
situarlos en el 4,5%. La mayoría de los observadores
apuesta también por otra nueva subida en la reunión
de marzo que supondrá el estreno de Bernanke y que
podría ser la que pusiera fin al ciclo alcista que
el banco central estadounidense inició hace poco
más de un año y medio.
Pero esas consideraciones
importan muy poco esta vez ante la magnitud de la despedida
del banquero central más famoso de todos los tiempos.
De hecho, sólo uno de sus antecesores, William Chesey,
ocupó el cargo durante más tiempo que él,
desde 1951 a 1970. Greenspan llegó a su puesto en
1987, de la mano de George Bush padre, y lo ha mantenido con otros dos presidentes más, el actual,
George Bush hijo y el demócrata Bill Clinton.
Curiosamente, según se
dice, los principales enfrentamientos de Greenspan con el poder político
se produjeron en los primeros años, cuando el Gobierno
de la época presionó al presidente de la FED para que bajara los tipos de interés a un
ritmo que el economista recién nombrado, republicano
de toda la vida y antiguo jefe de los asesores económicos
de Ronald Reagan, no consideraba el adecuado para mantener
la inflación bajo control. Curiosamente, la mayor
parte de la leyenda de Greenspan se cimentó durante
la Presidencia de Bill Clinton, hasta el punto de que ha
llegado a considerársele el verdadero responsable
del buen tono de la economía estadounidense.
Muchos amigos. Según
cuenta hoy el diario The New York Times, la semana pasada la Casa
Blanca organizó una comida para despedir a Greenspan
en la que el banquero central eligió a los comensales.
Al parecer, entre los invitados había más
de un enemigo ácerrimo de Bush.
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