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Lunes 30 de enero de 2006 
 
Greenspan preside hoy y mañana su última reunión de la FED
 

Mañana terminará una era. Tras 18 años al frente del Banco Central más importante del mundo, Alan Greenspan preside su última reunión en la Reserva Federal (FED) antes de pasar el testigo a su sucesor, Ben Bernanke. Los analistas no esperan mayores sorpresas.

El consenso de los expertos tiene claro que el Comité Abierto de la Reserva Federal optará de nuevo por aumentar los tipos de interés de referencia de EEUU otros 25 puntos básicos (0,25 puntos porcentuales) hasta situarlos en el 4,5%. La mayoría de los observadores apuesta también por otra nueva subida en la reunión de marzo que supondrá el estreno de Bernanke y que podría ser la que pusiera fin al ciclo alcista que el banco central estadounidense inició hace poco más de un año y medio.

Pero esas consideraciones importan muy poco esta vez ante la magnitud de la despedida del banquero central más famoso de todos los tiempos. De hecho, sólo uno de sus antecesores, William Chesey, ocupó el cargo durante más tiempo que él, desde 1951 a 1970. Greenspan llegó a su puesto en 1987, de la mano de George Bush padre, y lo ha mantenido con otros dos presidentes más, el actual, George Bush hijo y el demócrata Bill Clinton.

Curiosamente, según se dice, los principales enfrentamientos de Greenspan con el poder político se produjeron en los primeros años, cuando el Gobierno de la época presionó al presidente de la FED para que bajara los tipos de interés a un ritmo que el economista recién nombrado, republicano de toda la vida y antiguo jefe de los asesores económicos de Ronald Reagan, no consideraba el adecuado para mantener la inflación bajo control. Curiosamente, la mayor parte de la leyenda de Greenspan se cimentó durante la Presidencia de Bill Clinton, hasta el punto de que ha llegado a considerársele el verdadero responsable del buen tono de la economía estadounidense.

Muchos amigos. Según cuenta hoy el diario The New York Times, la semana pasada la Casa Blanca organizó una comida para despedir a Greenspan en la que el banquero central eligió a los comensales. Al parecer, entre los invitados había más de un enemigo ácerrimo de Bush.

 
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