Viernes 27 de enero de 2006
 
El presidente de Brasil aprueba un incremento del 17% en el salario mínimo
 
Lula recupera el respaldo de los trabajadores
Americaeconomica.com
 

En su lucha por intentar recuperar la popularidad que le llevó a la Presidencia en 2002, Lula da Silva se ha anotado otro tanto. El mandatario brasileño ha aprobado un incremento del 17% en el salario mínimo de los trabajadores, que en abril pasará de 300 a 350 reales (de 109 a 127 euros). El ministro de Trabajo, Luiz Marinho, ha destacado que este aumento, el mayor realizado durante el mandato de Lula, tendrá un impacto positivo en el mercado laboral. Sin embargo, la decisión del Gobierno brasileño no sorprende a los expertos internacionales.

Ricardo Castiglioni, presitigioso analista económico, asegura, en declaraciones a Americaeconomica.com, que con el incremento del salario mínimo, Lula quiere recuperar su imagen, que hasta la semana pasada, había aparecido muy devaluada en los sondeos de intención de voto. Con esta modificación, junto a la reducción de la tasa selic (tipos de interés de referencia de Brasil) y la cancelación de la deuda con el Fondo Monetario Internacional (FMI) ya son tres las medidas que ha aplicado el mandatario brasileño y que en opinión del experto, producen un aumento de aceptación popular.

Al cierre de esta edición, no se han realizado nuevos sondeos en intención de voto después del incremento salarial, pero desde la semana pasada, Lula vuelve a liderar las encuestas. Una posición que no conseguía desde agosto de 2005. De celebrarse hoy las elecciones presidenciales, el mandatario brasileño obtendría el 35% de los votos, frente al 31% del sufragio que recibiría su principal rival del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), José Serra. Expertos consultados por este diario confirman que estos resultados no sólo suponen un aumento de los ciudadanos de Brasil hacia Lula, sino también una caída de su imagen negativa.

A pesar de todo, Lula no conseguirá la promesa que efectuó en la campaña electoral de 2002, cuando anunció que tenía la intención de duplicar el valor real del salario mínimo, que entonces estaba en 200 reales mensuales (72 euros). Este año, el mandatario brasileño termina su legislatura y los incrementos que ha realizado sobre los sueldos anteriores no han sido muy elevados.

Los datos del Gobierno publicados por la oficial Agencia de Brasil indican que el reajuste en los salarios tendrá un impacto de 6.600 millones de reales (2.946 millones de euros). Según el cálculo del Departamento Intersindical de Estadística y Estudios Socioeconómicos (Dieese), el aumento real descontada la inflación de mayo a marzo, es de 12,07%. Esta institución subrayó que el nuevo salario permitirá casi la compra de dos cestas básicas, los productos de primera necesidad para los brasileños.

El incremento aprobado por la Administración de Lula es, no obstante, tres puntos porcentuales menos al que pedían los líderes sindicales. Marinho rechazó esta petición inicial al considerar que el Gobierno no cuenta con los recursos suficientes para hacer frente a este aumento.

Antes de que se confirmase el aumento salarial, los economistas brasileños volvieron a elevar su pronóstico de inflación (Índice de Precios al Consumidor Amplio IPCA) para 2006, al considerar que la variación de precios se incrementará un 4,61%. Así lo reveló el sondeo semanal que realiza el Banco Central de Brasil (BC), entre 100 instituciones financieras y en que la previsión del IPCA aumenta por segunda vez consecutiva tras las estimación del 4,58% registrada en la encuesta de la semana pasada.

Los expertos justifican este alza en el encarecimiento de los alimentos, debido al mal tiempo de los últimos meses que ha dañado los cultivos, y a la subida de los costes de etanol, un combustible derivado del azúcar del que Brasil es el primer productor mundial. Además, los analistas pronostican que la tasa Selic terminará el año en 15%, un pronóstico que se ha mantenido estable en lo que va de año.

Dificultades. Pero no todo han sido buenas noticias esta semana para el Gobierno de Lula. El ministro de Hacienda, Antonio Palocci, uno de los principales colaboradores del presidente brasileño, se enfrentó a un interrogatorio de una comisión parlamentaria investigadora (CPI), dominada por las fuerzas de la oposición.

Palocci tuvo que responder ante denuncias sobre presuntas donaciones no declaradas ante las autoridades electorales para el gubernamental Partido de los Trabajadores (PT), cuando era alcalde de Riberirao Preto. Pero el titular de Hacienda, considerado por los mercados financieros como el garante de la estabilidad económica de Brasil, volvió a negar una vez más las acusaciones que se le imputaban y rechazó además que Cuba hubiese ayudado a financiar la campaña electoral de Lula.

Además, el equipo de Gobierno de Brasil manifestó su malestar ante la decisión de Washington de vetar la venta de aviones militares a Venezuela. Así lo manifestó el ministro de Asuntos Exteriores, Celso Amorim, en una entrevista publicada por el diario Folha de Sao Paulo, en la que califica de absurda la imposición estadounidense y pide a la Administración Bush que revise su postura. Además, el alto funcionario advirtió que, si es necesario, acudirá a la Organización Mundial del Comercio (OMC) para protestar contra el veto.

Estas declaraciones de Amorin fueron la respuesta a la intención de la Casa Blanca de impedir a la Empresa Brasileña de Aeronáutica (Embraer) la venta de 25 aviones de modelo 'Super Tucano' con componentes tecnológicos estadounidenses a Venezuela, por valor de 200 millones de dólares (163 millones de euros).

El canciller brasileño indicó que espera que EEUU modifique su postura tras las conversaciones telefónicas que mantuvo con los secretarios de Comercio y de Estado de la Administración Bush, Bob Portman y Condoleeza Rice, respectivamente. En este sentido, Amorim reconoció que si bien Rice le aseguró que analizaría el asunto, la explicación de la 'número dos' estadounidense no le resultó convincente.

La política de EEUU hacia Venezuela, según expuso Amorin, es un problema exclusivo entre ambas naciones. Además, el alto funcionario destacó que la nación venezolana no es una amenaza para nadie, ni tampoco está bajo sanciones militares o económicas aprobadas por algún organismo internacional. En cualquier caso, el canciller brasileño subrayó que si existía algún impedimento de venta de armas a Venezuela, no era conocido por Embraer cuando se realizó la operación comercial.

 




 


 

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