Viernes 27 de enero de 2006
 
Bolivia duda si unirse al plan de Venezuela, Brasil y Argentina
 
El Gasoducto del Sur, en el centro de la polémica
Borja Bouzá
 

El proyecto del nuevo gasoducto que intentan impulsar Venezuela, Brasil y Argentina está siendo criticado por varios sectores de la población del continente, a pesar de no haber sido presentado todavía oficialmente. Por un lado, diferentes expertos argumentan que Brasil no es capaz de colaborar en una idea tildada por la prensa local de “faraónica”. Por otro, el coste financiero que se hizo público en un principio podría doblarse si se respeta el medio ambiente, especialmente de la región amazónica, que es lo que exigen los grupos ecologistas.

Y hay más incertidumbres. En los últimos días también se han puesto en duda las ventajas que, en caso de construirse el gasoducto, aparentemente tendría la obra finalizada. Incluso los propios empresarios bolivianos le han aconsejado al nuevo presidente, Evo Morales, que considere la entrada del país en el proyecto. Y Bolivia es un país clave por su gran número de reservas.

En este sentido, el gasoducto ha sido criticado sobretodo en Brasil y en Bolivia, por varias causas. En Brasil se ha puesto en duda la capacidad del Gobierno que preside Lula da Silva para llevar a cabo el proyecto. Según algunos analistas, en este país ya se han intentado planificar proyectos más sencillos, y se ha necesitado mucho más tiempo del que se quiere invertir en la planificación de este gasoducto, calculado en unos ocho meses.

Según el director ejecutivo del Instituto Fernand Braudel de Economía Mundial, ubicado en Sao Paulo, Norman Gall, tanto Brasil como Argentina tienen reservas suficientes de gas natural como para cubrir sus propias necesidades, y de hecho, la petrolera estatal brasileña, Petrobras, ha invertido recientemente 18.000 millones de dólares (16.500 millones de euros), en un proyecto de gran envergadura, relacionado con el desarrollo de los campos de gas nacionales.

Bolivia. Por otra parte, en Bolivia, Evo Morales, el nuevo presidente del país, pidió el pasado fin de semana su entrada en el proyecto, a pesar de ya estar invitado a unirse por Hugo Chávez, el principal interesado en construir el gasoducto. Las intenciones de Morales no fueron bien recibidas por algunos empresarios bolivianos, que afirmaron que entrar en este proyecto cerraría las puertas a Bolivia de cara a otros acuerdos en el sector energético.

Además, algunos artículos en la prensa de La Paz han avisado a Morales de que “el imperialismo que existe no es solo el que practica EE UU”, en una clara referencia a las intenciones políticas que contiene el gasoducto. Sin embargo, Morales parece decidido a seguir adelante, junto con Hugo Chávez, Néstor Kirchner y Lula da Silva, apoyando el megaproyecto.

Por otra parte, la entrada de Bolivia en este proyecto llevaría a Argentina a acelerar la negociación sobre la subida del precio del gas. El Gabinete Kirchner acepta la subida, pero por debajo del precio que Evo Morales quiere imponer. Según las palabras del embajador argentino en La Paz, Horacio Macedo, “la relación entre Argentina y Bolivia va mucho más allá del gas”, afirmando que “se debe llegar a un acuerdo estratégico, porque Argentina no va a enfrentarse a un país amigo”.

Actualmente, el precio del gas que Bolivia vende a Argentina es de 1,64 euros por cada mil metros cúbicos de gas natural (un millón de BTUs en terminología anglosajona). Por lo tanto, si ambas naciones no se ponen de acuerdo en el precio de este combustible, el futuro del proyecto podría estar condenado al fracaso.

Ecologistas. También las organizaciones ecologistas mantienen otro frente abierto en la avalancha de críticas que está recibiendo la idea. Estas argumentan que, de construirse con el presupuesto dado por Chávez (unos 20.000 millones de dólares, o 16.500 millones de euros) al terminar el encuentro de Brasilia, el gasoducto destruirá la Guayana venezolana y la selva amazónica la dividirá en dos, “atrayendo a mineros, compañías madereras y consiguiendo así destruir una zona hasta ahora inalcanzable para estas empresas”. Para que el proyecto respete el ecosistema, según los expertos, la inversión tendría que doblarse.

Unida a todas estas críticas, la prensa internacional ya se ha hecho eco de las dudas y protestas que empiezan a golpear el proyecto, e incluso el secretario de Energía del estado de Río de Janeiro, Wagner Vícter, llegó a declarar que “la integración energética no puede ser hecha a cualquier costo”, y añadió que“tiene que ser competitiva a escala nacional e internacional”, refiriéndose directamente al inmenso coste que supondrá la construcción del gasoducto. Aún así, las negociaciones sobre el proyecto van a continuar en las próximas semanas. Nada está cerrado pero los países de la región tienen que ver asegurado su suministro energético.

 

 

 

 

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