| El
proyecto del nuevo gasoducto que intentan impulsar Venezuela, Brasil y Argentina está
siendo criticado por varios sectores de la población del
continente, a pesar de no haber sido presentado todavía oficialmente.
Por un lado, diferentes expertos argumentan que Brasil no es capaz
de colaborar en una idea tildada por la prensa local de “faraónica”. Por otro, el coste financiero que se hizo público en un principio podría
doblarse si se respeta el medio ambiente, especialmente de la región amazónica, que es lo que exigen los
grupos ecologistas.
Y hay más incertidumbres. En los últimos días también se han puesto en duda las ventajas que,
en caso de construirse el gasoducto, aparentemente tendría
la obra finalizada. Incluso los propios empresarios bolivianos le
han aconsejado al nuevo presidente, Evo Morales, que considere la
entrada del país en el proyecto. Y Bolivia es un país clave por su gran número de reservas.
En este sentido, el gasoducto ha sido criticado sobretodo en
Brasil y en Bolivia, por varias causas. En Brasil se ha puesto en
duda la capacidad del Gobierno que preside Lula da Silva para llevar a cabo el proyecto. Según algunos analistas, en este país
ya se han intentado planificar proyectos más sencillos, y
se ha necesitado mucho más tiempo del que se quiere invertir
en la planificación de este gasoducto, calculado en unos
ocho meses.
Según el director ejecutivo del Instituto
Fernand Braudel de Economía Mundial, ubicado en Sao Paulo,
Norman Gall, tanto Brasil como Argentina tienen reservas suficientes
de gas natural como para cubrir sus propias necesidades, y de hecho,
la petrolera estatal brasileña, Petrobras, ha invertido recientemente
18.000 millones de dólares (16.500 millones de euros), en
un proyecto de gran envergadura, relacionado con el desarrollo de
los campos de gas nacionales.
Bolivia. Por otra parte, en
Bolivia, Evo Morales, el nuevo presidente del país, pidió
el pasado fin de semana su entrada en el proyecto, a pesar de ya
estar invitado a unirse por Hugo Chávez, el principal interesado
en construir el gasoducto. Las intenciones de Morales no fueron
bien recibidas por algunos empresarios bolivianos, que afirmaron
que entrar en este proyecto cerraría las puertas a Bolivia
de cara a otros acuerdos en el sector energético.
Además, algunos artículos en
la prensa de La Paz han avisado a Morales de que “el
imperialismo que existe no es solo el que practica EE UU”,
en una clara referencia a las intenciones políticas que contiene
el gasoducto. Sin embargo, Morales parece decidido a seguir adelante,
junto con Hugo Chávez, Néstor Kirchner y Lula da Silva,
apoyando el megaproyecto.
Por otra parte, la entrada de Bolivia en este
proyecto llevaría a Argentina a acelerar la negociación sobre la subida del
precio del gas. El Gabinete Kirchner acepta la subida, pero por debajo del precio que Evo Morales quiere imponer. Según las palabras del embajador argentino en La
Paz, Horacio Macedo, “la relación entre Argentina y
Bolivia va mucho más allá del gas”, afirmando
que “se debe llegar a un acuerdo estratégico, porque
Argentina no va a enfrentarse a un país amigo”.
Actualmente, el precio del gas que Bolivia vende a Argentina es de 1,64 euros por cada mil metros cúbicos de gas natural (un millón de BTUs en terminología anglosajona). Por lo tanto, si ambas
naciones no se ponen de acuerdo en el precio de este combustible, el futuro
del proyecto podría estar condenado al fracaso.
Ecologistas. También las organizaciones ecologistas
mantienen otro frente abierto en la avalancha de críticas
que está recibiendo la idea. Estas argumentan que, de construirse
con el presupuesto dado por Chávez (unos 20.000 millones
de dólares, o 16.500 millones de euros) al terminar el encuentro
de Brasilia, el gasoducto destruirá la Guayana venezolana
y la selva amazónica la dividirá en dos, “atrayendo
a mineros, compañías madereras y consiguiendo así
destruir una zona hasta ahora inalcanzable para estas empresas”.
Para que el proyecto respete el ecosistema, según los expertos,
la inversión tendría que doblarse.
Unida a todas estas críticas,
la prensa internacional ya se ha hecho eco de las dudas y protestas
que empiezan a golpear el proyecto, e incluso el secretario de Energía
del estado de Río de Janeiro, Wagner Vícter, llegó a declarar que “la integración energética no puede ser
hecha a cualquier costo”, y añadió que“tiene
que ser competitiva a escala nacional e internacional”,
refiriéndose directamente al inmenso coste que supondrá
la construcción del gasoducto. Aún así, las negociaciones sobre el proyecto van a continuar en las próximas semanas. Nada está cerrado pero los países de la región tienen que ver asegurado su suministro energético.
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