Viernes 27 de enero de 2006
 
¿Guerra de carteles en Cuba?
Aurelio Pedroso (La Habana)
 
Cuando pase el tiempo y sea el turno de los historiadores, de seguro más de uno se preguntará si ese periodista o editor anónimo hizo bien o no en bautizar este nuevo conflicto EEUU vs Cuba con semejante coletilla.

Esto me hace recordar otras guerras que, en su tiempo y hasta nuestros días, se conocen y reconocen como la ‘guerra del pan duro', la del ‘esqueleto' o la de los ‘macarrones', y de las que nadie o casi nadie sabe algo.

En la Cuba de hoy no existe ninguna guerra de carteles. Hay, sin embargo (no, con embargo), un nuevo conflicto o pulso que nadie calcula hasta dónde pueda llegar. Y no todo por un “cartelito” que pocas navidades atrás fue colocado –lumínico también– y con el número 75 (igual a la cantidad de opositores detenidos) en los jardines de la oficina diplomática estadounidense en La Habana.

De entonces hacia acá, a una, otra. Ese ha sido el ritmo de la controversia, ahora catalizada porque cuando la isla respondía con una marcha de 1,4 millones de personas y Fidel Castro se disponía a hacer uso de micrófonos en las cercanías de la Oficina de Intereses gringos, éstos volvieron a conectar su noticiero sin censuras, ni fronteras y, obviamente, manipulado, que todos sabemos cómo hacerlo.

La madrugada siguiente, los cimientos de sede diplomática (un edificio con más de medio siglo pero que conserva su elegancia) comenzaron a estremecerse porque un pelotón de máquinas destruían la capa de asfalto y removían la tierra. ¿Y qué está pasando? Se preguntaban todos. Esa noche le formularon esa pregunta al líder cubano y su respuesta estuvo cargada de un humor muy serio: “He preguntado y no me han dicho”. Ahí estaba el Comandante, tomándole la tensión a la obra.

Dentro de aproximadamente una semana, entre la parte trasera de la Tribuna Anti-imperialista y la entrada principal de la legación norteamericana, estará una sólida base de hormigón con un grupo de banderas de fuerte mástil que ondearán al viento y entonces no será tan fácil la lectura del noticiero y el recital de frases seleccionadas sobre derechos humanos e inhumanos.

La guerra en Cuba ahora mismo no es ni de carteles ni de balas. A dios, gracias, como decía la abuela. Es una guerra del día a día en un momento de mucha importancia para la supervivencia de un proyecto nacido en 1959 con un hombre que a la sazón tenía 33 años y que este agosto alcanzará los 80.

Un proceso con virtudes y errores reconocidos, que están todos unidos en el ambiente que se respira. Grandes planes sociales puestos en marcha, dificultades que peinan canas y aún no han encontrado solución final, lucha sin cuartel contra el robo, la malversación, el fraude, la corrupción, la ética, la moral, la doble moral, la simulación, la apatía, la eficiencia económica, los servicios, la mente de las gentes más jóvenes...

Todo frente a un imperio que siempre feroz ha reclinado sus patas traseras, tensado las delanteras y no dudará un segundo en lanzarse a como de lugar y en la forma que más estime conveniente para imponer reglas doctrinales que los cubanos, tanto de aquí como muchos de los de allá, nunca aceptarían.

Que no es una guerra de carteles, sino de algo más.
Edita Asesores de Publicaciones S.L.