Viernes 27 de enero de 2006
 
El presidente se enfrentará esta semana al discurso sobre el Estado de la Unión
 
Las cosas se complican para Bush
Americaeconomica.com
 

El presidente George Bush se enfrenta a un fin de semana decisivo con las encuestas y los resultados económicos en contra. El viernes, el Departamento de Comercio presentó su primera estimación sobre el crecimiento del PIB de EEUU en el cuarto trimestre de 2005 (sólo un 1,1%), ya había amanecido con noticias desagradables para el entorno de la Casa Blanca. Según una encuesta, realizada por Los Angeles Times y Bloomberg, los ciudadanos estadounidenses están en completo desacuerdo con la forma en que el presidente George Bush dirige la política económica del país. De hecho, un 59% del total siente un absoluto rechazo por las “recetas” del presidente, mientras que sólo un 37% está de acuerdo con ellas.

Y lo que es peor, mientras el sentimiento general sobre el futuro de la economía es poco positivo, seis de cada diez encuestados creen que nada va a cambiar en los próximos seis meses. Y, entre los cuatro restantes, tres están convencidos de que las cosas se pondrán todavía más duras de lo que están. La encuesta aumenta la presión sobre el equipo de asesores económicos de Bush que no ha encontrado en todo 2005 la fórmula mágica para restablecer la confianza en un presidente que fue reelegido en 2004 con una amplia diferencia de votos populares sobre su rival, el demócrata John Kerry. Ahora tienen otra oportunidad u otro desafío. El discurso del “Estado de la Unión” que el actual inquilino de la Casa Blanca debe pronunciar el próximo 31 de enero en el Congreso, donde no tendrá más remedio que hacer propuestas concretas.

Apoyos. La encuesta ofrece otros motivos de preocupación para el político texano y su entorno de confianza. En este momento, sólo el 43% de la población aprueba la gestión presidencial. Y dos de cada tres mujeres están en contra de las decisiones políticas que ha tomado. De hecho, la petición de un cambio de prioridades en la agenda presidencial se extiende incluso entre quienes se muestran favorables a la figura del actual inquilino de la Casa Blanca, como demuestra el hecho de que el 62% de los encuestado la solicita.

Sin embargo, quizá el dato más inquietante sea otro. Al menos, para los responsables del Partido Republicano: un 70% de los encuestados que se definen como votantes de esta formación política aseguran que cambiarán su voto en las elecciones locales si el partido no muestra un cierto alejamiento de las opciones adoptadas por el presidente en la reforma de las pensiones y las soluciones para frenar el aumento de los precios de los servicios sanitarios. Y estos serán, según las filtraciones aparecidas en la prensa estadounidense estos días, los ejes fundamentales del discurso presidencial del 31, en el que, sin embargo, parece que la receta volverá a ser la misma de siempre: aumentar los recortes fiscales.

Economía. Según los datos presentados hoy por el Departamento de Comercio de EEUU, correspondientes a la primera estimación del aumento del PIB en el cuarto trimestre de 2005, entre octubre y diciembre del pasado año la economía estadounidense habría experimentado un crecimiento del 1,1%. Una cifra que se sitúa muy por debajo de la previsión de los analistas que estaba en el 2,8%. Y también supone un severo batacazo en comparación con el crecimiento del 4,1% registrado en el tercer trimestre del año pasado. La decepción del pasado trimestre sitúa la cifra de crecimiento de todo 2005 en el 3,5%, siete puntos menos que el 4,2% correspondiente a 2004.

La desaceleración del gasto de los consumidores, que representa un 70% del PIB, es la principal causa del frenazo. Esta cifra sólo aumento un 1,1% en los últimos tres meses de 2005, el peor resultado desde el segundo trimestre de 2001. Una decepción ligada al aumentó de los precios energéticos. También ha tenido mucha influencia el recorte de la inversión en bienes de equipo realizado por las empresas que sólo ascendió un 2,8% en el último trimestre de 2005, después de haber subido un 8,5% en los tres meses anteriores.

Gas. Según una información publicada hoy por el New York Times, si los derechos de explotación que cobra Hacienda a las gasistas hubieran subido en la misma proporción que el precio de mercado del combustible, la factura fiscal habría aumentado en 700 millones de dólares.

Los expertos de este diario, que aseguran haber realizado una investigación de más de tres meses sobre este asunto, aseguran que la legislación permisiva con el sector aprobada por la actual Administración, que siempre ha procurado favorecer a las compañías energéticas, permite que estas empresas manejen en su contabilidad dos precios distintos para el mismo gas extraído y vendido. Y uno de ellos, el que sirve para calcular el derecho de explotación (royalty) que se paga al Estado es sustancialmente más reducido que el que aparece en los documentos públicos destinados a informar a sus accionistas. Según los cálculos efectuados por los expertos consultados por el diario neoyorquino, en 2005 el precio considerado a efectos fiscales fue un 22,41% inferior al que se incluyó en las cuentas de resultados. Y aun así, las cuentas no terminan de salir del todo.

Año fiscal. En el periodo comprendido entre 2001 y 2005 el precio de venta al público del gas natural se ha duplicado. Sin embargo, el pasado año fiscal, que concluyó en EEUU en septiembre, las compañías abonaron a Hacienda un total de 5.150 millones de dólares, un 3,8% menos que el dinero que abonaron en 2001. Los informadores del New York Times han encontrado a una industria muy reticente a explicar esta diferencia en las cifras, según aseguran. Pero la legalidad de las prácticas parece fuera de duda. La Hacienda permite a las gasistas aplicar deducciones sobre el precio de venta que se convierte en base imponible por conceptos tales como los costes de transporte, el procesado y el mantenimiento de los gasoductos.

Según el ‘New York Times’, la tasa de los royalties varía entre el 12% y el 16% del total del dinero ingresado por la venta de gas. Pero existe un gran número de deducciones, aprobadas por Bush, que permiten reducir la cantidad final a la que se le aplica.

 

 

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