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El presidente George Bush se enfrenta a un
fin de semana decisivo con las encuestas y los resultados económicos
en contra. El viernes, el Departamento de Comercio presentó
su primera estimación sobre el crecimiento del PIB de EEUU
en el cuarto trimestre de 2005 (sólo un 1,1%), ya había
amanecido con noticias desagradables para el entorno de la Casa
Blanca. Según una encuesta, realizada por Los Angeles
Times y Bloomberg, los ciudadanos estadounidenses están
en completo desacuerdo con la forma en que el presidente George
Bush dirige la política económica del país.
De hecho, un 59% del total siente un absoluto rechazo por las “recetas”
del presidente, mientras que sólo un 37% está de acuerdo
con ellas.
Y lo que es peor, mientras el sentimiento general
sobre el futuro de la economía es poco positivo, seis de
cada diez encuestados creen que nada va a cambiar en los próximos
seis meses. Y, entre los cuatro restantes, tres están convencidos
de que las cosas se pondrán todavía más duras
de lo que están. La encuesta aumenta la presión sobre
el equipo de asesores económicos de Bush que no ha encontrado
en todo 2005 la fórmula mágica para restablecer la
confianza en un presidente que fue reelegido en 2004 con una amplia
diferencia de votos populares sobre su rival, el demócrata
John Kerry. Ahora tienen otra oportunidad u otro desafío.
El discurso del “Estado de la Unión” que el actual
inquilino de la Casa Blanca debe pronunciar el próximo 31
de enero en el Congreso, donde no tendrá más remedio
que hacer propuestas concretas.
Apoyos. La encuesta ofrece otros motivos de preocupación
para el político texano y su entorno de confianza. En este
momento, sólo el 43% de la población aprueba la gestión
presidencial. Y dos de cada tres mujeres están en contra
de las decisiones políticas que ha tomado. De hecho, la petición
de un cambio de prioridades en la agenda presidencial se extiende
incluso entre quienes se muestran favorables a la figura del actual
inquilino de la Casa Blanca, como demuestra el hecho de que el 62%
de los encuestado la solicita.
Sin embargo, quizá el dato más inquietante sea otro.
Al menos, para los responsables del Partido Republicano: un 70%
de los encuestados que se definen como votantes de esta formación
política aseguran que cambiarán su voto en las elecciones
locales si el partido no muestra un cierto alejamiento de las opciones
adoptadas por el presidente en la reforma de las pensiones y las
soluciones para frenar el aumento de los precios de los servicios
sanitarios. Y estos serán, según las filtraciones
aparecidas en la prensa estadounidense estos días, los ejes
fundamentales del discurso presidencial del 31, en el que, sin embargo,
parece que la receta volverá a ser la misma de siempre: aumentar
los recortes fiscales.
Economía. Según los datos presentados
hoy por el Departamento de Comercio de EEUU, correspondientes a
la primera estimación del aumento del PIB en el cuarto trimestre
de 2005, entre octubre y diciembre del pasado año la economía
estadounidense habría experimentado un crecimiento del 1,1%.
Una cifra que se sitúa muy por debajo de la previsión
de los analistas que estaba en el 2,8%. Y también supone
un severo batacazo en comparación con el crecimiento del
4,1% registrado en el tercer trimestre del año pasado. La
decepción del pasado trimestre sitúa la cifra de crecimiento
de todo 2005 en el 3,5%, siete puntos menos que el 4,2% correspondiente
a 2004.
La desaceleración del gasto de los consumidores, que representa
un 70% del PIB, es la principal causa del frenazo. Esta cifra sólo
aumento un 1,1% en los últimos tres meses de 2005, el peor
resultado desde el segundo trimestre de 2001. Una decepción
ligada al aumentó de los precios energéticos. También
ha tenido mucha influencia el recorte de la inversión en
bienes de equipo realizado por las empresas que sólo ascendió
un 2,8% en el último trimestre de 2005, después de
haber subido un 8,5% en los tres meses anteriores.
Gas. Según una información publicada
hoy por el New York Times, si los derechos de explotación
que cobra Hacienda a las gasistas hubieran subido en la misma proporción
que el precio de mercado del combustible, la factura fiscal habría
aumentado en 700 millones de dólares.
Los expertos de este diario, que aseguran haber realizado una
investigación de más de tres meses sobre este asunto,
aseguran que la legislación permisiva con el sector aprobada
por la actual Administración, que siempre ha procurado favorecer
a las compañías energéticas, permite que estas
empresas manejen en su contabilidad dos precios distintos para el
mismo gas extraído y vendido. Y uno de ellos, el que sirve
para calcular el derecho de explotación (royalty) que se
paga al Estado es sustancialmente más reducido que el que
aparece en los documentos públicos destinados a informar
a sus accionistas. Según los cálculos efectuados por
los expertos consultados por el diario neoyorquino, en 2005 el precio
considerado a efectos fiscales fue un 22,41% inferior al que se
incluyó en las cuentas de resultados. Y aun así, las
cuentas no terminan de salir del todo.
Año fiscal. En el periodo comprendido
entre 2001 y 2005 el precio de venta al público del gas natural
se ha duplicado. Sin embargo, el pasado año fiscal, que concluyó
en EEUU en septiembre, las compañías abonaron a Hacienda
un total de 5.150 millones de dólares, un 3,8% menos que
el dinero que abonaron en 2001. Los informadores del New York Times
han encontrado a una industria muy reticente a explicar esta diferencia
en las cifras, según aseguran. Pero la legalidad de las prácticas
parece fuera de duda. La Hacienda permite a las gasistas aplicar
deducciones sobre el precio de venta que se convierte en base imponible
por conceptos tales como los costes de transporte, el procesado
y el mantenimiento de los gasoductos.
Según el ‘New York Times’, la tasa de los royalties
varía entre el 12% y el 16% del total del dinero ingresado
por la venta de gas. Pero existe un gran número de deducciones,
aprobadas por Bush, que permiten reducir la cantidad final a la
que se le aplica.
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