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Los planes de emisión de deuda pública
presentados por el Tesoro de EEUU esta semana se han estrellado
contra una sólida barrera: el límite de endeudamiento
fijado por las leyes. Si el Congreso no actúa rápido,
Washington no podrá financiar su presupuesto.
Los pasillos de los principales edificios políticos
de la capital estadounidense han vuelto a ser un hervidero. Tras
superar con éxito moderado el escollo del discurso sobre
el estado de la Unión, Bush se ve obligado a librar otra
batalla contra su propio grupo parlamentario, poseedor de la mayoría
en ambas cámaras. Y con algo de vital importancia en juego:
el presupuesto federal para el año fiscal 2007.
Para que cuadren las cifras, entre recortes
fiscales, desgravaciones y programas de gasto comprometidos o insinuados,
la Casa Blanca necesita que el Tesoro pueda llevar a cabo el programa
de deuda pública previsto. Pero no lo tiene fácil.
Al menos, mientras siga vigente el límite actual que impide
que el total de la deuda viva que mantiene el Estado federal supere
el valor absoluto de 8,18 billones de dólares. Una cifra
de apariencia descomunal pero que resulta insuficiente.
Dos semanas. El Tesoro quiere que ese límite se eleve
pero puede haber problemas. Los parlamentarios exigen a la Casa
Blanca como condición que aplique duros recortes en programas
que o no dan resultado o han dejado de ser prioritarios. El equipo
de Bush ha prometido hacerlo. Un total de 182 partidas podrían
desaparecer. Para los expertos algo está claro, al cierre
de 2006, el déficit público estadounidense, volverá
a situarse por encima de su récord histórico (412.840
millones de dólares) alcanzado en 2004.
FMI. El Tesoro de EEUU lleva varios
meses al borde del límite legal con su programa de nuevas
emisiones. En diciembre, por ejemplo, sólo emitió
deuda por valor de 93.000 millones de dólares. Algo menos
de lo previsto. Y pudo hacerlo porque recibió un pago anticipado
de deuda realizado por el FMI.
Mas dinero. El difícil equilibrio
entre una política fiscal débil y el aumento del gasto
público ha sido sorteado hasta ahora gracias al endeudamiento
y a la buena respuesta de los inversores internacionales ante el
papel del Tesoro de EEUU. Al parecer, Bush quiere seguir en la misma
línea. Pero para conseguirlo ha presentado nuevos programas
de gasto más cercanos a las peticiones de sus críticos.
Por ejemplo, su plan para que EEUU gane competitividad supondrá
un gasto adicional de 5.900 millones de dólares el año
que viene y de 136.000 en la próxima década. Gran
parte del paquete, más de la mitad, está
representado por el volumen que en esos diez años alcanzarán
los créditos fiscales de los que podrán beneficiarse
las empresas que demuestren que han invertido en Investigación
y Desarrollo. Un guiño a la ciencia.
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