| Apenas
había acabado la pugna por Dofasco, cuando Mittal Steel,
la empresa siderúrgica más importante del mundo, con
una producción de 58,9 millones de toneladas en 2004, lanzó
una opa hostil sobre Arcelor por 18.600 millones de euros. La Mittal
es una empresa anglo-india, a cuyo frente se encuentra el empresario
indio Lakshmi Mittal, considerado el asiático más
rico de la city londinense, que empezó el negocio del acero
en la década de los setenta, en una modesta acería
que tenía su familia en el desierto de Rajasthan, al norte
de la India. En 1976, la familia Mittal emigró a Indonesia,
donde comenzó la adquisición de empresas públicas
en dificultades. Su fortuna se estima en 25.000 millones de dólares.
Como era de esperar, esta opa ha producido rechazo y preocupación,
especialmente en los países que integran Arcelor, que son,
como es sabido, Luxemburgo, Francia y España. Sólo
en nuestro país Arcelor cuenta con 18 plantas, situadas en
Asturias, País Vasco, Navarra, Zaragoza, Valencia y Madrid.
Con escasos días de diferencia, que Francia se había
mostrado hostil a la opa, las cosas parecen cambiar, pues el ministro
francés de Industria, Francois Loos, quien manifestó
que “Francia no es favorable a la opa” fue corregido
por el ministro de Economía, Thierry Breton, quien dijo que
“son los accionistas quienes deben decidir sobre la opa y
no el Estado”.
Este cambio de actitud parece que se debe a una inminente emisión
económica a India, que estará dirigida por el presidente
de la República, Jacques Chirac. De momento, como era de
esperar, Arcelor ha decidido plantarse frente a esta opa hostil.
Ha recomendando a sus accionistas no acudir a esta opa. De tener
éxito, el grupo resultante sería tres veces mayor
que su competidor más próximo, que es la japonesa
Nippon Steel, que produjo 32,4 millones de toneladas en 2004.
Según los dirigentes de Arcelor, Mittal Steel no comparte
la misma visión estratégica, ni el mismo modelo de
desarrollo, ni los mismos valores y , además, esta operación
podría tener graves consecuencias, tanto para los accionistas,
como para los empleados y clientes. Por su parte, el ministro español
de Economía y Hacienda, Pedro Solbes, se ha mostrado en contra
de la opa y partidario de alinearse con los otros dos países
implicados.
El grupo siderúrgico europeo estudia posibles salidas a
la oferta de Mittal, como puede ser configurar una alianza internacional
con compañías situadas fuera de la Unión Europea,
como podría ser Nippon Steel. Esta salida no parece fácil,
pues exige la complementariedad del nuevo socio con el modelo económico
de Arcelor, que se basa en una producción de alto valor añadido.
Conviene tener presente que el sector del acero se encuentra muy
atomizado, como lo prueba el hecho de que Mittal y Arcelor apenas
suman el 10% de la producción mundial. Y esto después
de un largo proceso de alianzas y absorciones.
Y, ¿qué dice Europa? Italia y Alemania no dicen nada.
El Reino Unido denuncia con virulencia el proteccionismo. Y, mientras,
una empresa familiar india, con sede en Holanda, pretende comprar
una de las joyas de la industria tradicional europea. Si el Viejo
Continente no reacciona, Arcelor será otra empresa más,
dentro de las que pasan a manos de nuevos países industrializados.
Como puede ser India, que ha invertido, a lo largo del año
pasado, más en el Reino Unido y Australia que al revés.
Y otros países, como China o Brasil llaman a la puerta del
poder económico y, en consecuencia, del político,
mientras Europa vive una elegante y cómoda decadencia. |