Viernes 10 de febrero de 2006
 
Cuba, en plena batalla
Aurelio Pedroso (La Habana)
 
Quienes en estos últimos días se hayan acercado al acontecer cubano, no podrán llegar a mejor conclusión de que la isla se encuentra en plena efervescencia anti-gringa e inmiscuida muy seriamente en grandes planes encaminados a la satisfacción de problemas internos de cara a la población.

El eterno enemigo de la revolución cubana –y que no cuesta mucho trabajo determinar: el Gobierno de EEUU– ha logrado expulsar de un Sheraton enclavado en Ciudad México a un grupo de negociadores cubanos que sostenían importantes conversaciones con representantes de grandes empresas estadounidenses vinculadas al sector energético.

¿Con tantos hoteles en el DF, a quién se le habrá ocurrido celebrar tal cónclave en uno de administración norteamericana?

Después de todo, la cita continuó y culminó en otra instalación hotelera y ahora mismo el Gobierno mexicano, quiera o no, se ha visto en la disyuntiva de, al menos, formular alguna declaración en contra de esa soberana muestra de ingerencia del imperio.

Por La Habana, y como parte del actual pulso Fidel Castro vs George W. Bush, las autoridades cubanas organizaron una impresionante vigilia de 24 horas frente a la SINA (Sección de Intereses Norteamericanos) con 138 banderas luctuosas en verdadero bosque que opaca la visión de una pantalla más que informativa, provocadora, de esta legación diplomática. Pancartas con fotos de cubanos muertos no en acciones militares en África, sino como consecuencia del terrorismo “made in USA”.

Ahí está el ejemplo de Luis Posada Carrilles, el Bin Laden latinoamericano, autor intelectual de una voladura de un avión civil de Cubana de Aviación en 1976 y a punto de ser liberado sin cargo alguno.

A la Cuba de estos días no se le puede perder pie ni pisada. Bien sea por este enfrentamiento con el poderoso vecino, por sus crecientes lazos de hermandad con la Venezuela bolivariana de Hugo Chávez, por la marcha de los negocios con los chinos (de la que no se comenta mucho), o por esa “sabia” decisión de la empresa del pan de disminuir el 3% del suministro de este alimento por cartilla en virtud de que la gente lo deja en la bodega. Más que nada porque su calidad es pésima.

La gente, lo dijo Carlos Marx, piensa según vive. Y el cubano de hoy día no hace más que pensar y demostrar mucho recelo hacia el imperio, amén de acabar de una y otra vez con esos problemas con los que se levanta, se acuesta y, a veces, le entorpecen el sueño.

Edita Asesores de Publicaciones S.L.