Viernes 10 de febrero de 2006
 
El juicio de Enron devuleve a la actualidad los fraudes de la América corporativa
 
El despertador siempre suena dos veces

Americaeconomica.com

 

Cuando sólo ha pasado poco más de una semana desde su comienzo, el juicio sobre los delitos cometidos en Enron -quizá el mayor fraude corporativo de la historia de EEUU- se ha convertido en un espectacular despertador de la conciencias corporativas estadounidenses que, sólo cinco años después de los desastres, ya estaban dormidas.

Las llamadas de atención llegan desde todos los ámbitos: en forma de películas cómicas de mucho éxito y dudosa calidad, como ´Dick y Jane´ (la última película de Jim Carrey que se estrena hoy en España), de sesudos informes de fundaciones que abogan por la ética y la transparencia, o de artículos del New York Times que demuestran como las petroleras no dudan en ahorrarse todo los impuestos que pueden, a pesar de sus ganancias récords. Un ambiente que ha servido para poner al descubierto que los lobos de la América corporativa están a punto de volver a hacer saltar la banca y que empieza a generar malestar entre la población, mucho más revuelta ahora que en el dorado tramo final de la década de los noventa.

Los motivos, según apuntan algunos de los artículos de opinión que tratan el tema estos días son variados, pero ante todo lógicos. Por ejemplo, está el hecho de que ahora el ciudadano medio no disfruta de las espectaculares ganancias bursátiles de los años de la burbuja. Ni tampoco de la financiación barata que vino luego, cuando la FED intentó remendar el vestido. Más aún, sus coberturas sanitarias y de pensiones están en peligro.

Estudios. Entre los estudios más comentados en estos días se encuentra el que ha lanzado el Instituto de Economía Política (EPI; por sus siglas en inglés), un prestigioso “think thank” con sede en Washington que pone en duda algunos de los axiomas más extendidos últimamente en los discursos de los responsables de las grandes empresas estadounidenses para justificar los discretos resultados empresariales o las reestructuraciones de plantilla. Por ejemplo, aquel que dice que el incremento de los costes de las coberturas sanitarias está amenazando la salud financiera de las compañías y limitando su capacidad de generar beneficios.

Según los datos del EPI la incidencia del aumento de lo precios de los seguros de salud es mucho menor de lo que se intenta hacer creer al público porque el 47% de la fuerza laboral de EEUU no dispone de esas coberturas simplemente porque las empresas dejaron de proporcionalas hace tiempo. Además, los aumentos de los costes laborales, verdaderamente moderados en el último lustro, contrastan con la cantidad de dinero empleado en engrosar las partidas de beneficios.

Siempre, según EPI, si las cifras oficiales son ciertas y EEUU vive ahora un periodo de recuperación económica que dura 47 meses, las compañías actúan de menos socialmente responsable. En estas fases boyantes de la economía, la media de las series históricas demuestra que las empresas usaban el 75% de sus ingresos para retribuir a sus empleados y el 25% para aumentar los beneficios. Ahora las cifras están en un letal 41% a 59%.

Una práctica frecuente. El juicio de Enron llega en un momento en el que las sopechas de irregularidades en las cuentas empresariales vuelven a sobrevolar Wall Street. Un reciente estudio del National Tax Journal pone de manifiesto que los beneficios empresariales publicados en la SEC doblan a los reconocidos ante Hacienda. Lo cierto es, como explican los autores, que este fenómeno se ha producido antes, hace ahora justamente cinco años, en 2000. La fatídica fecha final de la burbuja tecnológica.

Y, entonces, como ha resultado evidente, las empresas utilizaron todo tipo de prácticas delictivas para inflar sus resultados y provocar aumentos de su capitalización bursátil. Las divergencias entre los números trimestrales y anuales que se publican para conocimiento de los accionistas y las cuentas que se presentan ante el IRS (la Agencia Triburaria estadounidense) se han producido siempre. No hay ilegalidad alguna, por mucho que algunos activistas duden de la ética que sustenta el principio fundamental de esta práctica de doble contabilidad: “ganar mucho ante los ojos de los accionistas y muy poco ante los del fisco”.

Los estándares de contabilidad que rigen la elaboración de las cuentas que se inscriben en la SEC, conocidos como GAPP, incluyen la valoración de algunos activos según la propia consideración del contable, lo mismo que otras posibilidades subjetivas que no se dan en los números que se constituyen en la base imponible del impuesto de sociedades. Pero eso no justifica unas disparidades como las actuales. De hecho, en el periodo de 2001 a 2003 pasó justamente lo contrario. Las cuentas presentadas ante la SEC eran peores que las que se ponían en conocimiento del IRS. Algunos observadores, sin embargo, creen que el fenómeno actual es distinto al que provocó la oleada de fraudes empresariales de finales del siglo XX. Ahora se trata sólo de pagar menos impuestos.
Impuestos. En el mismo estudio se asegura que en 1990 la cantidad ingresada por impuesto de sociedades fue un 66,6% superior a la recaudada el pasado año. En sólo tres lustros, la suma ha pasado a suponer un 1,2% del PIB desde el 2% de la media histórica.

Edita Asesores de Publicaciones S.L.