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Brasil duda de que Venezuela mantenga sus
compromisos iniciales en la construcción del "Gasoducto
del Sur". Según Descifrado.com el director
del área de gas natural de Petrobras, Ildo Sauer, quiere
pedir al Gobierno de Hugo Chávez que financie la mitad del
proyecto, valorado en 20.000 millones de dólares (16.805
millones de euros), como aval de que el mandatario venezolano no
subirá el precio del gas natural o reducirá el suministro.
El interés de Brasil por que este proyecto no sufra ningún
altercado está justificado: la petrolera estatal brasileña
calcula que podría ahorrar hasta 11.000 millones de dólares
(9.235 millones de euros) anuales en importaciones de gas natual.
Las palabras del directivo de Petrobras son un ejemplo de la mala
fama que encasilla a Hugo Chávez como "conflictivo".
Los socios de Venezuela en el "Gasoducto del Sur", Brasil
y Argentina, ya prevén que a las primeras de cambio Chávez
podría subir el precio o restringir el suministro de gas
natural.
Sin embargo, Venezuela ya podría haber previsto este requisito.
Bloomberg señala que fuentes del Gobierno de Chávez
han asegurado en reuniones preliminares, en las que se está
diseñando el gran proyecto, que el país dispone de
10.000 millones de dólares (8.402 millones de euros) para
financiar esta obra.
Otra de las cuestiones que preocupa a Brasil es el tamaño
real que tendrá el mercado latinoamericano al que está
dedicado la construcción de esta gran obra energética.
En un principio, el diseño está creado para que Venezuela
abastezca de gas natural principalmente a Argentina, que en estos
momentos depende de los hidrocarburos bolivianos. Se baraja la incursión
en estos planes de los otros países vecinos, sin embargo
todavía no se ha concretado nada.
También hay dudas, en lo que se refiere a la organización
de este ambicioso proyecto energético, sobre la estructura
institucional y el papel que deberán desempeñar cada
una de las empresas estatales implicadas y las extranjeras o privadas
que también participen.
Los beneficios. Estos reparos surgen al mismo
tiempo que el presidente Lula da Silva asegurara a la prensa que
la construcción del "Gasoducto del Sur" era una
prioridad para Brasil. Esta prisa tendría una explicación.
Ildo Luis Suer asegura que el gasoducto transportaría cerca
de un millon de barriles diarios de gas natural, que serían
vendidos por Venezuela a un precio aproximado de 26 dólares
(21,8 euros) el barril. Con esta operación, Brasil podría
ahorrarse 30 millones de dólares (25 millones de euros) al
día.
De esta forma, la nación brasileña recortaría
la dependencia gasística que mantiene con Bolivia. En la
actualidad, Brasil importa el 50% de gas de la República
boliviana, país que además ha incrementado su precio
de venta un 15%, debido al aumento de los costes de barril de crudo
en los últimos meses.
Sin embargo, el gasto para Petrobras podría subir un 900%
más hasta alcanzar los 700 millones de dólares (587
millones de euros) en 2006, debido a la nueva Ley de Hidrocarburos
boliviana, ratificada por el ex presidente Eduardo Rodríguez,
que eleva al 32% los impuestos sobre la producción y al 18%
las regalías. Petrobras compra a 30 dólares (25 dólares)
el barril de gas a Bolivia, mientras que el GLP, supera los 60 dólares
(50 euros).
Estos cálculos también podrían haber motivado
que Petrobras invitara a la compañía rusa de gas Gazprom
a sumarse al "Gasoducto del Sur". Una solicitud que ya
está aprobada. Gazprom ha hecho público un comunicado
en el que asegura que quiere colaborar en el proyecto de interconexión
energética.
Nuevos socios. Algunos analistas aseguraban que
la falta de un socio tecnológico con experiencia en la extracción,
el almacenaje y el transporte de gas natural podría ser un
obstáculo para el desarrollo del "Gasoducto del Sur".
Gazprom podría resolver ese problema.
Pero mientras el proyecto se concreta los países implicados
también piensan en el corto plazo. Ese es el origen de las
negociaciones que Petrobras mantiene con Gazprom, el mayor productor
mundial de gas, y que, según algunas fuentes, pueden desembocar
en un acuerdo de gran calado en relación con la construcción
y la explotación del Gasoducto del Sur.
Antes, la gran gasista rusa ayudará a la petrolera brasileña
a construir un gasoducto para distribuir por el país el gas
que se extraiga en las aguas de Santos Basin, una zona situada en
el sudeste de Brasil en la que los estudios geológicos definen
unas reservas capaces de proporcionar 30 millones de metros cúbicos
diarios, seis más que los 24 que en la actualidad Bolivia
vende a Brasil y que suponen la mitad del consumo diario del país
que preside Lula da Silva.
Algunos observadores consideran que Gazprom, una empresa controlada
por el Estado ruso, también busca objetivos políticos
en esta negociación.
Repsol. El buen entendimiento entre Gazprom y
Repsol podría ser ahora una baza para la compañía
hispanoargentina en Latinoamérica. Ambas empresas mantienen
conversaciones desde el pasado octubre para estudiar la realización
de un proyecto conjunto de extracción y venta de gas. Todo
apunta ahora hacia Bolivia.
El presidente argentino, Néstor Kirchner, ha vuelto a dar
un voto de confianza a Repsol YPF, tras el escándalo político
y social que ha provocado en el país el anuncio realizado
por la compañía de la reducción en un 25% de
sus reservas mundiales de gas. Un nuevo cálculo que afecta
en buena medida a los principales yacimientos argentinos y tras
el que en algunos ambientes, cercanos al ´kichnerismo´,
se había apostado por una dura declaración oficial
del Gobierno, como titular constitucional de los derechos sobre
los hidrocarburos. No la hubo. Sí ha habido un solemne acto
en el que Enarsa, la petrolera estatal, ENAP, de Chile, y Repsol-YPF
han hecho pública su asociación en un proyecto de
exploración en el estrecho de Magallanes. Costará
300 millones de dólares (252,54 millones de euros) que pagarán
españoles y chilenos.
Todos estos puntos serán tratados por los presidentes de
Brasil, Argentina y Venezuela, Lula da Silva, Néstor Kirchner
y Hugo Chávez, respectivamente, que han fijado su encuentro
para el próximo 12 de marzo en la ciudad argentina de Mendoza.
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