| Los
últimos informes económicos presentados por las autoridades
mexicanas parecen indicar que México atraviesa una desaceleración
y está perdiendo competitividad. El pasado miércoles,
la Secretaría de Hacienda de México hacía público
el último dato del Producto Interior Bruto (PIB), correspondiente
al último trimestre de 2005. La economía mexicana
creció en este periodo un escaso 2,7%, por lo que el PIB
global de todo el año pasado se situó en el 3%, uno
de los peores resultados de toda Latinoamérica (por ejemplo,
Argentina creció un 9,1% y Perú un 6,6%).
El dato, aunque malo, encaja dentro de lo
esperado por los analistas económicos y el propio Gobierno
mexicano. El Ejecutivo había previsto inicialmente un crecimiento
del 3,8%. Posteriormente rebajó sus espectativas al 3,5%
y finalemente tuvo que fijarlas en el 3%. Según la Secretaría,
en este escaso crecimiento ha influido el paso por México
de los huracanes Stan y Wilma, que generaron pérdidas
económicas porque afectaron a la región turística
de Cancún y destrozaron muchas cosechas.
Sin embargo, los analistas piensan que la
desaceleración de México no se debe a fenómenos
puntuales como los huracanes, sino a una pérdida de competitividad
ante sus rivales asiáticos, especialemente China. Tal y como
señala el diario estadounidense Los Angeles Times,
el principal problema que afronta México hoy por hoy es que
es incapaz de generar todos los puestos de trabajo que necesita
conforme a su crecimiento demográfico (lo que fomenta que
la importante emigración de ciudadanos mexicanos a EEUU se
haga cada vez con más vocación de permanencia) y que
China esté ganándole terreno en EEUU, donde ya se
ha convertido en el segundo proveedor de bienes por detrás
de Canadá y por delante de México, lo que le ha costado
al país azteca miles de puestos de trabajo en el sector textil
y juguetero.
Soluciones. Los economistas
parecen coincidir en que la solución a esta situación
pasa por llevar a cabo reformas estructurales que permitan a México
ganar eficiencia. Los puntos más importantes son la reforma
del mercado laboral, el cambio de la política de impuestos
y la privatización del sector energético. Sin embargo,
los políticos mexicanos no están de acuerdo, especialmente
en lo referido a la privatización del mercado energético,
abanderado por la petrolera estatal Pemex. El petróleo es
la primera fuente de ingresos de México.
La posible reforma del sector energético
con la consiguiente privatización de la petrolera estatal
es actualemente uno de los puntos más candentes de la economía
mexicana, mucho más aún de cara a las próximas
elecciones presidenciales del 2 de julio. Esta semana, Andrés
Manuel López Obrador, el candidato del Partido para la Revolución
Democrática (PRD), volvía a asegurar que la entrada
de capital privado no estaba entre sus objetivos en caso de lograr
la Presidencia. Obrador, que según las encuestas parte como
favorito en las elecciones, aseguró que esta medida no es
ni una prioridad para el país ni mucho menos una solución
para el modesto crecimiento económico azteca. El ex alcalde
de Ciudad de México es partidario de fomentar la inversión
pública para crear puestos de trabajo que, acompañados
de programas sociales, consigan reducir la pobreza del país.
La postura de Obrador difiere de la de su
principal rival, Felipe Calderón, candidato a la Presidencia
por el gobernante Partido de Acción Nacional (PAN), que cree
que es necesaria la entrada de capital privado en el sector energético
mexicano, tal y como defiende su compañero de partido y actual
presidente, Vicente Fox. El Gobierno mexicano ha intentado últimamente
reformar el sector energético pero ha fracasado por la oposición
del Partido Revolucionario Institucional (PRI), que tiene mayoría
en el Congreso.
Reforma de Pemex. Estos días,
las noticias, más que hacia una privatización de la
petrolera estatal, parecen dirigirse hacia el extremo opuesto. Esta
semana, el Partido de los Trabajadores (PT) ha presentado una iniciativa
para reformar la Ley Orgánica de Petróleos Mexicanos
por la que se rige actualmente Pemex. El PT, a pesar de tener escasa
representación en la Cámara de Diputados (seis parlamentarios
de los 500 que integran el órgano), es uno de los partidos
que apoyan la candidatura de López Obrador a la Presidencia
a través de la plataforma "Por el bien de todos".
La propuesta del PT pretende que sea la Cámara
de Diputados, depositaria del poder legislativo en México,
la que designe al director general de la petrolera entre una terna
propuesta por el Gobierno (actualmente es el Ejecutivo el que elige
de forma directa este cargo) e incremente aún más
el control sobre la petrolera.
Sea como sea, cualquiera de las dos vías
tendrá que tratar que México experimente un crecimiento
económico mayor acorde con sus potencialidades, como son
su proximidad a EEUU, los altos precios de su petróleo, las
remesas de sus inmigrantes y su baja inflación.
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