| La
nueva biblia de los brokers estadounidenses, el Investment
Dealer´s Digest, se hacía eco esta semana de lo que
considera el principal problema actual de la banca de inversión
estadounidense: la falta de personal con la preparación suficiente
en el sector tecnológico. La burbuja de finales del siglo
XX contribuyó en apariencia a devastar un ángulo del
mercado laboral, hasta entonces especialmente nutrido.
El título del reportaje de Avital Louria
rememora una vieja canción de Pete Segger ¿dónde
se han ido todas las flores? que convierte en un lamento de otro
tipo ¿dónde se han ido los ´brokers´ tecnológicos?
Faltan empleados y el momento es crítico, porque desde el
último semestre del año pasado, el sector ha vuelto
a buscar con fuerza financiación en los mercados y las comisiones
que pueden ganarse son demasiado voluminosas, como para no preocuparse.
Más aún en enero, la tendencia se ha confirmado con
fuerza. Según los datos de Thomson Financial, las tecnológicas
del mundo han anunciado operaciones de capital por un valor total
de 1.400 millones de dólares, más del doble de los
650 millones de dólares del año pasado.
Además, las fusiones y adquisiciones
presentadas el mes pasado tendrán un volumen de 15.000 millones,
un 50% más que las cifras del mismo periodo del año
anterior. Hay trabajo, pero faltan operarios. Sobre todo nuevas
vocaciones, aprendices ´juniors´ o de formación
media que acompañen a los cada vez mejor pagados ´seniors´.
El aumento de la demanda de mano de obra ha desencadenado una guerra
de talonarios fratricida. Tanto que las deserciones y los cambios
se multiplican, pero nadie quiere hacer públicas las cifras.
Además, las características más que especiales
de la clientela, que prolifera sobre todo en los nuevos productores
de contenidos y las renacidas interneteras, requieren una plantilla
que tenga una sólida base financiera y algo más: un
conocimiento detallado de un negocio que cambia por momentos.
De manera que no resulta fácil traspasar a este área
personal de otras donde empieza a haber excedente. No, al menos
sin un intenso periodo de reciclaje que resultaría demasiado
largo para aprovechar el momento, con la competencia detrás
del mismo rastros. Hay aún una dificultad añadida
más. Los banqueros tecnológicos nuevos tienen que
estar dispuestos a trasladar su residencia a las áreas, donde
se gestan las novedades como el exclusivo Silicon Valley que ha
vuelto al primer plano.
Es conveniente para ganarse la confianza de la clientela. Y la
necesidad de establecerse en zonas donde los precios de las casas
se han cuadruplicado en el último lustro es otro factor que
incrementa los costes de personal. Son gastos con los que hay que
contar, sobre todo, una vez más, por la presión que
generan algunas pequeñas compañías muy especializadas,
como Revolution Partners, Innovation Advisers, u otras que amenazan
con desplazar a las marcas clásicas.
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