Viernes 17 de febrero de 2006
 
Divergencias energéticas: ¿Dónde acudimos?
Álvaro Ríos Roca *
 

El desarrollo de sistemas de transporte en gas natural y de transmisión eléctrica ha avanzado notablemente en los últimos 10 a 15 años en Latinoamérica y el Caribe. Principalmente, en el Cono Sur en gas y electricidad y en Centroamérica en el sector eléctrico con el SIEPAC. Numerosos nuevos proyectos de transporte de gas y transmisión eléctrica están en proceso de estudio, análisis o de implementación en casi todos los países que componen la región.

Estos proyectos no nacen por arte de magia, sino que son más bien producto de la demanda y oferta energética entre los países involucrados, buscando en todos los casos el poder dotar de máxima seguridad en el abastecimiento de energía, con los mejores costos posibles y por supuesto, tendente a que sea lo menos contaminante posible, para dar mayor sostenibilidad al planeta.

Como hemos manifestado anteriormente, el desarrollo de infraestructuras es solo el primer paso para luego avanzar a un proceso mucho más complejo y lento de integración energética entre los países. Una verdadera integración energética de la región debería apuntar a que se tenga en común una ley marco en hidrocarburos y una ley marco en electricidad, complementadas ambas por aspectos macro relacionados al tema medioambiental. Sin duda que parece una gran utopía, pero allí es donde los países deben apuntar toda la artillería si realmente se quiere energía más confiable y económica en toda la región.

Es por esta razón, que desde la Organización Latinoamericana de Energía (Olade), se está propiciando que los países se inclinen y apoyen a la firma de una “Carta Energética de Latinoamérica y el Caribe” que siente las bases y los vínculos entre los países tendentes al tan ansiado proceso de integración energética. La voluntad política de los países debe estar expresada en esta Carta, la misma que debe ser trabajada con entusiasmo y con mucha cautela, precautelando sobre todo las políticas internas de cada país.

Si la “Carta Energética de Latinoamérica y el Caribe” es el instrumento válido que puede dar inicio al proceso de vinculación de manera de lograr la integración energética efectiva entre los países, no es menos necesario que también se desarrolle el mecanismo donde los países puedan acudir en caso de que se presenten divergencias.

Haciendo analogía pura al matrimonio entre dos personas, existe todo un entramado jurídico que permite la creación y desarrollo del matrimonio, pero también existen las instancias donde los cónyuges pueden acudir en caso de discrepancias y no entendimientos. El entramado es uno solo.

Es por esta razón, y siempre en la medida que los países decidan establecer vínculos supraregionales y jurídicos, que es preciso paralelamente trabajar en un marco jurídico que permita a los países tener a donde acudir en caso de que se presenten discrepancias.

Desde la Organización Latinoamericana de Energía se está también proponiendo a los países de la región trabajar hacia la creación de un Centro de Arbitraje, Conciliación y Solución de Divergencias de temas energéticos, al cual se lo ha denominado originalmente como CLARE (Centro Latinoamericano y del Caribe de Diferencias Relativas a la Energía). A continuación, alguna de las ventajas de poder crear, desarrollar y mantener una instancia de esta naturaleza:

1) Permite tener una visión institucional sobre el tema y a su vez tener la vinculación política y de apoyo técnico para la solución de los problemas. 2) Permite concentrar las actividades y evitar la pluralidad con que actualmente se cuenta en materia de conciliación y arbitraje. 3) Permite tratar en las misma instancias temas que en la mayoría de los casos son eminentemente técnicos y necesariamente vinculados al tema de la energía. 4) Permite a los países miembros reducir notablemente los costos de resolver las diferencias, al ser el tema tratado en un ámbito regional. 5) Permite muchas veces el poder trabajar en el mismo idioma que ciertamente contribuye al entendimiento de las diferencias. 6) Permite agregar valor en las negociaciones comerciales internacionales con otros bloques económicos. 7) Da seguridad a las inversiones que se requieren para avanzar con infraestructura e integración.

Es posible tal vez enumerar algunas razones adicionales para justificar la necesidad de establecer y hacer sostenible una institución de solución de divergencias como la anotada. Lo cierto, es que todo el entramado jurídico anotado de la “Carta Energética”, así como el de “Solución de Divergencias”, debe ser fruto de una madurez y voluntad políticas de los países de la región, para así avanzar en una consigna aclamada por todos que es la integración energética.

 

* Secretario ejecutivo de la Organización Latinoamericana de Energía (Olade)

Edita Asesores de Publicaciones S.L.