| Sigue dando quehacer ese panel lumínico que los diplomáticos estadounidenses se han empeñado en mantener desde el quinto piso de sus oficinas de La Habana a pesar que después del rápido crecimiento del “bosque” de las 138 banderas negras desde el ala este del Malecón habanero, que las autoridades cubanas decidieron colocar, no hay dios que pueda leerlo.
Precisa el viandante acercarse mucho, lo permitido, para leer de costado los titulares de diversas noticias y meditar en torno a frases de gente célebre y no tan célebre. El cubano medio y aún más, al que para nada le interesa la política, no puede menos que sentir lacerado su orgullo de gente, de persona que ha estudiado, que mucho ha leído (bueno y malo), que sabe conversar, pensar y también manipular un radiorreceptor de los más baratos del mercado y escuchar noticias de medio mundo. A ese cubano no le hace falta en modo alguno que alguien le explique –y vaya de qué forma- qué es la libertad y cómo conseguirla porque desde hace mucho tiempo lo sabe.
De igual manera, que sea un extranjero quien en tu propia casa intente tocarte las bolsas viriles preguntándote cómo deseas el color de la matrícula de ese coche al que muchos, por no decir todos, aspiran a tener algún día.
Los rótulos, querido lector, no están llamados a cubrir esa ausencia de noticias que en ocasiones, a merced de la tardanza, llegan ya como historia, o de otros motivos que le impiden acceder a cualquier medio. No señor, se trata de una intención puramente hostil, provocadora, para buscar reacciones y echar más leña al fuego.
Cuba es lo que es y sólo a los cubanos corresponde determinar el derrotero a tomar, que ojalá nunca apunte hacia el norte en un plano servil y de traspatio de la gran potencia.
Muchas, muchísimas preocupaciones tiene hoy día el cubano para que nada más ni nada menos sea al Tío Sam a quien debamos prestar la máxima atención.
Si al final de todo –y tomo uno de los rótulos más recientes salidos del ingenio de Mark Twain–, “es la diferencia de opinión la que hace competir a los caballos”, pues no habrá otra alternativa que esa, que echen a correr los caballos. |