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que Washington hizo público su proyecto presupuestario para
2007, la alarma ha cundido entre buena parte de la profesión
médica y entre algunos colectivos específicos de enfermos
a quienes los hombres del presidente han decidido retirar completamente
las aportaciones del Estado. No es extraño, en un presupuesto
de 2,8 billones de dólares, donde el gasto en defensa, armamento
y seguridad ocupa las principales partidas para una nación
aún en guerra, los técnicos del entorno de Bush han
tenido que realizar un trabajo minucioso de localización
de subvenciones que consideran prescindibles.
Y lo han realizado bien, con una técnica
cuidadosa y perversa que, según han descrito estos días
varios columnistas de la prensa estadounidense se basa en terminar
con programas que afectan a colectivos concretos, no muy numerosos
y lo suficientemente aislados entre sí, para que no puedan
organizarse como grupo de protesta. Sólo hay un problema.
La manía de alguna prensa de realizar el seguimiento de cada
tijeretazo, hablar con cada grupo de afectados y, lo que es peor,
el artículo publicado hoy por el ´The Washington
Post´, donde se presenta una enumeración exhaustiva
y significativa que da idea de la verdadera magnitud de los pequeños
recortes y de la posibilidad de que tengan una trascendencia política
superior a la que les correspondería atendiendo sólo
a las poco voluminosas cifras de cada caso individual.
El artículo en cuestión ha salido
de la pluma de Ceci Conolly, una de las últimas bestias negras
de los responsables de comunicación del inquilino de la Casa
Blanca. Y ha removido un poco más las ya turbulentas aguas
de los ´blogs´ políticos estadounidenses. Conolly
detalla que el Estado dejará de pagar, entre otras cosas,
las terapias educacionales para los familiares de los enfermos de
alzheimer, la clínicas de las reservas indias, buena parte
de los servicios de urgencia de las comunidades rurales, el registro
nacional de la enfermedad de Lou Gehrig, el presupuesto de 1.000
millones de dólares de concesiones sanitarias a los estados
y el presupuesto del centro para la rehabilitación de paralíticos
fundado por el actor Christopher Reeve, aquel viejo ´superman´,
y su mujer Dana.
Algunos de los recortes aplicados son casi
humillantes para quienes están a punto de quedarse sin cheque.
Por ejemplo, el ahorro de 1,5 millones de dólares en el presupuesto
de desfibriladores para los enfermos cardíacos de la Asociación
Americana del Corazón. Una enfermedad que, por cierto, ocasiona
cada año bastantes más muertes que el terrorismo islámico
porque es la primera causa de fallecimientos de la población
estadounidense.
El senador Edward Kennedy, el más temido
radical demócrata, según la descripción habitual
de Bush ya ha enarbolado la bandera política que puede unir
a estos colectivos dispersos. Kennedy ha prometido buscar apoyos
parlamentarios para estas causas en ambos partidos. Y tal como van
las encuestas de popularidad del presidente. A lo mejor los encuentra.
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