Viernes 17 de febrero de 2006
 
El presupuesto federal para 2007 elimina muchos programas sanitarios
 
Bush se olvida de los enfermos

Americaeconomica.com

 

Desde que Washington hizo público su proyecto presupuestario para 2007, la alarma ha cundido entre buena parte de la profesión médica y entre algunos colectivos específicos de enfermos a quienes los hombres del presidente han decidido retirar completamente las aportaciones del Estado. No es extraño, en un presupuesto de 2,8 billones de dólares, donde el gasto en defensa, armamento y seguridad ocupa las principales partidas para una nación aún en guerra, los técnicos del entorno de Bush han tenido que realizar un trabajo minucioso de localización de subvenciones que consideran prescindibles.

Y lo han realizado bien, con una técnica cuidadosa y perversa que, según han descrito estos días varios columnistas de la prensa estadounidense se basa en terminar con programas que afectan a colectivos concretos, no muy numerosos y lo suficientemente aislados entre sí, para que no puedan organizarse como grupo de protesta. Sólo hay un problema. La manía de alguna prensa de realizar el seguimiento de cada tijeretazo, hablar con cada grupo de afectados y, lo que es peor, el artículo publicado hoy por el ´The Washington Post´, donde se presenta una enumeración exhaustiva y significativa que da idea de la verdadera magnitud de los pequeños recortes y de la posibilidad de que tengan una trascendencia política superior a la que les correspondería atendiendo sólo a las poco voluminosas cifras de cada caso individual.

El artículo en cuestión ha salido de la pluma de Ceci Conolly, una de las últimas bestias negras de los responsables de comunicación del inquilino de la Casa Blanca. Y ha removido un poco más las ya turbulentas aguas de los ´blogs´ políticos estadounidenses. Conolly detalla que el Estado dejará de pagar, entre otras cosas, las terapias educacionales para los familiares de los enfermos de alzheimer, la clínicas de las reservas indias, buena parte de los servicios de urgencia de las comunidades rurales, el registro nacional de la enfermedad de Lou Gehrig, el presupuesto de 1.000 millones de dólares de concesiones sanitarias a los estados y el presupuesto del centro para la rehabilitación de paralíticos fundado por el actor Christopher Reeve, aquel viejo ´superman´, y su mujer Dana.

Algunos de los recortes aplicados son casi humillantes para quienes están a punto de quedarse sin cheque. Por ejemplo, el ahorro de 1,5 millones de dólares en el presupuesto de desfibriladores para los enfermos cardíacos de la Asociación Americana del Corazón. Una enfermedad que, por cierto, ocasiona cada año bastantes más muertes que el terrorismo islámico porque es la primera causa de fallecimientos de la población estadounidense.

El senador Edward Kennedy, el más temido radical demócrata, según la descripción habitual de Bush ya ha enarbolado la bandera política que puede unir a estos colectivos dispersos. Kennedy ha prometido buscar apoyos parlamentarios para estas causas en ambos partidos. Y tal como van las encuestas de popularidad del presidente. A lo mejor los encuentra.

Edita Asesores de Publicaciones S.L.