| El
pésimo estado de la mayoría de las carreteras brasileñas
y la escasez de personal público que se encargue de administrarlas
ha obligado al Gobierno de Lula da Silva a recurrir nuevamente a
la iniciativa privada para que gestione varias de las autopistas
del país que se pretende reconstruir. La decisión
parece ser otra de las estrategias del presidente brasileño
para incrementar las arcas fiscales frente a los datos ofrecidos
sobre el escaso crecimiento económico de Brasil durante 2005.
Según el Instituto Brasileño
de Geografía y Estadística (IBGE), el PIB del país
creció un 2,3% en 2005, menos de la mitad que el de 2004,
un 4,94%, aunque rigurosamente en línea con lo que esperaban
los economistas. Entre los sectores productivos, los mejores datos
son los obtenidos por la industria, con una expansión anual
del 2,5%. En el otro lado, la agricultura registro una varíación
del 0,8%, la menor desde 1997, debido a los problemas climáticos
que perjudicaron principalmente a la zafra de soja.
Por el momento, y previo a estos resultados,
la Administración de Lula va a sacar a concurso la adjudicación
de siete nuevas autopistas (que suman una longitud de 2.500 kilómetros)
y que se enmarcan dentro de coloboraciones público-privadas,
según ha podido saber Americaeconomica.com. Se espera
que el proceso de licitación se inicie entre los meses de
abril y mayo, una inciativa que permitirá al Gobierno y las
compañías no estatales participar conjuntamente en
la mejora de las carreteras.
Ya hay empresas españolas interesadas
en el proyecto. Fuentes de la constructora Sacyr Vallermoso aseguraron
a este diario que estudiarán los pliegos de las licitaciones
cuando se hagan oficiales, con el objetivo de participar en el concurso.
La empresa tiene presencia en Brasil a través de su filial
portuguesa Somague, con la que explota dos autopistas en Sao Paolo
y cuyas concesiones vencen en 10 años. La también
española OHL, tal como reveló el diario Cinco
Días, intentó sin éxito comprar estas
carreteras tras un breve contaco con los directivos de Sacyr a principios
de febrero.
Pero la inversión privada no es la única
alternativa que baraja Lula para hacer frente al mal estado de sus
carreteras. La Administración brasileña evalúa
ceder al Ejército del país la gestión de algunas
vías, según han confirmado a Americaeconomica.com
personal cercano al cuerpo militar, quienes sin embargo no han sabido
precisar la fecha de esta concesión.
El objetivo de esta decisión, que aún
no ha sido estudiada a fondo por el Parlamento, es asignar al Ejército
operaciones, que si bien no son estrictamente militares, sirvan
para hacer frente a la falta de personal en la gestión de
algunas infraesctructuras. Además, las lluvias que han azotado
al país durante los últimos meses han empeorado la
situación y el estado de las carreteras.
No obstante, este planteamiento no es novedoso y la Administración
de Lula ya lo había analizado en varias ocasiones aunque
en opinión de algunos expertos, "el tema se ha puesto
de moda", por la cercanía de las elecciones presidenciales.
El aumento de presencia militar podría haber incomodado a
varios partidos políticos, pero los más de 180 millones
de ciudadanos que tiene Brasil no parecen sentirse preocupados.
De hecho, el Ejército es una de las instituciones más
valoradas entre los brasileños, que hasta el momento no se
ha visto implicado en casos de corrupción.
Otros planes. Además de los proyectos de
carreteras, es necesario destacar la pretensión de Lula de
querer dar un impulso al sector de la vivienda. El presidente brasileño
ha anunciado que ofrecerá 18.700 millones de reales (7.354
millones de euros) en financiamiento habitacional, tanto para la
compra como para la construcción. Estos fondos provendrán
de la banca privada y la pública, según informan las
agencias de noticias internacionales.
Además, el Gobierno de Lula ha aprobado una reducción
de impuestos del 5% para los 28 materiales de construcción
y se reducirá a cero un gravamen del 5% que se aplicaba a
otros 13 artículos. Estas medidas permitirán que la
construcción vuelva a ser parte significativa del PIB, tal
como afirmó el mandatario brasileño en declaraciones
a los medios de comunicación locales.
Todo parece indicar que estás decisiones han vuelto a beneficiar
la imagen del presidente. La última encuesta presentada por
la consultora Datafolha revela que Lula vencería a su principal
rival José Serra, el aspirante del opositor Partido de la
Social Democracia Brasileña (PSDB). En la primera vuelta,
el mandatario brasileño recibiría el 39% de los votos
frente al 31% que conseguiría Serra. En el segundo turno,
el actual presidente vencería con el 48% del respaldo popular
contra el 43% que obtendría el alcalde de Sao Paolo. Esta
es la prima vez desde el pasado mes de agosto en la que Lula vencería
a Serra en la segunda vuelta.
Estos datos superan las cifras publicadas por el Instituto Sensus,
que otorgaban al presidente brasileño 47,6% de los votos,
diez puntos porcentuales más que a su rival, con lo que Serra
dejaba de ser el favorito en las encuestas. La escalada de Lula
coincidió además con una caída de riesgo país
a su mínimo histórico, al registrar 225 puntos básicos
(ppb) con relación al diferencial de las emisiones de deuda
del Tesoro de EEUU.
Varios analistas económicos consultados por Americaeconomica.com
calificaron de injustificable la caída tan brusca de
este indicador, de la misma forma que tildaron de irrazonable los
2.400 ppb que marcó en 2002. Los expertos opinan que la nación
presidida por Lula es inestable y con elevadas desigualdades sociales
ya que, por ejemplo, el 50% de los 180 millones de brasileños
viven en condiciones de extrema pobreza y muchos de ellos cobran
dos dólares (1,6 euros) al día. Además, las
mismas fuentes recordaron que Brasil es el mayor país deudor
entre las naciones emergentes y que su déficit a finales
del año pasado se equiparó al 51,65% del Producto
Interior Bruto (PIB).
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