| El
consejero delegado de Wal-Mart, Lee Scott, pasa estos días
por una crisis de popularidad entre empleados, clientes y ciertos
grupos de accionistas de la mayor cadena de distribución
del mundo. La culpa la tiene un anónimo disidente que se
encuentra entre los mandos de la empresa a quienes Scott consideraba
más cercanos. Desde allí, ha surgido la filtración
que, una vez hecha pública por el New York Times
ha convertido oficial, lo que es un dato más que conocido
en casi todos los ambientes relacionados con la información
económica, o la comunicación corporativa: la existencia
de un doble lenguaje muy vigente entre los directivos de las grandes
empresas mundiales de hoy.
Existe, desde luego el lenguaje oficial, lleno
de eufemismos y justificaciones con argumentarios casi imposibles
elaborados por especialistas. Pero también, el personal,
que sólo conocen los círculos más cercanos
y que muestra, en ocasiones, los más que dudosos principios
éticos de los altos ejecutivos. Y, las verdaderas opiniones
del máximo responsable de Wal-Mart, han llegado a todos los
estadounidenses por culpa de un traidor que entregó a un
colectivo de internautas activistas conocido como “Wal-Mart
Watch”, los mensajes confidenciales enviados durante más
de dos años por el consejero delegado a un amplio grupo de
directivos de su entorno más cercano y a algunos mandos intermedios
seleccionados. El problema es que la verdadera cara de Scott no
resulta presentable.
En estas comunicaciones directas, Scott muestra, por ejemplo, su
escasa preocupación porque los empleados pierdan las coberturas
sanitarias, su dureza en algunos asuntos que le han costado a Wal-Mart
millones de dólares en los tribunales y su desprecio por
los activistas sindicales. Los portavoces oficiales de estos grandes
almacenes insisten en que se ha descontextualizado lo escrito por
el consejero delegado de la empresa que, en estos mensajes, utiliza
un lenguaje más cercano y comprensible y, por supuesto, confidencial,
motivo por el que podría aparecer ante la opinión
pública como un hombre de dudosa moral, cuando, en realidad,
se trata de ejercicios de sentido del humor.
Tal vez, pero es un humor muy curioso. Sobre todo, porque los mensajes
están escritos para que sean leídos por un colectivo
amplio. No son correos personales. Provienen de un “blog”
llamado el “Garaje de Lee”, sólo conocido por
aquellos directivos y mandos intermedios a quienes se consideraba
hasta ahora núcleo duro, en el que Scott solucionaba dudas
sobre temas candentes, realizaba confidencias, o daba instrucciones.
Una estrategia revolucionaria que ha fracasado por culpa de la
filtración, pero que se basaba en hacer sentir a los elegidos
con acceso a la filosofía del presidente expresada en un
blog cerrado para casi todos, como una especie de grupo de élite,
con responsabilidad de llevar a la empresa a lo más alto.
Aunque para ello hubiera que prescindir de ciertos escrúpulos.
Algo que no ha podido hacer el responsable de la filtración.
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