|
El Gobierno de Argentina se ha movilizado para
tratar de poner fin a los obstáculos que la empresa estadounidense
Monsanto, especializada en el desarrollo de tecnología transgénica
para la agricultura, está poniendo a las exportaciones de
soja argentina. Miguel Campos, secretario de Agricultura del país
austral, se desplazó hasta Washington para reunirse con altos
directivos de la Administración estadounidense con el objetivo
de tratar, entre otros aspectos, el contencioso que la multinacional
estadounidense mantiene con el sector sojero argentino. Sin embargo,
aparentemente no consiguió alcanzar un compromiso firme del
subsecretario de Agricultura Exterior de EEUU, John Penn, que aseguró
que ha tomado nota de las peticiones de Campos y que espera que
el conflicto se encamine hacia una solución.
Monsanto mantiene que se ha visto obligada
a solicitar la retención en las aduanas europeas de varios
cargamentos de soja argentina y derivados (como harina y aceite)
y ha iniciado acciones judiciales para que los jueces dictaminen
si existe una infracción de la patente. La empresa afirma
que los productores argentinos hacen uso ilegítimo de unas
semillas transgénicas que Monsanto tiene patentadas en Europa
pero no en Argentina. Denuncian que los agricultores usan las semillas
transgénicas y luego, parte del grano de sus cosechas lo
reutilizan como semillas para las siembras posteriores y que gracias
a esta práctica han conseguido aumentar su producción
y sus beneficios.
"Monsanto solicitó la patente en
1996 al tiempo que iniciaba la comercialización pendiente
de patente. Esta solicitud fue rechazada en 2001 en circunstancias
controvertidas. Mientras tanto, el cultivo de las variedades de
soja que contiene nuestra tecnología ha permitido que el
cultivo de la soja se extienda en Argentina de una forma mucho más
rentable. Desde hace más de dos años hemos establecido
distintas discusiones que no han conducido a resultado alguno. Por
tanto, nos hemos visto obligados a ejercer nuestros derechos en
Europa", aseguraron fuentes de la empresa a Americaeconomica.com.
Sin embargo, los productores argentinos no
comparten esta opinión. En declaraciones a este medio, Luis
Contigiani, un portavoz de la Federación Agraria Argentina
(FAA), que agrupa a pequeños y medianos productores del campo,
aseguró que la actitud de Monsanto en Europa es un abuso
sobre los agricultores y forma parte de una estrategia de la empresa
matriz para sacar unos beneficios económicos de casi 120
millones de dólares (más de 100 millones de euros).
"La actitud de Monsanto es ilegal. No
patentó las semillas porque se le pasó el plazo para
hacerlo. Monsanto liberó el gen de las semillas en Argentina
y ahora quiere cobrar por ello a través de una estrategia
en Europa, donde sí tiene la patente. Pero además,
la patente es sobre las semillas, no sobre la harina y el aceite
de soja", indicó Contigiani.
Transgénicos. Argentina
permitió la agricultura transgénica en 1996. En esa
fecha, Monsanto introdujo en el país unas semillas transgénicas
que fueron muy bien acogidas por los agricultores argentinos, ya
que daban a la planta de la soja una gran resistencia contra el
glifosato (poderoso herbicida que acaba con las malas hierbas).
Sin embargo, Monsanto no patentó estas semillas, sino que
las distribuyó a través de licencias con otras empresas
del país. La legislación argentina no permite la patente
de productos que estén en la naturaleza y por ello capacita
a los agricultores a usar sus propio grano como semilla, siempre
de forma individual y nunca para venderlo directamente.
Y entre los productores y la multinacional
están los exportadores de soja argentinos. Los exportadores
buscan encontrar una solución al conflicto para poder reanudar
su comercio con Europa, destino del 27% del total de las exportaciones
de la leguminosa argentina. Representantes de la Cámara de
Industria Aceitera de la República Argentina (Ciara), uno
de los principales colectivos de exportadores de soja, aseguran
estar muy preocupados por la situación pero añadieron
que su sector no es una parte relevante en la solución del
conflicto. Por ello volvieron a insistir en la necesidad de que
productores, Gobierno y la propia empresa lleguen a un acuerdo.
Soluciones. Monsanto solicita
un mecanismo de reconocimiento de su tecnología que implique
un valor razonable y que satisfaga a todas las partes. Algunas fuentes
han establecido que la empresa podría recaudar tresdólares
por cada tonelada exportada, algo de lo que portavoces de Ciara,
consultados por este medio, se muestran partidarios pero que los
agricultores rechazan. "Es una propuesta inviable e ilegal,
porque supondría pagar dos veces por una misma cosa. Además,
el desarrollo de esta tecnología no habría sido posible
sin la aportación de los agricultores argentinos que han
puesto a disposición de ella sus cultivos", aseguraron
fuentes próximas a los productores, que añadieron
que la solución pasa porque la multinacional cese su actitud.
Además, los agricultores están
preocupados por la situación y temen que les pueda perjudicar
gravemente. "Los importadores de soja Argentina en España
y otros puntos de Europa se ven obligados a pagar una fianza de
entre 18 y 20 dólares (entre 15 y 17 euros) por tonelada
para recuperar sus mercancías. Estas empresas pueden pedir
a los exportadores que corran con los gastos y éstos a su
vez pueden sentirse tentados a pagar menos a los agricultores por
la soja para recuperarse. Tres dólares por tonelada significa
unas pérdidas de 120 millones de dólares al año
(101 millones de euros), ya que Argentina exporta 40 millones de
toneladas", añadieron fuentes próximas a los
agricultores.
|