Viernes 24 de febrero de 2006
 
La muerte viaja
Aurelio Pedroso (La Habana)
 
Esta vez la salida ilegal hacia tierra miamense ha sido noticia de la prensa local cubana porque en la costa, a media mañana y en medio de una estampida a toda velocidad, los peculiares viajeros dejaron el cadáver de una mujer aún no identificada públicamente.

Más que una novela de horror y misterio, el drama continúa. Sin ninguna estadística de fiar, no dudaría mucho en afirmar que no ha existido evento militar, de acciones terroristas contra la isla o catástrofes naturales en que hayan muerto tantos cubanos de las más diversas edades, sexos, oficios o profesiones.

El último incidente acaba de ocurrir en una playa norteña de La Habana, con todos los ingredientes necesarios para suponer una nueva acción de traficantes humanos. Tanto las autoridades cubanas como las estadounidenses ya conocen que la lancha modelo Escorpión, con folio FL1186EY, de 36 pies de eslora y dos señores motores de 250 caballos de fuerza, pertenece a Raúl Bermúdez Álamo, con residencia en Pembroke Pines, en Broward. La justicia ahora toma el timón.

Desde hace largo tiempo, esta modalidad ha ido en aumento y desde Miami es raro el día en que no se acerquen lanchas rápidas en busca de personas por las cuales se han pagado a los traficantes entre 8.000 y 10.000 dólares por cabeza.

La otra opción es lanzarse a la mar con métodos rústicos –los llamados “balseros”- con enormes posibilidades de no llegar o cuando menos ser deportados. Y es que la Ley de Ajuste Cubano sólo beneficia a los que ponen un pie en territorio de EEUU. Pies secos, pies mojados. El canto de la sirena gringa no es para nada complicado y sí macabro: si llegas, te recibo; si no llegas, te devuelvo. Un juego a la muerte por razones políticas que no recibe ningún otro ciudadano de este mundo. Sólo para cubanos.

Y cubanos sobran, desgraciadamente, para poner en juego su propia vida y la de su familia.

El pasado año se marcó un récord en intercepciones en alta mar por parte de los guardacostas de EEUU. ¿La cifra? 2.952. En lo que va de 2006, la suma asciende a 378, según fuentes oficiales de ese país.

La alentadora, pero no menos sanguinaria, Ley de Ajuste por un lado y las penurias del día a día en la isla son los dos componentes fundamentales a la hora de analizar esta trágica situación que ha enlutado a más de una familia cubana viva donde viva.

El éxodo es imparable fundamentalmente entre gente joven que desea emigrar de manera tan riesgosa ante un grupo de trabas e impedimentos que ambas partes ponen sobre el terreno porque a partir de un análisis sereno, sin pasiones, se han dado casos auténticamente kafkianos.

Ahí están los muertos, los ahogados, los desaparecidos. Ahí están también los vivos aspirantes a otra vida o a una muerte ni tan siquiera soñada. Y también están, los que aún confían en que vivir en la isla es para morir en ella o por ella.

Edita Asesores de Publicaciones S.L.