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Las cinco roturas en menos de un año del conducto
del proyecto gasífero de Camisea, uno de los programas
de inversión más importantes del país,
han llevado al Gobierno peruano a plantearse la necesidad
de auditar el proyecto para determinar las causas de los
incidentes. El primer ministro del país, Pedro Pablo
Kuczynski, ha advertido que se podría tratar de un
sabotaje.
De momento, una comisión
del Ministerio de Energía y Minas (MEM) ha viajado
a Cusco, donde está instalado el conducto, para conocer
in situ los pormenores del último incidente
y precisar si hubo intervención de manos ajenas en
los destrozos. De ser así, se cortará el trozo
de tubo averiado y se enviará a EEUU para que sea
analizado en los laboratorios.
Además, la Administración
peruana, que ha mostrado su preocupación ante los
incidentes, tiene la intención de contratar a una
empresa especializada para estudiar las causas de las últimas
explosiones en el conducto de Camisea, aunque para ello
será necesario estudiar los términos del contrato.
El consorcio que opera en el proyecto está formado
por las compañías Hunt Oil, con un 50% del
capital, SK Corporation con un 30% y Repsol YPF con un 20%.
En malas condiciones.
El ex ministro de Energía y Minas Carlos
Herrera denunció que el director general de Hidrocarburos
del MEM, Gustavo Navarro, reconoció que en tres de
los cinco incidentes se había detectado porosidad
en las soldaduras, lo que supone en su opinión, que
estaban mal hechas.
Además, la semana pasada
la consultora estadounidense E-Tech en un informe entregado
al Banco Interamericano de Desarrollo (BID), que financia
parte del programa, calificó de fracaso la construcción
del conducto y advirtió que existen elevadas probabilidades
de más derrames en las próximas semanas.
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