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La representación de la Iglesia católica brasileña
ha manifestado sentirse en contra de las políticas
tanto económicas como sociales aplicadas por el presidente
del país, Lula da Silva, durante los últimos
meses. La Conferencia Nacional de Obispos de Brasil (CNBB)
aseguró que la actual Administración ha frustrado
las expectativas de la sociedad que esperaba medidas más
eficaces de distribución de la renta y de combate
a la desigualdad.
El secretario general de la
CNBB, Odilo Pedro Scherer, calificó, en rueda de
prensa, a Brasil como un paraíso financiero, en alusión
a las ganancias obtenidas por los principales bancos del
país en 2005. En este sentido, Bradesco e Itaú
revelaron en sus informes la semana pasada haber conseguido
los mayores ingresos de su historia el año pasado,
con 2.575 millones de dólares (2.172 millones de
euros) y 2.345 millones de dólares (1.798 millones
de euros) respectivamente.
Además, el arzobisco
en Sao Paulo, Claudio Hommes, criticó el bajo crecimiento
del Producto Interior Bruto (PIB) de Brasil en 2005, que
registró un 2,3%. El representante de la Iglesia
católica en esta capital subrayó que el PIB
es inferior al que se estimaba y poco más elevado
que se ha alcanzado en Haití.
Por su parte, el diputado del
gubernamental Partido de los Trabajadores (PT) Marco Maia,
admitió el derecho de la Iglesia a tener una posición
en temas políticos y económicos aunque destacó
las conquistas logradas por la gestión de Lula. El
legislador del PT mencionó como ejemplos la creación
de 3,7 millones de nuevos puestos de trabajo y el aumento
del 17% el salario mínimo de los trabajadores, que
en abril pasará de 300 a 350 reales (de 109 a 127
euros).
Aprovechando la intervención
de ambas personalidades del catolicismo, un programa de
televisión brasileño lanzó una encuesta
a sus telespectadores en la que se preguntaba si la Iglesia
debía tener una posición en relación
a las políticas aplicadas por Lula. De los que respondieron,
un 61% se mostraron de acuerdo, frente al 39% que se manifestaron
en contra.
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