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El Gobierno argentino sólo ha conseguido
el apoyo de los alcaldes kirchneristas para su plan anti-inflacionista.
Únicamente los 30 alcaldes de la provincia de Buenos Aires
aliados al Gobierno han revocado el aumento de los impuestos municipales.
Los más de 80 alcaldes de esta región elevaron el
pasado mes de enero los tributos locales, un porcentaje que rondaba
el IPC que se registró en 2005, que alcalnzó el 12,3%.
El compromiso sólo lo han asumido los alcaldes aliados a
Kirchner. Los 50 restantes mantendrá la subida contributiva,
pero seguirán negociando en el seno de la Federación
Argentina de Municipios (FAM). El Gobernador de Buenos Aires, Felipe
Solá, ha sido quien ha impulsado esta reducción de
impuestos, después de que lo sugiriera el presidente Néstor
Kirchner, para intentar frenar la inflación.
El presidente Kirchner conoció el miércoles la decisión,
durante una reunión con los miembros representantes de la
Federación Argentina de Municipios (FAM), que lidera Julio
Pereyra. Un encuentro que ha tenido un modesto resutaldo. Menos
de la mitad de las alcaldías de Buenos Aires volverán
a los impuestos municipales vigentes el año pasado y los
mantendrán inalterables durante todo lo que resta de año.
Desde el pasado mes de noviembre, cuando la ministra de Economía,
Felisa Miceli, sustituyó a Roberto Lavagna, el Ejecutivo
argentino inició una ardua lucha inflacionista. En ese mes,
el IPC acumulado desde enero ya sobrepasaba los pronósticos
oficiales, que situaban a este índice en el 10,5%.
La inflación. A partir de ese momento,
el nuevo equipo económico de Kirchner puso en marcha un programa
que consistía en pactar precios con los supermercados y los
productores de alimentos. A pesar de ese varapalo, el Gobierno de
Kirchner podría comenzar a cosechar los éxitos de
su plan anti-inflacionista. Algunos analistas económicos
independientes aseguran que el IPC de febrero oscilará entre
el 0,7% y el 0,9%. Esta no es la única buena noticia para
el Ejecutivo: la tasa de desempleo ha descendido al 10,1%, la cifra
más baja de los últimos 10 años.
El analista independiente Orlando Ferreres, que fue viceministro
de Economía durante el Gobierno de Menem, ha asegurado a
la agencia Telam, que en un principio su estimación
situaba a la inflación de febero en torno al 0,6%, pero que
el incremento de algunos alimentos, entre ellos la carne, podría
incrementar este pronóstico en uno o dos puntos porcentuales.
Un pequeño ascenso que aún mantendría por debajo
del 1% el IPC del pasado mes. Daniel Artana, miembro de la Fundación
de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (Fiel) considera
que la inflación alcanzará como máximo el 0,8%.
Pero los ganaderos descartan que la carne vaya a tener repercusión
alguna en el IPC. Fuentes de la Sociedad Rural Argentina (SRA) han
aseguado a Americaeconomica.com que de momento se descarta
que se pueda producir un aumento de los precios de la carne que
se dejara notar sensiblemente en la inflación del mes de
marzo.
Ernesto Ambrosetti, un portavoz de la SRA, ha declarado que, aunque
estos últimos días ha habido un descenso en la oferta
de carne argentina en los mercados debido a la sequía que
azota el país, febrero y marzo son tradicionalmente meses
poco productivos, por lo que esta reducción del producto
no debería afectar más de lo habitual los precios.
Además, añadió que en marzo se espera que vuelva
a aumentar la producción.
Expectativas. Estos pronósticos son muy
buenos para el equipo económico de Kirchner. En los últimos
días del pasado mes de enero, la ministra de Economía,
Felisa Miceli, anunció que el IPC de ese mes se quedaría
por dejado del 1%. Sin embargo, los expertos no opinaban lo mismo
y auguraban que el IPC alcanzaría el 1,5%. Al final, el Instituto
de Estadística argentino no dio la razón a ninguna
de las dos partes y reveló que la inflación era del
1,3%.
Además de este adelanto macroeconómico, el Gobierno
de Kirchner también está muy satisfecho con la reducción
de la tasa de desempleo al 10,1%. Un buen dato que, según
el ministro de Interior, Aníbal Fernádez, se pone
de manifiesto en la reducción de "piqueteros".
Según los datos del Ministerio las protestas de los desempleados
han descendido de una media de 3.000 al mes a comienzos de 2002
a menos de 30 en la actualidad.
Pero este no es el único asunto económico que ocupa
al equipo económico de Kirchner. El comercio con sus países
vecinos, sobre todo con Brasil, sigue siendo una cuestión
pendiente. Esta semana, Argentina y Brasil han dado un paso más
hacia hacia la liberación de su comercio de automóviles.
Ambos gobiernos han prorrogado el actual acuerdo sobre el sector
del automóvil hasta el próximo mes de julio. Durante
los cuatro meses que restan, ambas partes intentarán negociar
un texto definitivo que podría incluir una fecha para el
inicio del libre comercio en uno de los únicos sectores del
Mercosur que funciona con un esquema administrado, según
informa el diario argentino Clarín.
Relaciones económicas con Brasil. El documento
fue distribuido ayer por el Ministerio de Economía argentino
y señala siete puntos sobre los que ambos gobiernos discutirán
un nuevo régimen automotor que sustituya al que concluyó
el pasado 1 de enero. Mientras tanto, y hasta el 1 de julio, seguirá
vigente el régimen actual de intercambio: por cada dólar
que se importe, podrán exportarse 2,6 dólares. Una
de las diferencias centrales entre las posturas de los dos países
es que los brasileños quieren que se fije una fecha para
el libre comercio, mientras Argentina quiere evitar ese compromiso,
según apunta la misma fuente.
Además, las relaciones comerciales de Argentina con las petroleras
internacionales se encuentran en una etapa positiva. Esta semana,
las compañías internacionales han anuncido que aumentarán
sus inversiones en el país. Repsol YPF, Petrobras, Pan American,
Chevron San Jorge y Total, las principales petroleras que operan
en Argentina, invertirán en el país 2.500 millones
de dólares (2.108 millones de euros) durante el presente
año, según un informe difundido por la prensa argentina.
Estas cifras suponen un aumento del 15% con respecto al año
pasado, en el que las cinco empresas invirtieron 2.120 millones
de dólares (1.788 millones de euros).
Sin embargo, de estos 2.500 millones sólo unos 250 (210,8
millones de euros) se destinará a proyectos de búsqueda
de nuevos yacimientos, lo que supone apenas un 10% del total de
las inversiones. De este modo, el monto dedicado a los nuevos yacimientos
se reduce un 50% con respecto a la media de los últimos años,
en los que las cinco grandes petroleras invertían anualmente
unos 500 millones de dólares (422 millones de euros).
El petróleo. Argentina tiene reservas de
gas natural y petróleo para los próximos nueve años,
una cantidad que se ha ido reduciendo progresivamente en los últimos
años. En 2005 la producción de petróleo argentino
se redujo de los 406 millones de metros cúbicos al día
en 2004 a los 386 millones, lo que supone un descenso del 5%. La
producción de gas también descendió, aunque
lo hizo de forma más sostenida (un 1,4%). El año pasado
se sacaron 516 millones de metros cúbicos de gas diariamente.
Por ello, las autoridades argentinas han insistido en la necesidad
de encontrar nuevos yacimientos.
Según varios informes del Instituto Argentino del Petróleo
(IAP), uno de los motivos que explican esta reducción en
las inversiones para la exploración es que Argentina mantiene
unos impuestos a la exportación demasiado elevados, por lo
que las empresas deciden centrarse en los yacimientos ya localizados
y no invertir en la búsqueda de otros nuevos.
Actualmente, las petroleras Repsol-YPF (española), Petrobras
(brasileña), Total (francesa), Pan American Energy y Chevron
San Jorge (ambas estadounidenses) concentran más del 80%
del negocio de los hidrocarburos en Argentina y controlan las principales
explotaciones.
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