|
Las críticas de los empresarios
venezolanos al Gobierno de Hugo Chávez sobre los controles
de precios son constantes. El presidente del Consejo Nacional del
Comercio y Servicios (Consecomercio), Noel Álvarez, ha explicado
a Americaeconomica.com por qué este método
no le conviene a Venezuela. En su opinión, estas regulaciones
obligan a los empresarios a elegir entre dejar de producir o rebajar
la calidad. Según Álvarez, la alternativa sería
impulsar la inversión privada, que generaría empleo
y otorgaría un buen nivel adquisitivo a los venezolanos.
-
¿Cómo valora la situación económica
de Venezuela?
-La
situación económica de Venezuela en apariencia ha
mejorado considerablemente desde la década de los noventa
hasta ahora. La percepción es que estamos en un proceso de
franco crecimiento, aunque esta impresión está por
verse. Hay que comprobar cuál es la repercusión final
de que la economía del país esté únicamente
sustentanda en los ingresos petroleros. La inversión privada
es mínima.
-
Sin embargo, los datos económicos son buenos, ¿qué
es lo que falla entonces?
- Según
los últimos datos, el crecimiento económico del país
en el último año está por encima del 10%, pero
eso no sirve para nada si no repercute en la sociedad. De qué
sirve que tengamos mucho crecimiento si cada vez tenemos más
gente con pocos recursos económicos. Lo que necesitamos de
verdad es impulsar la seguridad jurídica y la calidad de
vida de los venezolanos. En Venezuela hay mucha economía
sumergida y hay una gran necesidad de empleo estable, esto no se
puede soportar únicamente con las empresas públicas.
Hay que apoyar al sector privado para impulsar nuevas inversiones,
que son las que realmente crean empleos.
-
¿Qué es lo que frena la inversión privada?
- La
inversión privada ha descendido porque no hay confianza.
Tenemos amenazas constantes de expropiaciones de tierras y empresas,
de propiedades privadas y también estamos ahogados por los
controles de precios que establece el Gobierno de Hugo Chávez.
En términos globales, las inversiones en Venezuela han incrementado
mucho. Mientras que en la década de los setenta se cuantificaban
en más de 29.000 millones de dólares, hoy en día
están en torno a los 110.000 millones de dólares.
Sin embargo, antes el papel protagonista era del sector privado.
Ahora este papel lo tiene el Estado.
-
¿Cómo repercute este dominio del Estado en la economía
de Venezuela?
-
Venezuela tiene un Gobierno muy rico y un pueblo muy pobre. Los
beneficios del Estado no transcienden a la sociedad, salvo en contadas
ocasiones a través de los controles de precios. Esta no es
la forma correcta. Si apuestan por este método, el Ejecutivo
lo debería hacer bien. Tendría que realizar un estudio
socioeconómico y entregar bonos de alimentación a
las personas que lo necesitaran para que acudieran a los supermercados
y adquirieran lo que quieran.
-
¿Los controles de precios no son un buen remedio a esta situación?
- Nosotros
abogamos por la eliminación total del control de precios.
Hay muchas empresas que han cerrado, por ejemplo, el caso de muchas
panaderías. Sube el precio del trigo, los impuestos, pero
el precio del pan permanece inalterable desde hace años.
Esta estrategia económica es nefasta para la economía.
-
¿También es mala para los consumidores?
- La
primera impresión del consumidor final es favorable. Sin
embargo, con el paso del tiempo comprueban que esta situación
les perjudica. Los empresarios se encuentran obligados a decidir
si dejan de fabricar estos productos o lo siguen haciendo con menos
calidad. Por lo que nos encontramos con consumidores insatisfechos.
Al final, hay falta de artículos con el precio supervisado.
Si se impulsara la inversión privada se genería empleo
estable y, a su vez, estas personas alcanzarían un buen nivel
adquisitivo.
-
¿Han planteado estas cuestiones al Gobierno?
- Lo
hemos hecho, pero hay muy pocas posibilidades de que cambien de
opinión. Si valoramos la situación, tal vez, si cambiaran
les perjudicaría, podrían perder votos y popularidad.
Los pobres son un caldo de cultivo para gobiernos como el de Hugo
Chávez, que apuesta por soluciones populares que son totalmente
improvisadas, sin pensar en el largo plazo.
|