Viernes 3 de marzo de 2006
¿Existe un futuro promisorio para la hidroelectricidad?
Álvaro Ríos Roca *
 

Los precios del petróleo siguen en incertidumbre y volátiles, mayormente a raíz de los conflictos políticos y sociales y la alta especulación sobre un producto altamente inelástico, es decir, que cuando el precio sube muy drásticamente, la demanda logra reducirse muy poco, pues se trata de un producto cuyos derivados no son fáciles de sustituir.

Los países de Latinoamérica y el Caribe, principalmente aquellos con economías débiles y con alta dependencia hacia el crudo y sus derivados, han sido muy golpeados en los últimos dos a tres años por esta realidad. No podemos imaginarnos los efectos que se podrían derivar en estos mismos países, a raíz de algún problema político o social más serio que afecte los precios y los lleve mas allá de los 70 u 80 dólares/barril.

América Latina y el Caribe tienen todavía un gran potencial hidroeléctrico por desarrollar. En toda esta amplia región, hasta el año 2004, se ha desarrollado únicamente el 26% del potencial hidroeléctrico total conocido hasta la fecha. De la misma manera, las estadísticas señalan que para el mismo año, el 56% de la producción total de electricidad se generó por centrales hidroeléctricas.

Otra marcada tendencia en la región muestra que entre 1980 y 1995, la capacidad instalada de termoelectricidad crecía a una tasa promedio anual del 2,2%. En el mismo periodo, las estadísticas nos demuestran que el crecimiento de la capacidad instalada para la hidroelectricidad crecía con una tasa promedio anual del 5,5%. A partir de 1995, esta tendencia se revierte muy drásticamente y para el periodo 1995-2004, la tasa de crecimiento de capacidad instalada de termoelectricidad fue del 6,3%, mientras que para la hidroelectricidad en el mismo periodo fue del 2,6%.

Este fenómeno y cambio significativo en la participación hidroeléctrica versus térmica es posible relacionarlo con las reformas estructurales del sector energético en casi todos los países de la región. Es decir, que el capital privado prefiere invertir sus recursos en proyectos térmicos, muy en especial con gas natural, en base a las eficientes turbinas de ciclo combinado. Esto es totalmente natural porque la termoelectricidad presenta una serie de ventajas comparativas para el inversionista. Entre estas ventajas, se pueden mencionar las siguientes:

1) Un menor costo unitario de inversión inicial: de 500 a 600 dólares/megavatio (MW) para las termoeléctricas contra un costo de 1.000 a 1.500 dólares/MW para la hidroelectricidad; 2) Los altos costos unitarios hacen que el periodo de recuperación de la inversión sean mucho mas largos para la hidroelectricidad, lo que se traduce en un mayor riesgo financiero, que a su vez se ve muy agravado por la inseguridad jurídica reinante en buena parte de los países de la región; 3) Tiempos de desarrollo e implementación: donde para una central hidroeléctrica se requieren de tres a cinco años y para las termoeléctricas entre ocho meses y un año; 4) Los aspectos ambientales también juegan en contra de la hidroelectricidad en la etapa de aprobación de los proyectos, en la que se deben pasar revisiones muy severas relacionadas con la alteración del medio biótico; 5) En un ambiente de alta competitividad o cambio de las reglas de juego, una termoeléctrica puede ser trasladada a otra parte del planeta, situación que no ocurre con la hidroelectricidad, que se construye específicamente para el aprovechamiento.

Los anteriores puntos son muy conocidos en el ámbito energético, pero es vital considerar uno muy particular que pesa mucho también: el hecho de que los países desarrollados, al haber agotado su potencial competitivo de hidroelectricidad, están haciendo muy escaso desarrollo tecnológico y de mercado energético.

Si bien el desarrollo de capacidad instalada ha sido preponderantemente térmico en vista de los puntos señalados anteriormente, la coyuntura de precios del gas natural que vive, no solamente la región, sino el mundo entero, en relación a la “commoditizacion” del precio, que sigue muy de cerca los precios del petróleo y sus derivados, resulta en un hecho que debe hacer reflexionar a los actores del sector energético latinoamericano y del Caribe para dar también impulso al potencial hidroeléctrico que se tiene.

La región debe tal vez poner atención a lo que acontece en materia de desarrollo hidroeléctrico en Chile, donde hace aproximadamente 18 meses fue inaugurada oficialmente la central hidroeléctrica de Ralco, uno de los mayores emprendimientos de los últimos tiempos, no sólo en Chile, sino en toda América Latina con 690 MW.

¿Será que Latinoamérica debiera observar e imitar el modelo eléctrico chileno, que debidamente orientado y con certidumbre en las reglas de juego, está permitiendo que las restricciones que se han mencionado en la presente entrega, no sean óbice para usar un potencial energético que la región dispone en abundancia y es una alternativa económica muy viable?

* El ingeniero Alvaro Ríos Roca es el actual secretario ejecutivo de la Organización Latinoamericana de Energía (Olade) por el periodo 2006-2008. Ex ministro de Hidrocarburos de Bolivia. Experto en áreas relacionadas con el sector energético que le ha permitido desempeñarse como asesor en varios proyectos energéticos internacionales, conferencista, analista y articulista en varios medios de comunicación de América Latina.

Edita Asesores de Publicaciones S.L.