Crea fama y acuéstate a dormir. Eso es precisamente lo que ha pasado con esa sentencia acuñada desde siglos por la que a Cuba la definían como la tierra del ron, el tabaco y las mulatas, que todavía hoy día la gente se lo piensa y se lo cree.
Pues en la tierra del ron hemos comenzado un nuevo año sin él. Y para ir despejando dudas habrá que apuntar que se trata, principalmente, del ron peleón, del callejero, de ese que en moneda nacional soluciona un jolgorio hasta en una madrugada de funeraria. El otro, de mayor calidad, y de venta en divisas sólo está a la vista del cubano medio sin que intervengan las papilas gustativas en tan solemne acto de llevarse una copa a la boca.
En la isla, el ron sirve lo mismo para festejar un bien, que para enfrentar una tragedia. No por gusto existen 34 marcas comerciales y 11 fábricas, sin contar los miles de “chinchales” donde se destila al estilo casero.
Fue a principios de enero cuando un aparcacoches tullido por temperaturas que rondaban los 10 grados, me dio la voz de alerta. “Oye, mi hermano, ¿qué pasa con el ron que está perdido?”
Pues que sí que estaba desaparecido porque un buen observador hubiese podido comprobar que hasta las mesas en plena acera donde los vendían entre 40 y 60 pesos (dos y tres dólares, aproximadamente) la botella de 70 cl, brillaban por su ausencia.
Largo tiempo después, ha sido Dora Carbonel, subdirectora de producción de la Empresa de Bebidas y Refrescos, del Ministerio de la Industria Alimenticia, la que en el diario de los trabajadores, anunciara que, en efecto, faltan los insumos para fabricarlo. Un problema de materia prima que ha puesto en peligro hasta la exportación prevista para este mes.
Sin aportar muchos detalles, quienes han dado la cara a la prensa aseguran que pronto será restituido el suministro. Esperemos que así sea. El ron en Cuba es uno más dentro de la casa. No puede faltar. Resulta tan necesario como el arroz, los frijoles y la carne de cerdo, y no tan imprescindible como una taza de té a las cinco de la tarde o un Chivas Reagal de 18 años con mucho hielo y escoltado por no sé qué exquisitez foránea.
Mientras tanto, la casa ronera Havana Club Internacional se apresta a lanzar una nueva marca. Se trata del “Havana Club Máximo Extra Añejo”.
Y seguir con el “slogan” cubano, con respecto al tabaco, y ahora que estamos en pleno VIII Festival del Habano, cabe recordar que, digamos por razones de estrategia nacional, los buenos puros deben exportarse, quedando para el consumo de fumadores locales verdaderas piezas confeccionadas casi todas a máquina y dignas para ser fumadas por hombres con abundantes pelos en el pecho y de gran espíritu temerario.
De modo y manera, querido lector, que lo que sí tenemos en abundancia son mulatas. Muy buenas por cierto en todos los órdenes. Es decir, que a falta de ron y de un buen puro liado a mano y con prestigiosa anilla, ahí están ellas haciendo temblar aceras y corazones.
La Cuba de hoy, empero, es algo más que tierra de ron, tabaco y mulatas. Muchas más cosas están adornando para bien y para mal la imagen internacional de esta isla. Tantas, como para tomarse un ron. |