| En las últimas décadas, la marcha de la economía en América Latina fue lamentable y la región debe afrontar con toda seriedad el problema a la pobreza, si quiere, de una vez por todas, alcanzar un mayor crecimiento y no quedar relegada respecto de China y otras economías, por demás dinámicas de Asia.
Unos 135 millones de personas viven con menos de dos dólares diarios en América Latina. Se trata de una de las regiones con mayor inequidad económica y solamente si los estados se fortalecen a fin de revertir esta dramática situación, la región podrá acelerar su ritmo de crecimiento.
El Estado se debe, urgentemente, transformar en una herramienta efectiva que promueva la igualdad de oportunidades y practique -creemos lo más importante- una redistribución de los ingresos lo más equitativa posible para no quedar rezagada, mirando a las demás regiones.
De los 544 millones de habitantes de América Latina, un 26,85% vive bajo el nivel de pobreza, además es la región que mayor desigualdad presenta en el mundo. El 10% más rico de la población de la región percibe el 48% de los ingresos totales, mientras que el 10% más pobre solamente recibe 1,6%. Por el contrario en los países industrializados el 10% superior recibe un 29,1% del ingreso, mientras que el 10% inferior recibe un 2,5%.
El comportamiento de la economía latinoamericana es decepcionante, la pobreza está entorpeciendo el crecimiento de la región, y, a menos que se aborden las limitaciones que afectan a los pobres, seguiremos transitando un muy difícil camino.
Uruguay y Chile presentan los índices más bajos de pobreza, 5% en cada caso, seguidos por Costa Rica con un 9%, la Argentina llega al 16%. En Haití, en el otro extremo, se estima que las cifras oscilarían entre un 73% y un 83% de los habitantes. Bolivia, Ecuador, Honduras, El Salvador, Guatemala y Jamaica rondan el 40%.
América Latina se encuentra sumergida en un círculo vicioso, el alto nivel de pobreza y de desigualdad limita el crecimiento económico, lo que a su vez no permite reducir la pobreza.
Una estrategia coherente para enfrentar el flagelo sería mejorar la educación, ampliar la cobertura e impulsar inversiones en infraestructura para beneficiar zonas olvidadas por completo y aumentar el acceso de los pobres a los servicios públicos.
La lucha contra la pobreza no sólo sirve a los pobres, sino a toda la sociedad, los gobernantes deben atacarla con firmeza y en varios frentes. Que se preocupen pues. |