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Año VII - Madrid, viernes 28 de abrilde 2006
 
El Cultural
 
El modelo económico español y sus exitos según la FAES
 
España en la encrucijada

Alberto Miguel Arruti

 

Que España se encuentra en un momento difícil de su Historia, es algo evidente. Los nacionalismos, de manera especial el vasco y el catalán acechan por todas partes. Mientras que el segundo aparece, más o menos calmado por un Estatuto, que unos juzgan de máximos y otros de mínimos, el vasco se muestra con unas exigencias difíciles de contentar.

En cambio, no sucede lo mismo con los problemas económicos. Así se ha puesto de manifiesto, en un reciente encuentro, entre prestigiosos economistas, organizado por la Fundación FAES. A nivel mundial, el año 2004 fue el mejor, después de la Segunda Guerra Mundial. El año siguiente fue algo peor. En el presente, se espera que España mantenga un crecimiento del 3%, como ya lo viene haciendo desde hace bastante tiempo, lo que representa un nivel superior al de otros países de nuestro entorno. Lo que no significa que no existan problemas. Por ejemplo, la inflación, superior a la de los países de la Unión Europea. Nuestro crecimiento está basado, sobre todo, en el sector de la construcción. Lo que no deja de presentar dificultades.

Otro elemento que define el modelo económico español es la internacionalización. España es uno de los países desarrollados más abierto a las corrientes de circulación: exportaciones e importaciones de bienes y servicios. Esta apertura internacional ha conducido a que España sea hoy un país inversor, lo que significa que mientras antes era un neto receptor, se ha convertido en un país inversor de capitales en el exterior, lo que nos conduce a una participación internacional de considerable importancia.

Todos estos éxitos han sido debidos a multitud de factores. Pero, probablemente, el más importante ha sido el paso de un modelo intervenido a una economía europea. En palabras del profesor Juan Velarde, "vivimos hoy en día en una España que ha experimentado, sucesivamente, tres transiciones por este orden: la económica, la política y la social, que al conjuntarse con la Constitución de 1978, dieron lugar a una auténtica nueva España". Algunos datos resultan especialmente llamativos. Por ejemplo, en los 75 años que transcurren desde 1870 a 1935 (así se elimina el duro impacto de la Guerra Civil) el PID por habitante se incrementó en un 102,9%. En los 45 años (20 menos) que transcurren desde 1953 a 1998, el incremento fue del 404,3%. Ya se han superado aquellos tiempos en que Hemingway pudo escribir: "En España, un pobre no tiene ninguna esperanza de ganar dinero, si no es un delincuente, un torero o un tenor de ópera".

La modernización del sistema económico español, junto con la política de equilibrio presupuestario, han sido factores decisivos en la transformación de la economía española y, en definitiva, en la transformación de España.

En otra línea de cuestiones, la entrada de España en la Unión Europea ha contribuido, de manera poderosa, al mejoramiento de nuestra economía, de tal modo que, previsiblemente, los fondos que ha recibido España tienden a disminuir, pues España no es considerada como un país pobre, que necesita, de forma permanente, la ayuda exterior. Además, la Unión Europea se ha ensanchado con países del antiguo bloque comunista, los que se encuentran en una situación económica francamente negativa y que necesitan y solicitan ayuda de la Unión.

 
 

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