Que
España se encuentra en un momento difícil de su
Historia, es algo evidente. Los nacionalismos, de manera especial
el vasco y el catalán acechan por todas partes. Mientras
que el segundo aparece, más o menos calmado por un Estatuto,
que unos juzgan de máximos y otros de mínimos, el
vasco se muestra con unas exigencias difíciles de contentar.
En cambio, no sucede lo mismo con
los problemas económicos. Así se ha puesto de manifiesto,
en un reciente encuentro, entre prestigiosos economistas, organizado
por la Fundación FAES. A nivel mundial, el año 2004
fue el mejor, después de la Segunda Guerra Mundial. El
año siguiente fue algo peor. En el presente, se espera
que España mantenga un crecimiento del 3%, como ya lo viene
haciendo desde hace bastante tiempo, lo que representa un nivel
superior al de otros países de nuestro entorno. Lo que
no significa que no existan problemas. Por ejemplo, la inflación,
superior a la de los países de la Unión Europea.
Nuestro crecimiento está basado, sobre todo, en el sector
de la construcción. Lo que no deja de presentar dificultades.
Otro elemento que define el modelo
económico español es la internacionalización.
España es uno de los países desarrollados más
abierto a las corrientes de circulación: exportaciones
e importaciones de bienes y servicios. Esta apertura internacional
ha conducido a que España sea hoy un país inversor,
lo que significa que mientras antes era un neto receptor, se ha
convertido en un país inversor de capitales en el exterior,
lo que nos conduce a una participación internacional de
considerable importancia.
Todos estos éxitos han sido
debidos a multitud de factores. Pero, probablemente, el más
importante ha sido el paso de un modelo intervenido a una economía
europea. En palabras del profesor Juan Velarde, "vivimos
hoy en día en una España que ha experimentado, sucesivamente,
tres transiciones por este orden: la económica, la política
y la social, que al conjuntarse con la Constitución de
1978, dieron lugar a una auténtica nueva España".
Algunos datos resultan especialmente llamativos. Por ejemplo,
en los 75 años que transcurren desde 1870 a 1935 (así
se elimina el duro impacto de la Guerra Civil) el PID por habitante
se incrementó en un 102,9%. En los 45 años (20 menos)
que transcurren desde 1953 a 1998, el incremento fue del 404,3%.
Ya se han superado aquellos tiempos en que Hemingway pudo escribir:
"En España, un pobre no tiene ninguna esperanza de
ganar dinero, si no es un delincuente, un torero o un tenor de
ópera".
La modernización del sistema
económico español, junto con la política
de equilibrio presupuestario, han sido factores decisivos en la
transformación de la economía española y,
en definitiva, en la transformación de España.
En otra línea de cuestiones,
la entrada de España en la Unión Europea ha contribuido,
de manera poderosa, al mejoramiento de nuestra economía,
de tal modo que, previsiblemente, los fondos que ha recibido España
tienden a disminuir, pues España no es considerada como
un país pobre, que necesita, de forma permanente, la ayuda
exterior. Además, la Unión Europea se ha ensanchado
con países del antiguo bloque comunista, los que se encuentran
en una situación económica francamente negativa
y que necesitan y solicitan ayuda de la Unión.
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