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Año 2006 - Viernes, 4 de agosto
 
El Cultural
 
Según las ideas del catedrático Xavier Sala-i-Martín, no existe más economía que la liberal
 
La globalización y otras cuestiones

Alberto Miguel Arruti

 

Xavier Sala-i-Martín es un economista que distribuye su tiempo entre la Universidad de Columbia (Nueva York), en la que es catedrático, y la Universidad Pompeu Fabra, de Barcelona, en la que es profesor visitante. Ha escrito un pequeño libro, de sólo 46 páginas, con un título sugestivo, “Globalización y reducción de la pobreza”, que lleva un prólogo de Esperanza Aguirre, presidenta de la Comunidad de Madrid.

El libro constituye una defensa a ultranza de la economía de mercado, de la libre economía, ajena y opuesta a cualquier tipo de intervenciones, El autor maneja multitud de datos. Como fruto de los mismos, demuestra en el período 1980-2000, las economía han apostado por la apertura y se han integrado en la economía mundial, con Asia como ejemplo, han contemplado reducciones drásticas de sus tasas de pobreza. Y allí donde la globalización no ha llegado, como África por ejemplo, ha aumentado el número de ciudadanos en situación de pobreza. Nadie duda hoy que China y la India son dos economías emergentes que, de alguna manera, sobre todo la primera, condicionan la economía mundial. Y que Brasil y México están en condiciones de despegar hacia una plenitud económica, de la que tanto se ha hablado, pero que no ha llegado nunca. Desde un punto de vista, que pudiéramos calificar de estrictamente científico, llama la atención que las conclusiones son las mismas cuando el análisis se efectúa utilizando variables de desarrollo humano distintas de la renta, como pueden ser: disponibilidad de agua, disponibilidad de alcantarillado, acceso a la educación básica y acceso a servicios sanitarios.

El profesor Sala-i-Martín destaca la fecha de 1.820 como la fecha de la Revolución Industrial (1760 en el caso de Inglaterra). Antes de esa fecha, casi todos los ciudadanos del mundo eran igual de pobres. Había ricos, pero eran muy pocos. Casi todos vivían de la agricultura y vivían en niveles de subsistencia. Y esto pasaba en Europa, en América y en China. Con la Revolución Industrial, “la gente se hace rica” y, además, la gente “se hace cada año más rica”. “En la Inglaterra de hoy, los ciudadanos de a pie viven mucho mejor de lo que vivía el César o los reyes en el siglo XV. Tienen cosas que antes no tenían. Tienen dentistas, gafas, tienen calefacción, CDs, helados de vainilla y muñecas Barbie. Todo lo que antes no existía. Y esto empieza primero en Inglaterra”. Más tarde, en 1980 “pasan cosas fantásticas. 1.300 millones de chinos empiezan a crecer. 1.100 millones de chinos empiezan a crecer. 300 millones de indonesios empiezan a crecer. 50 millones de malayos, tailandeses, también. Más de la mitad de la población del planeta, de repente, empieza a crecer. Y lo hace al 6, al 7, al 10 por ciento. Es decir, que la mitad de los que estaban “abajo” convergen rapidísimamente hacia nuestros niveles. Y esto es la causa de que las desigualdades empiecen a bajar”.

El autor de este libro cita y se enfrenta directamente con los líderes del movimiento anti-globalización, como Ignacio Ramonet y Noam Chomsky. De este último recoge una cita: “En lo referente a las rentas, las desigualdades han crecido espectacularmente durante el período de la globalización”. Como consecuencia de esta afirmación, su autor es vapuleado sin clemencia. Si Sala-i-Martín tiene razón en todas sus afirmaciones, llegamos a la conclusión de que no existe más economía que la liberal. Lo demás son falsedades y equivocaciones. El libro abre una serie de interrogantes, al fustigar, de manera radical, cualquier forma de intervencionismo.

 
 

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