Xavier
Sala-i-Martín es un economista que distribuye su tiempo
entre la Universidad de Columbia (Nueva York), en la que es catedrático,
y la Universidad Pompeu Fabra, de Barcelona, en la que es profesor
visitante. Ha escrito un pequeño libro, de sólo
46 páginas, con un título sugestivo, “Globalización
y reducción de la pobreza”, que lleva un prólogo
de Esperanza Aguirre, presidenta de la Comunidad de Madrid.
El libro constituye una defensa
a ultranza de la economía de mercado, de la libre economía,
ajena y opuesta a cualquier tipo de intervenciones, El autor maneja
multitud de datos. Como fruto de los mismos, demuestra en el período
1980-2000, las economía han apostado por la apertura y
se han integrado en la economía mundial, con Asia como
ejemplo, han contemplado reducciones drásticas de sus tasas
de pobreza. Y allí donde la globalización no ha
llegado, como África por ejemplo, ha aumentado el número
de ciudadanos en situación de pobreza. Nadie duda hoy que
China y la India son dos economías emergentes que, de alguna
manera, sobre todo la primera, condicionan la economía
mundial. Y que Brasil y México están en condiciones
de despegar hacia una plenitud económica, de la que tanto
se ha hablado, pero que no ha llegado nunca. Desde un punto de
vista, que pudiéramos calificar de estrictamente científico,
llama la atención que las conclusiones son las mismas cuando
el análisis se efectúa utilizando variables de desarrollo
humano distintas de la renta, como pueden ser: disponibilidad
de agua, disponibilidad de alcantarillado, acceso a la educación
básica y acceso a servicios sanitarios.
El profesor Sala-i-Martín
destaca la fecha de 1.820 como la fecha de la Revolución
Industrial (1760 en el caso de Inglaterra). Antes de esa fecha,
casi todos los ciudadanos del mundo eran igual de pobres. Había
ricos, pero eran muy pocos. Casi todos vivían de la agricultura
y vivían en niveles de subsistencia. Y esto pasaba en Europa,
en América y en China. Con la Revolución Industrial,
“la gente se hace rica” y, además, la gente
“se hace cada año más rica”. “En
la Inglaterra de hoy, los ciudadanos de a pie viven mucho mejor
de lo que vivía el César o los reyes en el siglo
XV. Tienen cosas que antes no tenían. Tienen dentistas,
gafas, tienen calefacción, CDs, helados de vainilla y muñecas
Barbie. Todo lo que antes no existía. Y esto empieza primero
en Inglaterra”. Más tarde, en 1980 “pasan cosas
fantásticas. 1.300 millones de chinos empiezan a crecer.
1.100 millones de chinos empiezan a crecer. 300 millones de indonesios
empiezan a crecer. 50 millones de malayos, tailandeses, también.
Más de la mitad de la población del planeta, de
repente, empieza a crecer. Y lo hace al 6, al 7, al 10 por ciento.
Es decir, que la mitad de los que estaban “abajo”
convergen rapidísimamente hacia nuestros niveles. Y esto
es la causa de que las desigualdades empiecen a bajar”.
El autor de este libro cita y se
enfrenta directamente con los líderes del movimiento anti-globalización,
como Ignacio Ramonet y Noam Chomsky. De este último recoge
una cita: “En lo referente a las rentas, las desigualdades
han crecido espectacularmente durante el período de la
globalización”. Como consecuencia de esta afirmación,
su autor es vapuleado sin clemencia. Si Sala-i-Martín tiene
razón en todas sus afirmaciones, llegamos a la conclusión
de que no existe más economía que la liberal. Lo
demás son falsedades y equivocaciones. El libro abre una
serie de interrogantes, al fustigar, de manera radical, cualquier
forma de intervencionismo.
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