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Año VII - Madrid, viernes 22 de abril de 2006
 
El Cultural
 
Los medios de comunicación en una nueva era
 
Más preguntas que respuestas

Alberto Miguel Arruti

 

Es una ley inexorable que los tiempos cambien. Ahora como en otras épocas de la Historia. Lo que pasa es que ahora ese cambio es mucho más rápido. Lo que antes sucedía en cien años, ahora sucede en diez. Y los medios de comunicación, que son fiel reflejo de una sociedad, no son ajenos a esta situación.

Algunos ya han pronosticado que la prensa escrita está llamada aún profundo cambio, que nadie sabe como puede ser. Esa prensa tradicional, que vivía de la publicidad, de la suscripción y del quiosco está llamada a una profunda transformación, si quiere sobrevivir. Acosada por la prensa gratuita y por el ordenador, ¿Qué puede hacer? Ted Turner piensa que los diarios morirán con ´el. Gates los eliminán en el 2.020. y Thilip Meyer les da algo más de vida: su defunción la sitúa en el 2.043.

Los medios audivisuales también se encuentran en esta situación. La radio y la televisión se podrán escuchar y ver por Internet. La televisión digital, cuya venida está prevista para el año 2.010- el apagón analógico”- va a cambiar también muchas cosas. El mejor aprovechamiento del espectro radioléctrico permitirá aumentar el número de televisiones. Para el citado año 2.010, el espectador español tendrá, en abierto, más de cuarenta televisiones.


¿Cómo programar todo esto? Se habla de programaciones especializadas, que buscarán su nicho de espectadores. Es obvio que la audiencia se fragmentará hasta límites hoy insospechados. Y la publicidad, necesariamente, tendrá que experimentar un profundo cambio.

En España, tres grandes grupos controlan, prácticamente, todos los periódicos. Estos son: Prisa, Vocento y Laka. Se dice que en el mundo son nueve los grupos que controlan la información. Es evidente que el ideal de la libertad de prensa, hoy diríamos mejor, libertad de información, se encuentra muy disminuido y la libertad de información se convierte, más o menos, en una libertad formal, con escasa repercusión práctica.

Quizás, y así lo teorizan muchos, las nuevas tecnologías modifiquen sustalcialmente este panorama. Han surgido los periódicos digitales. Las grandes marcas sobre papel tienen también su correspondiente edicción digital.

Y los llamados en castellano “cuadernos de bitácora” permiten a cualquiera lanzar sus opiniones o las noticias que conozca, o que creen conocer, o que invente. Parece que hemos llegado, de este modo, a cubrir el sueño de la libertad de expresión.

En esta situación, además, proliferan los “confidenciales” o “news setter”, que pretenden dar una información inédita, que los demás no dan, porque no la conocen o, porque conociéndola, no laquieren dar. Yo definiría esta situación con dos palabras: apogeo de la confusión.

El Pew Research Center for the People the Press afirma que “la audiencia del futuro no ha adquirido el hábito de leer un periódico impreso. Casi un 22% de entre los menores de treinta años declarará de haber leido un diario el día anterior, por debajo del 29%, que tenía este hábito hace tan sólo una década. Según un informe de Outsell, “Deadline with destiny”, en el año 2.010, la industria de periódicos norteamericana se enfrentará con un déficit de 20.000 millones de dólares.

Además, el mencionado informe sostiene que el descenso de los ingresos por difusión de los diarios impresos será particularmente rápido en el caso de la audiencia de 18 a 39 años.

Clear Channel, la mayor cadena de publicidad en Estados Unidos, con más de 1.200 estaciones de radio en p`ropiedad, ha empezado a vender anuncios de cinco, dos y un segundo. Es una nueva forma de publicidad. Es la época de los “adlets” y de los “blinks”, microanuncios y anuncios relámpago, que reflejan un cambio en las técnicas publicitarias, parecido al que experimenta el periodismo en todas sus formas.

 
 

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