Es
una ley inexorable que los tiempos cambien. Ahora como en otras
épocas de la Historia. Lo que pasa es que ahora ese cambio
es mucho más rápido. Lo que antes sucedía
en cien años, ahora sucede en diez. Y los medios de comunicación,
que son fiel reflejo de una sociedad, no son ajenos a esta situación.
Algunos ya han pronosticado que
la prensa escrita está llamada aún profundo cambio,
que nadie sabe como puede ser. Esa prensa tradicional, que vivía
de la publicidad, de la suscripción y del quiosco está
llamada a una profunda transformación, si quiere sobrevivir.
Acosada por la prensa gratuita y por el ordenador, ¿Qué
puede hacer? Ted Turner piensa que los diarios morirán
con ´el. Gates los eliminán en el 2.020. y Thilip
Meyer les da algo más de vida: su defunción la sitúa
en el 2.043.
Los medios audivisuales también
se encuentran en esta situación. La radio y la televisión
se podrán escuchar y ver por Internet. La televisión
digital, cuya venida está prevista para el año 2.010-
el apagón analógico”- va a cambiar también
muchas cosas. El mejor aprovechamiento del espectro radioléctrico
permitirá aumentar el número de televisiones. Para
el citado año 2.010, el espectador español tendrá,
en abierto, más de cuarenta televisiones.
¿Cómo programar todo esto? Se habla de programaciones
especializadas, que buscarán su nicho de espectadores.
Es obvio que la audiencia se fragmentará hasta límites
hoy insospechados. Y la publicidad, necesariamente, tendrá
que experimentar un profundo cambio.
En España, tres grandes
grupos controlan, prácticamente, todos los periódicos.
Estos son: Prisa, Vocento y Laka. Se dice que en el mundo son
nueve los grupos que controlan la información. Es evidente
que el ideal de la libertad de prensa, hoy diríamos mejor,
libertad de información, se encuentra muy disminuido y
la libertad de información se convierte, más o menos,
en una libertad formal, con escasa repercusión práctica.
Quizás, y así lo
teorizan muchos, las nuevas tecnologías modifiquen sustalcialmente
este panorama. Han surgido los periódicos digitales. Las
grandes marcas sobre papel tienen también su correspondiente
edicción digital.
Y los llamados en castellano “cuadernos
de bitácora” permiten a cualquiera lanzar sus opiniones
o las noticias que conozca, o que creen conocer, o que invente.
Parece que hemos llegado, de este modo, a cubrir el sueño
de la libertad de expresión.
En esta situación, además,
proliferan los “confidenciales” o “news setter”,
que pretenden dar una información inédita, que los
demás no dan, porque no la conocen o, porque conociéndola,
no laquieren dar. Yo definiría esta situación con
dos palabras: apogeo de la confusión.
El Pew Research Center for the
People the Press afirma que “la audiencia del futuro no
ha adquirido el hábito de leer un periódico impreso.
Casi un 22% de entre los menores de treinta años declarará
de haber leido un diario el día anterior, por debajo del
29%, que tenía este hábito hace tan sólo
una década. Según un informe de Outsell, “Deadline
with destiny”, en el año 2.010, la industria de periódicos
norteamericana se enfrentará con un déficit de 20.000
millones de dólares.
Además, el mencionado informe
sostiene que el descenso de los ingresos por difusión de
los diarios impresos será particularmente rápido
en el caso de la audiencia de 18 a 39 años.
Clear Channel, la mayor cadena
de publicidad en Estados Unidos, con más de 1.200 estaciones
de radio en p`ropiedad, ha empezado a vender anuncios de cinco,
dos y un segundo. Es una nueva forma de publicidad. Es la época
de los “adlets” y de los “blinks”, microanuncios
y anuncios relámpago, que reflejan un cambio en las técnicas
publicitarias, parecido al que experimenta el periodismo en todas
sus formas.
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