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Entre 1806 y 1873 transcurrió
la vida de una de las figuras más emblemáticas y
controvertidas de la Inglaterra del siglo XIX. ¿Fue un
liberal?¿Fue un socialdemócrata? ¿Fue un
socialista, más o menos utópico? En estos comienzos
del siglo XXI, no nos resulta fácil clasificarlo.
El mundo ha cambiado mucho en estos
últimos doscientos años y, probablemente, cambiará
en el futuro a mayor velocidad. A lo largo de su vida, para aquella
época, apreciablemente larga, para hoy más bien
corta, Mill conoció la plenitud del imperio británico,
a través de una de sus épocas más gloriosas,
la victoriana.
La política británica
se sustentaba en dos grandes grupos, los "tories" y
los "wnigs que, en el fondo, no sostenián principios
opuestos, pues los conservadores aceptaron las conquistas liberales
de reforma electoral y librecambio y los liberales no radicales
se hacían más conservadores.
Precisamente, de la facción
"whig" se desgajó el grupo radical, cuyo teorizante
doctrinario era Stuart Mill. Es la época del problema de
Irlanda que, en cierta manera, ha llegado hasta nuestros días
y de la guerra de Crimen. Es la época de la crisis de la
Iglesia anglicada, base fundamental de la sociedad británica.
El que luego sería cardenal
de la Iglesia católica, Newman, llegó a escribir
de los sacerdotes anglicanos que eran "unos funcionarios
del imperio británico". Es la época en que
se restaura la jerarquía católica y se realiza la
emancipación de los católicos.
Mill explica en su "Autobiografía"
su visión del mundo, sus sentimientos y sus aspiraciones.
Es particularmente sugestivo. Su libro publicado en 1836, con
el título "Civilización". Se contempla
aquí la influencia de Tocqueville.
Si bien Mill defiende las ventajas
de la sociedad industrial, cree en la división del trabajo
y en la extensión de la propiedad escribe con preocupación
que "el poder pasa cada vez más de los individuos
a las masas, mientras el peso e importancia de la persona, en
comparación con la masa, decrece hacia una insignificancia
cada vez mayor".
E insiste en que la felicidad humana
sólo puede conseguirse en una sociedad industrial, si se
cultivan las facultades superiores del ser humano. Hoy nos resulta
un tanto ingenuo que un teórico de la política,
en definitiva de la organización social, escriba sobre
la felicidad, no dándose cuenta de que éste es un
concepto que trasciende, que va más lejos, que las teorías
sobre las distintas posibilidades de organización humana.
Escribió diversos libros:
"Sobre la libertad" (1859) "El utilitarismo"
(1861), "Del gobierno representativo" (1861) y "La
esclavitud femenina" (1869). Es de destacar la influencia
que tuvo en su vida y en su pensamiento su esposa, Harriet Taylor,
cuyas ideas estaban próximas al socialismo de Owen. Era
la época, en toda Europa socialismo utópicos que,
cada uno a su manera, intentaban corregirlos los excesos del sistema
capitalista, pero en modo alguno, destruirlo.
Vendría después el
socialismo científico de Marx, que inicia otra etapa en
la historia de Europa. La socialdemocracia del siglo XX es una
heredera de aquellos socialismos utópicos, muchas veces
cargados de buenas intenciones, pero repletos de ingenuidad, pero
que supieron dar a las masas obreras un protagonismo y una conciencia
de la que habían carecido hasta entonces.
Nuestra época aparece con
otros problemas, con otros planteamientos y, en consecuencia,
con otras posibles soluciones. Pero la evocación de John
Stuart Mill en el doscientos aniversario de su nacimiento, parece
provechoso por su integridad moral y su visión, clara y
objetiva de una época.
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