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Año 2006 - Viernes, 7 de julio
 
El Cultural
 
La actualidad científica últimamente se centra más en los avances biológicos que en los relacionados con la física
 
Ciencia y cultura

Alberto Miguel Arruti

 

En fecha reciente, ha aparecido un documentado libro, con el título “Sin Ciencia no hay Cultura”, que recoge entrevistas, ponencias y comunicaciones, que se defendieron en el III Congreso sobre Comunicación Social de la Ciencia, celebrado en La Coruña.

Aunque las opiniones son muchas y muy distintas, hay una que prevalece sobre las demás y que podemos considerar como la tesis general del mencionado Congreso. Y esta idea fundamental se puede expresar con muy escasas palabras: la ciencia es una parte integrante de la cultura. Y esta idea tan sencilla no es aceptada por muchos, por lo menos, en la práctica. Se sigue educando en la dualidad que, en el fondo, es oposición, de ciencias y letras. Las últimas son, según esta visión del mundo, las depositarias únicas de la cultura. Siguiendo esta forma de pensar, llama la atención, que se considere inculto a quien no conoce a un escritor, pintor o músico de cierto renombre. En cambio, esos mismos hombres de letras (vamos a llamarlos así) desconocen, por ejemplo, quién fue Maxwell o el sentido, el significado profundo de lo que es la teoría de la relatividad. No me refiero, como es lógico, a su desarrollo, ni a su formulación matemática.

La ciencia busca explicar el mundo. Si puede, y cuando puede, matematiza esa explicación. La técnica es otra cosa. Más que comprender el mundo, busca transformarlo o dominarlo. Ambas, ciencia y técnica, van en muchos casos unidas. Y, en esos casos, la técnica depende de la ciencia. Pero existen otros muchos casos, que no sucede así. Y el técnico actúa por tradición, por conservación de un saber que ha venido heredándose de padres a hijos desde tiempo inmemorial, o por un conocimiento práctico, que se ha alcanzado, y se desconoce su último fundamento científico.

La ciencia elabora teorías o modelos, según se quiera ver, que pretenden explicar los hechos conocidos hasta el momento en el que se elabora esa teoría. Pero, vendrán nuevos hechos, que exigirán nuevas teorías. Y así la ciencia se convierte en un tejer y destejar permanente. No hay ninguna teoría definitiva, ni última. Luego, en el fondo, toda teoría es histórica, pues está vinculada a una fecha determinada.

La técnica, en unión de la ciencia, transforman el mundo. Esa transformación ha adquirido caracteres de vértigo en los últimos decenios. Es una obviedad reconocer que el mundo tiene muchos problemas, de características muy diferenciadas. Pero podemos asegurar que ninguno de estos problemas los puede resolver exclusivamente la ciencia, pero también podemos afirmar que sin la ciencia no se resolverá ninguno de ellos. Es, posiblemente la ciencia el factor más importante de la transformación del mundo.

De todas las ciencias, hay una que sobresale, y es la física. Este hecho es debido a que la Física s la ciencia más matematizable. Lord Kelvin afirmaba que un conocimiento para ser calificado como científico, tenía que poder ser matematizado. Esta opinión parece exagerada. Pero, a la vista de la matematización posible, Rutherford decía que la ciencia es Física o es coleccionar sellos. Se trata, en efecto, de un desprecio hacia otras formas de conocimiento. Pero, en el fondo, no está exento de realidad.

Otra cuestión es la importancia de la ciencia. Desde el siglo XVII hasta el XX la ciencia madre ha sido la Física. Hoy, probablemente, no lo es. Y hoy la Biología ha destronado a la Física. Se ha convertido en la ciencia capital. Y el debate ético, jurídico e, incluso, político, tendrá, en muchas ocasiones, como trasfondo la Biología.

Estas cuestiones y otras muchas más han servido de armazón en este III Congreso, al que nos hemos referido.

 
 

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