La
prensa gratuita tiene, en este momento, más de tres millones
de lectores diarios, en cuarenta y cuatro de las cincuenta provincias
españolas. Como su nombre dice, vive exclusivamente de
la publicidad. Hace, indudablemente, una competencia importante
a la prensa normal, o prensa de pago. Pero la reciente aparición
de un cuarto título, de ámbito nacional, plantea
serias dudas sobre la viabilidad de tantos diarios. Se impone
encontrar un nicho dentro del mercado. El problema que se presenta
es si existe publicidad suficiente para sostener los cuatro títulos,
sin contar la publicidad que se incorpora en los periódicos
normales, en los medios audiovisuales y en otros lugares de menor
importancia.
Los veteranos han sido “20
Minutos” y “Metro”. Después aparecieron
“Qué!” y “ADN”. Toda esta prensa
coge las noticias más importantes del día. Las expone
a sus posibles lectores de forma lo más concisa posible
y lo más sencilla posible. Busca un tipo de lector medio,
sin ninguna pretensión intelectual. Otra de las características
de esta prensa es su asepsia ideológica. Carece de sentido
considerar uno de estos diarios como conservador o de izquierdas.
Están hechos para ser leídos, mientras se sube en
el ascensor, como diría Jardiel Poncela.
Probablemente, no es fácil
encontrar un lector habitual de más de uno de estos diarios
gratuitos. “Qué!”, propiedad de grupo Recoletos,
contaba con la experiencia de dos periódicos, distribuidos
gratuitamente, en medios profesionales, como “Diario Médico”
y “Correo Farmacéutico”. Aunque, como es lógico,
no es lo mismo dirigirse a un sector de la población, que
a la totalidad de unos posibles lectores, muy difíciles
de cuantificar y de caracterizar.
Otra modalidad es el semanario
gratuito y, además especializado. Que busca un público
determinado. Así es, por ejemplo, el semanario gratuito
“Latino", que apareció primero en Madrid, después
en Barcelona, y ahora se ha hecho presente, desde el pasado mayo,
en Valencia, Alicante y Murcia. Esta feroz competencia se agiganta
con la prensa “on line”, que nos permite desde nuestra
casa, tener acceso a cualquier periódico del mundo. Y todo
ello sin tener presentes a los periódicos, sin soporte
papel, que salen exclusivamente en la pantalla del ordenador.
La mayoría de ellos tienden, o así lo pretenden,
dar una información confidencial, entendiendo por tal la
que no dan, porque no pueden o no quieren, los medios más
o menos, tradicionales.
La prensa tradicional ha recurrido,
para defenderse, a las promociones. “El País”
ha dirigido una colección de 35 cuentos a 1,95 euros adicionales
cada uno. También ha ofrecido una enciclopedia, de treinta
volúmenes, en decoración y jardinería. “El
Mundo” ha presentado una colección de 21 libros,
con DVD, a base de un método de inglés para niños.
“ABC” ofrece la “Guía Michelín”
para España. Y así otros periódicos, incluidos
los deportivos como “Marca”, “As” o “Sport”,
o los de información económica como “Expansión”.
Vivimos en un mundo en plena transformación.
No sabemos lo que puede pasar mañana. La tecnología
es una de las causas de esta aceleración en la que estamos
sumergidos. Además, todo tiene una componente de globalización.
Lo que hoy pasa aquí, puede pasar mañana a centenares
de kilómetros. Y la prensa no puede ser ajena a estas características
de un mundo en permanente cambio. En el fondo, la prensa es consecuencia,
es el espejo, en el que se refleja la sociedad, que nos ha tocado
vivir.
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