Una
serie de tensiones, de tipo social, se están produciendo,
sobre todo, en Francia y Alemania. Dejando a un lado las motivaciones
concretas de tales tensiones, lo cierto es que el Estado de Bienestar
ha entrado en crisis y, como consecuencia, uno de los mitos de
la socialdemocracia europea.
Desde el fin de la Segunda
Guerra Mundial, los partidos socialdemócratas hicieron
del Estado de Bienestar uno de sus pilares. Fue particularmente
fuerte en los países escandinavos, después en Alemania,
Austria, Francia, y el Reino Unido. Estado de Bienestar es aquella
forma de organización política en la que el Estado
se compromete al pleno empleo de los ciudadanos y a una vida digna
de los mismos, entendiendo por tal la solución de las tres
necesidades fundamentales, que son: sanidad, educación
y vivienda. Pero, como todo lo humano pasa y es efímero,
el Estado de Bienestar ha sido duramente atacado por lo que se
ha llamado “nueva derecha”, y por los liberales. Desde
Margaret Thatcher y Reagan, el mundo va por otros caminos.
Hay tres aspectos de la vida
social y política, que han adquirido extraordinaria vigencia
en los últimos años, que son: la conciencia de los
problemas medioambientales, el auge del individualismo y la globalización.
El primero de estos problemas ha dado lugar al nacimiento de una
nueva izquierda, que son los verdes. Estos problemas tienen una
dimensión planetaria, por lo que no tiene sentido circunscribirlos
a un solo país. El más conocido de éstos
es el calentamiento de nuestro planeta. Cuestión admitida
por la mayoría de los científicos, pero negada por
algunos miembros, y por cierto, muy destacadas de la comunidad
científica.
No todos los movimientos ecologistas
están cortados por el mismo patrón pero, indudablemente,
tienen una serie de características en común. Frente
a esta situación, se ha creado un nuevo concepto que es
el desarrollo sostenible. Concepto no fácil de definir,
pero que se puede entender como la apuesta por el desarrollo económico,
haciéndolo compatible con las exigencias de la conservación
de la naturaleza.
Frente al auge del individualismo,
un experto en estos temas, Anthony Giddens, ha escrito que “el
tema de la responsabilidad, u obligación mutua, estaba
presente en la socialdemocracia a la antigua, pero estaba en gran
medida latente, subsumido bajo el concepto de provisión
colectiva. Hoy día, hemos de encontrar un nuevo equilibrio
entre responsabilidades individuales y colectivas”. Según
recientes estudios, los jóvenes se interesan cada vez menos
por la política, entendida ésta en sentido tradicional:
partidos políticos, consultas electorales, vida parlamentaria.
En cambio, se interesan cada vez más, por otra forma de
acción política, la que se ha llamado “subpolítica”,
con un gran protagonismo de las ONGs y de los movimientos anti-sistema.
Finalmente, la globalización dificulta el Estado de Bienestar.
Una consecuencia de este fenómeno es la deslocalización.
En este conjunto de hechos,
la vieja Europa, si quiere tener algún protagonismo, ha
de competir. Un reciente estudio, afirma que dentro de cincuenta
años, EEUU seguirá siendo la potencia dominante
en el mundo, pero seguida de China y India. Y, en el horizonte,
Brasil y México. Europa no aparece y ninguno de los países
que la integran. No es que este estudio constituya la última
palabra, pero puede ser una referencia y un aviso. Estos son algunos
de los problemas a los que estamos obligados a hacer frente.
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