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Año VII - Madrid, viernes 12 de mayo de 2006
 
El Cultural
 
En la muerte de John Kenneth Galbraith
 
Ecos de la historia del siglo XX

Alberto Miguel Arruti

 

La muerte de Galbraith, acaecida hace tan sólo unos días en un hospital de Cambridge (EEUU), cuando contaba la bonita edad de 97 años, ha dado ocasión para discutir sobre su personalidad. Indudablemente, fue uno de los economistas o, mejor dicho, de los pensadores económicos más importantes y más controvertidos del siglo XX. Había nacido en Canadá, pero en la década de los treinta, adquirió la nacionalidad norteamericana.

Profesor en las Universidades de Princeton, Cambridge, Bristol y California, embajador en India, asesor de varios presidentes norteamericanos, desde Roosevelt hasta Clinton, autor de numerosos libros, entre los que podríamos citar "El Capitalismo americano. Teoría del Control de Precios", donde denuncia la concentración de poder de las grandes empresas, "La sociedad opulenta", tal vez su libro más importante, donde critica la producción de bienes de consumo, porque crea nuevas necesidades, "El Nuevo Estado Industrial", "El crack del 29", "La era de la incertidumbre" o "La economía del fraude inocente", su última obra, publicada hace tan sólo dos años, son algunas de sus obras.

En política, fue un decidido pacifista, que criticó la guerra de Vietnam, elaboró un informe sobre los bombardeos de EEUU y sus aliados en la Segunda Guerra Mundial, sosteniendo la tesis de que no sirvieron para acortar la contienda, enemigo acérrimo de la extinguida Unión Soviética, puede ser considerado, desde una perspectiva europea, como un socialdemócrata, mucho más que como un liberal. No en vano se consideró discípulo de Keynes. Podríamos decir que fue un teórico del estado de bienestar, ese estado que hoy sufre los embates de la globalización y la deslocalización.

Si bien, en líneas generales, su figura es acreedora de elogios, por su labor intelectual y por su comportamiento ético y pacifista, no conviene olvidar tampoco su libro "Pasajero en China", publicado en la década de los setenta, donde canta las delicias de la tiranía china, donde se entusiasma ante el "sistema económico sumamente eficiente" de Mao, ocultando las muertes y privaciones de aquellos años en el poderoso país asiático. Fue un intervencionista en economía, formado en aquellos turbulentos años treinta, en los que el sistema democrático fallaba en casi toda Europa, en unos sitios acosado por la derecha y en otros por la izquierda.

El sistema democrático se salva después de la guerra, donde sólo sufre el acoso del totalitarismo soviético. Hundido éste, sólo queda el sistema liberal capitalista, en el que hoy nos movemos con sus éxitos y sus contradicciones. Hoy son otros, y de otro tipo, los peligros que acechan al mundo occidental, entre ellos, tal vez el más importante, es el panarabismo o panislamismo y el populismo, cada vez más presente en los países de América Latina. Fue un expositor claro de teorías no siempre fáciles, inclusive, en ocasiones, brillante. No se olvide que tuvo una pequeña faceta de novelista, pues publicó, al menos, dos títulos.

Desde un punto de vista técnico, como economista, el profesor Rodríguez Braun ha escrito que "su crítica a la ciencia económica puramente asignativa y matemática, bien planteada, es provocadora y en gran medida correcta, pero casi arremete contra cadáveres. Si algo probó el siglo XX es la diversificación de dicha ciencia y su gradual alejamiento de las rigideces neoclásicas".

Esta es la figura de Galbraith, con sus luces y sus sombras, con su aspecto positivo y su lado negativo, como sucede en todos los seres humanos. Con Galbraith se cierra una etapa de la historia en su país, en la que EEUU se configuró como la gran potencia mundial pero que, tal vez, ha iniciado su decadencia.

 
 

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