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Año IX - Madrid, viernes 27 de abril de 2007
 
 
 

Cuando, acabada la tormenta, descubrieron otra vez la nave varada en las arenas de la playa, decidieron que era cosa del destino y que debían acoger de nuevo entre los suyos a aquellos a quienes ellos mismos habían abandonado al mar.

Pero al subir a cubierta no hallaron un solo hombre vivo o muerto a bordo, sino un árbol inmenso cuyas hojas, absolutamente idénticas, brillaban como espejos.

TEMPRANA SOLEDAD EN EL ESCANDALO

-Venid y desnudémonos en esta playa insólita- les dije, queriendo hacer real lo imaginario.

Y, aunque no desnudos, dos me acompañaron, al límite del sueño.

Alguien nos delató, se impuso la realidad, el poder del número y el aborrecimiento de lo otro y lo distinto.

Cómplices en la burla, arrojaron la ira de la ley y el peso del ridículo contra el perfil marcado del rebelde.

 

 
  

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